Pague por adelantado y disfrute después (y no siempre)

Los fabricantes no siempre cumplen con sus promesas, aunque peor es que ese incumplimiento haya implicado un desembolso previo que no sea fácil de recuperar. ¿Es algo nuevo, o un problema de siempre? ¿Merece la pena adelantar dinero por algo que todavía no existe?

Pague por adelantado y disfrute después (y no siempre)
En ocasiones, nuestro dinero no va al lugar que se suponía que debía de ir - Generada por IA

Publicado: 26/04/2026 14:30

12 min. lectura

Tradicionalmente, a la hora de realizar una transacción en la que adquirimos un bien o servicio, lo pagamos cuando vamos a recibirlo inmediatamente, o muy poco después, y si acaso se realiza un pago previo en forma de señal. No suele ser habitual tardar años en recibir el bien o servicio en cuestión.

Hay excepciones, obviamente. Cuando hablamos de cosas muy caras, como una vivienda sobre plano o un coche personalizado, se pide una cantidad mucho más alta que una simple señal o reserva, y ya ni hablemos de cosas astronómicamente caras como un barco, un edificio y demás cosas lejos del alcance del bolsillo común.

Menos común es no llegar a recibir nunca el bien o servicio, sobre todo cuando la empresa que lo ha ofertado no sufre de problemas financieros graves, ni el dueño o responsable haya tomado las de Villadiego con un maletín al que se le caen los billetes. Puede pasar, y ha pasado con Tesla y su archifamoso FSD, de «Full Self Driving».

Como os comentamos previamente, unos cuatro millones de Tesla con el hardware versión 3 (o HW3) no tienen capacidad de computación suficiente para el FSD sin supervisión, es decir, ni «Full», ni «Self». Durante años, los clientes esperaron contar con dicha prestación, y la habían pagado por adelantado.

A partir de 2016, Tesla empezó a ofrecer el FSD por 3.000 dólares, cuando era un complemento del «piloto automático mejorado» o EAP. Tres años después, se ofreció por 5.000 dólares sin vinculación con el EAP. En los años siguientes, el precio fue escalando a 7.000, 8.000, 10.000 y 15.000 dólares. El argumento era el «compre ahora o será más caro después».

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Pero nadie lo había disfrutado en ese momento. Tesla tenía un producto en fase «alpha», muy inmaduro e inadecuado para su despliegue masivo, y se fue liberando con cuentagotas. El precio se redujo hasta 2024 a 8.000 dólares, pero todo apunta a que FSD se quedará como un servicio por suscripción y no algo que se pueda disfrutar -digamos- de forma «vitalicia».

1948 Tucker Sedan, un auténtico adelantado a su tiempo

Algunos antecedentes al «Pague por adelantado y disfrute después»

Pero hagamos un pequeño inciso y volvamos atrás en el tiempo. Allá por 1908, cuando se lanzó al mercado estadounidense el Ford Model T, en dos días la empresa recibió más de 15.000 pedidos, muy lejos de su capacidad por aquel entonces, con reserva previa. Pero busquemos un símil más cercano.

En la posguerra que siguió a la SGM, la Tucker Corporation quiso introducirse en el lucrativo mercado automotriz con una innovadora propuesta, el 1948 Tucker Sedan. Antes de tener capacidad para producirlos, pedía por adelantado costosas opciones -a más de 1.000 dólares de la época- como forma de ganar liquidez. Pero no existían físicamente.

La Tucker se desvaneció apenas fabricadas 51 unidades, pero la idea fue rescatada por Elon Musk. ¿Os acordáis del 2012 Tesla Model S Signature Edition? En 2009 se pudieron reservar las primeras 1.000 unidades adelantando 40.000 dólares, más o menos la mitad de lo que costaría el coche. Durante un tiempo, los clientes de Tesla jugaron a la ruleta rusa, recordad que la empresa no fue rentable hasta ¡2020!, perdió dinero durante 17 años.

Tesla Model 3, el coche de 2017 que realmente lanzó a la empresa californiana -ahora tejana- al estrellato mundial

Fue el antecedente de una especie de moda adoptada tanto por fabricantes emergentes como por los pesos pesados de la industria. Así, para poder encargar un Tesla Model 3, un Lucid Air, un Rivian R1T o R1S, o un Ford F-150 Lightning, había que señalizar con 1.000 dólares. Antes de que existiesen como productos a la venta. Después se formalizaría el pedido ya con opciones elegidas y demás.

