Coches Rarunos Schilovski Gyrocar, el primer coche con sólo dos ruedas

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¿Un coche con dos ruedas que mantiene el equilibrio por sí mismo? El Schilovski Gyrocar (también llamado Wolseley Gyrocar) fue todo un desafío para la ingeniería cuando nació hace un siglo. Aunque era plenamente funcional, su destino final fue dramático.

Hace más de 100 años que se presentó el primer coche con sólo dos ruedas. Sí, he dicho un coche, no una moto ¿Cuál es la diferencia? En una moto es el conductor el que tiene que mantener el equilibrio ayudado por la fuerza centrífuga. Sin embargo, en el Coche Raruno de hoy el automóvil se mantiene estabilizado por sí mismo.

Aquel vehículo se llamaba Schilovski Gyrocar y fue presentado en 1914. La clave para mantenerse vertical por sí mismo sobre dos ruedas colocadas en tándem es el empleo de un giroscopio, con un principio similar al de los modernos Segway. Un sistema que también se utiliza en barcos y aviones, entre otras muchas aplicaciones.

El inventor del gyrocar fue el conde ruso Pyotr Petrovich Shilovsky, una persona que además de sus labores como jurista, estadista y gobernador tenía una cierta obsesión con los giroscopios. Si eres lo suficientemente observador te habrás dado cuenta de que el apellido del inventor (Shilovsky) y el nombre del automóvil (Schilovski) se escriben de manera diferente. No se trata de una errata, aunque el motivo de esta discordancia es desconocido.


El enorme giroscopio, de un metro de diámetro, ocupaba la parte central del coche

Volviendo al tema, Shilovsky creía firmemente que los giroscopios tenían mucho futuro en el campo de los transportes. Por eso no se lo pensó dos veces y en 1912, durante uno de sus habituales viajes a Reino Unido, propuso a la marca Wolseley la construcción de un vehículo con el efecto giroscópico como principal cualidad.

Los ingenieros de Wolseley quedaron muy impresionados y aceptaron el reto inmediatamente. Comenzaron a trabajar en su fábrica de Birmingham donde recibieron con mucha frecuencia las visitas de Shilovsky para guiar en los trabajos de desarrollo. El conde nunca puso sus aristocráticas manos en un destornillador o una llave inglesa, pero sí que se mostró como un eficaz (y un poco excéntrico) capataz.

Un coche pionero

Nunca se había construido algo así pero los ingenieros dejaron clara su maestría, toda una proeza para la época: un año después, el 27 de noviembre de 1913, el chasis del Schilovski Gyrocar (también llamado Wolseley Gyrocar por razones obvias) estaba listo y realizó su primera y satisfactoria prueba en carretera a baja velocidad.


El conde Shilovsky (sin sombrero) junto al chasis del gyrocar poco antes de su primera prueba en 1913

Durante los meses siguientes se pulieron algunos detalles técnicos y se trabajó en una carrocería elegante y lujosa. Su presentación al público tuvo lugar en Londres el 28 de abril de 1914 y causó sensación ¡El extravagante vehículo funcionaba! Su diseño llamaba poderosamente la atención y ofrecía espacio para seis ocupantes distribuidos en tres filas de asientos. Entre la primera y la segunda fila estaba ubicado el mecanismo giroscópico.

La propulsión se confiaba a un motor Wolseley-Vickers de cuatro cilindros y 3,1 litros con una potencia de 20 CV que se entregaba a la rueda trasera. Más del 10% de esa potencia se destinaba a alimentar la dinamo y el motor eléctrico que mantenían girando el enorme giroscopio, de 102 centímetros de diámetro y 1,2 toneladas, a una velocidad de entre 2.000 y 3.000 rpm.

Si la velocidad de giro era inferior el coche podía desestabilizarse. Por eso, cuando la rotación del giroscopio caía por debajo del umbral mínimo dos pequeñas ruedas laterales bajaban automáticamente para sostener el coche en vertical. Como los ruedines de una bici infantil, sí, pero en un pesado vehículo de 2,7 toneladas.


Detalle del giroscopio integrado en el chasis del gyrocar. También se ve una de las ruedas auxiliares que servían de apoyo en caso necesario

Durante el evento el automóvil del aristócrata ruso circuló hacia adelante y marcha atrás sin problemas. El público se quedó sorprendido viendo como el vehículo era capaz de mantener el equilibrio por sí mismo incluso cuando estaba detenido. Varios ocupantes subieron y bajaron del sofisticado coche sin que su estabilidad se resintiera un ápice. Definitivamente la presentación fue todo un éxito.

