En China los coches son de usar y tirar pero, ¿en Europa?
La industria automotriz en China está adoptando una controvertida filosofía basada en los "coches desechables", rompiendo por completo con la visión tradicional europea de adquirir un vehículo para toda la vida. En el país asiático, los conductores cambian de coche a los dos o tres años, mostrando un nulo interés por el mercado de segunda mano. Esta mentalidad de usar y tirar se ve impulsada, en gran parte, por el avance a pasos agigantados de la tecnología de las baterías. Las constantes mejoras en los tiempos de recarga y en las cifras de autonomía hacen que la tecnología de los vehículos eléctricos actuales quede obsoleta en un periodo de tiempo extremadamente corto, fomentando un ciclo de renovación salvaje y muy acelerado.
Por otro lado, esta tendencia evidencia que a la propia industria nacional china no le interesa fabricar vehículos pensados para aguantar el paso de diez o veinte años. Sus estándares de producción locales no se preocupan en exceso por problemas de desgaste a largo plazo, como el óxido o la corrosión —algo que ya se ha denunciado en algunos modelos exportados al Reino Unido—, entendiendo estos deterioros simplemente como el final natural del corto ciclo de vida del producto. Ante este choque cultural y normativo, solo las marcas chinas que buscan prosperar y asentarse firmemente en el mercado europeo se están viendo obligadas a elevar sus exigencias de calidad e incluso a trasladar su producción al viejo continente, abriendo un serio debate sobre cómo las autoridades europeas están gestionando la entrada de esta nueva oleada automovilística.