A los fabricantes chinos les gustó la idea, la maniobra fue copiada por BYD, Changan, NIO, Xiaomi... Para poder encagar un ejemplar había que adelantar la pasta, aunque en este caso había más cercanía entre la fecha de la reserva y la de poder formalizar el pedido a fábrica. Las cantidades a consignar eran, por lo general, menores al cambio.

Por supuesto, hubo pufos, que los chinos no se libran de ser humanos. Por ejemplo, cuando el gigante inmobiliario Evergrande se metió en el negocio del automóvil con su marca Hengchi, también se pidieron señales como concepto de pre-reserva. Menos de 1.000 clientes recibieron sus coches hasta que entraron en quiebra. Los demás, ni coche, ni dinero.

Está claro que los clientes innovadores, que apuestan de forma anticipada por un producto, corren un cierto riesgo, incluyendo perder el dinero sin llegar a recibir nada a cambio. Subirse al carro cuando ya tiene inercia es más seguro, aunque mirando hacia atrás haya un coste de oportunidad («si lo hubiese comprado antes, me habría salido más barato»).

Volviendo al presente, ahora Tesla tiene una patata caliente. Si quiere satisfacer a los clientes que nunca verán cumplida la promesa, o modifica físicamente los coches, u ofrece el reembolso total (y puede que indemnizaciones) o un descuento en la compra de un coche más moderno. O todo a la vez. Barato, desde luego, no les va a salir, a nivel financiero será un auténtico dolor.

No discutiré que Elon Musk es uno de los seres más brillantes de nuestra época, un auténtico visionario, pero como ser humano que es, hace aguas mayores, se equivoca y decepciona. En este caso, el tecnooptimismo le ha sobrepasado, porque no hizo sus promesas en base a una realidad técnica alcanzable, sino a una esperanza, un anhelo, una previsión. Si no, no lo habría hecho. Como decimos en informática, vendío vaporware, o de forma más genérica, simplemente vendió humo.

Los fabricantes chinos tienen un gran potencial tanto para satisfacer a los clientes como para decepcionarlos, hay de todo

¿Qué podemos aprender de todo esto?

En primer lugar, como dice el refranero, que «más vale pájaro en mano que ciento volando», o de forma más técnica, «más vale bípedo volador en cavidad metacarpiana que el cuadrado de la decena de sus semejantes deambulando por los espacios etéreos». Es arriesgado pagar por algo que no existe todavía.

Sé que muchos clientes adelantaron pasta por temor a que después el coche o el servicio fuese más caro, o peor aún, que cuando estuviese disponible sólo se pudiese contratar mediante una suscripción que, a la larga, acabaría costando más que la opción de una tacada. Ese temor se ha convertido en una certeza, al menos para Tesla.

En el configurador de Estados Unidos, el FSD es una opción que cuesta 99 dólares al mes, con 30 días de prueba gratuita, y ya no se puede adquirir de una vez. En España aún se puede adquirir la «Capacidad de conducción autónoma total» por 7.500 euros, pero no hace falta ser adivino para llegar a la conclusión de que aquí pasará lo mismo.

Se acabó adquirir el FSD con un solo pago, será un servicio de suscripción mensual

Hagamos números. Si suponemos que FSD costará 100 euros al mes en un futuro cercano, al menos inicialmente -porque luego subirá por la inflación o por el sexo de los ángeles-, el pago de 7.500 euros quedaría amortizado a los 75 meses de uso, es decir, seis años y tres meses. A partir de entonces, cundiría haber hecho el gasto adicional, si se usa de forma habitual y seguida.

Mi consejo profesional y personal es ponderar cada caso, ahora es más fácil que Tesla cumpla sus promesas, mucho más fácil que en 2009, cuando era un pseudo-fabricante de bajo volumen que ensamblaba piezas que venían de muchas partes y un único modelo, un secador de pelo muy caro (Tesla Roadster).

No tenemos la misma confianza de que un fabricante de nuevo cuño, especialmente pensando en China, tenga el mismo margen para cumplir promesas. Ya tenemos en nuestro mercado el antecedente de Aiways, fabricante que desapareció en su mercado doméstico y ya no entregará un solo coche más, ni aquí ni en ningún sitio.

Sí, los Aiways llegaron a existir y hasta llegaron a nuestras carreteras...

Los antecedentes están ahí. A veces, merece la pena rascarse el bolsillo para tener algo antes que el vecino, o disfrutar anticipadamente del futuro, o por tener algo exclusivo. Si no hay una imperiosa necesidad por nada de eso, es mejor que los experimentos los hagan los demás, y lo hagan con su dinero.

Este artículo trata sobre

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