En las semanas siguientes fue frecuente ver el inaudito coche de dos ruedas dándose paseos por las calles, girando las cabezas de los viandantes allá por donde pasaba. En público nunca se vio al conde al volante, siempre tomando el papel de acomodado pasajero como correspondía a la nobleza. Nadie sabe si, en privado, condujo su propio invento alguna vez.

Aunque todo parecía ir viento en popa, el proyecto del gyrocar se detuvo en verano debido al estallido de la Primera Guerra Mundial. Al igual que la mayoría de fabricantes automovilísticos, Wolseley centró toda su producción en la fabricación de maquinaria de guerra. El conde Shilovsky, por su parte, regresó a Rusia con urgencia.


El conde, de copiloto, en uno de sus frecuentes paseos con el gyrocar (ya matriculado como cualquier automóvil convencional)

El inventor le brindó la idea al ejército ruso señalando que un automóvil de dos ruedas podría circular a más velocidad y con menor gasto de combustible que los de cuatro ruedas. La idea no cuajó, las Fuerzas Armadas no querían experimentos. Shilovsky reconoció posteriormente que el descomunal peso del coche era un problema, aunque el principal impedimento en su practicidad era el desmesurado radio de giro que necesitaba para realizar cambios de dirección.

Mientras tanto, la única unidad del Schilovski Gyrocar quedó arrinconada en la fábrica de Wolseley en Birmingham, cubierta por lonas. Con Rusia envuelta en la Primera Guerra Mundial primero y la Revolución Rusa después, en la marca británica pensaron que el conde no habría sobrevivido así que estaba claro que no se iba a retomar el proyecto.

La tumba del gyrocar

Con el paso de los años los propietarios de Wolseley se plantearon qué hacer con el gyrocar porque el enorme y oxidado vehículo ocupaba un gran espacio en la factoría. Achatarrarlo no era una opción porque por su tamaño y peso supondría un esfuerzo innecesariamente grande así que en 1933 tomaron una decisión drástica y sorprendente: cavaron un gigantesco hoyo y enterraron el coche. Para meterlo dentro tuvieron que volcarlo así que quedó sepultado boca abajo.


El Wolseley Gyrocar pasó cinco años bajo tierra

Unos años más tarde, en 1938, se decidieron a recuperarlo con la intención de exponerlo en el museo de la marca junto a otros de sus modelos históricos. Los trabajos de exhumación no fueron fáciles ya que en ese tiempo se había construido una estación de tren en las cercanías y las vías pasaban por encima del lugar de excavación. Fue necesario retirar la vía férrea en ese punto.

Los daños eran considerables y la reparación fue muy costosa pero finalmente el automóvil pudo ser expuesto en el museo de Wolseley. Se mostraba sin carrocería para enseñar el ingenioso mecanismo que escondía en su interior. Desafortunadamente, la historia no tiene un final feliz ya que inexplicablemente el Schilovski Gyrocar fue destruido en 1948 para ser achatarrado. Un cruel destino para esta ingeniosa máquina.

Por otro lado, afortunadamente las suposiciones de Wolseley eran erróneas y Shilovsky sobrevivió. Para entonces el aristócrata ya había dejado de lado el mundo del automóvil y se centró en el desarrollo de un monorraíl giroscópicamente estabilizado en colaboración con el gobierno ruso, aunque nunca pasó de su fase experimental.


El chasis desnudo del gyrocar expuesto en el museo de Wolseley (izquierda) y el conde Shilovsky

En 1922 se mudó a Inglaterra para trabajar en la empresa Sperry Gyroscope Company, que se encargaba de la fabricación de equipos de navegación para barcos y aviones tales como giroestabilizadores o girocompases. Un par de años después publicó el libro The Gyroscope: Its Practical Construction and Application (El giroscopio: su construcción y aplicación práctica), en el cual firma como Presidente de la Sociedad Giroscópica de Petrogrado.

A pesar de su trágico final, el Schilovski Gyrocar tiene el honor de ser el primer coche de dos ruedas en probar su funcionamiento. Años más tarde le imitaron algunos modelos más siguiendo sus principios aunque ninguno de ellos logró alcanzar el éxito.

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