Sillitas infantiles en contra de la marcha, ¿hasta cuándo?

Las sillitas infantiles en sentido contrario a la marcha fueron una de las principales innovaciones que redujeron la mortalidad de los niños más pequeños a bordo de los automóviles. Legalmente deben usarse hasta los 9 kg de peso, ¿y después, qué?.

La normativa española se actualizó recientemente para cumplir con la directiva europea correspondiente (Directiva 2014/37/UE de la Comisión, de 27 de febrero de 2014, que modifica la Directiva 91/671/CEE del Consejo Europeo) en materia de seguridad infantil a bordo.

Hasta los 15 meses de edad es obligatorio que los infantes viajen en sillitas infantiles homologadas en sentido contrario a la marcha, ya que es la configuración más segura para ellos. No hace falta cambiar de grupo si el bebé pesa más de 9 kilos, de hecho, hay voces que abogan por alargar esta forma de viajar.

Antes de continuar, debemos comprender un pelín de biomecánica. Los niños de muy corta edad tienen la cabeza muy grande en relación a su cuerpo, y su aparato locomotor (huesos y músculos) están todavía en desarrollo. El cuerpo no es capaz de resistir una fuerte deceleración y sujetar la cabeza.

En las sillitas en sentido contrario a la marcha, cuando se produce una colisión fuerte, la cabeza se mueve de forma muy limitada, y la fuerza del impacto se reparte en una superficie más amplia. El riesgo de heridas graves o muerte se reduce en una enorme cuantía en sentido contrario a la marcha.

Antes de 2013 era totalmente legal cambiar a una sillita en sentido de la marcha cuando el bebé pesaba más de 9 kilos. El no utilizar un SRI supone una infracción grave, es decir, 200 euros de sanción y tres puntos menos para el adulto responsable; es como ir sin el cinturón abrochado. Para saber qué tipo de sillita conviene a cada niño os remitimos a la Web del RACE, hace falta usar distintos modelos en función de su crecimiento.

En algunos países europeos es obligatorio -que no voluntario- llevar a los niños en sentido contrario a la marcha hasta que cumplan cuatro años. En los países escandinavos esta medida es especialmente efectiva. Es más, una madre ha emprendido una campaña para exigir la obligatoriedad en España también hasta los cuatro años.

Conozcamos su historia. Gabriel era un chiquillo que sobrevivió a un accidente cuando tenía 28 meses. Sus padres le tenían sentado en un sistema de retención infantil homologado para su talla y peso, en el sentido de la marcha, tal y como indican la DGT y con la recomendación de distintos clubes de automovilistas.

Lamentablemente el impacto -provocado por otro vehículo- fue muy fuerte para su delicado cuerpo, y sufrió una lesión grave que por poco se lleva su joven vida en el acto. Su madre consiguió reanimarlo y luchó durante otros siete meses. En el caso de que hubiese vivido más tiempo, habría tenido un elevado nivel de dependencia, al quedar dañada su médula espinal.

Sus padres están convencidos de que, habiendo ido Gabriel en una sillita en sentido contrario a la marcha, tal y como habría ocurrido en Noruega, estaría ahora sano y salvo. La petición online tiene en este momento casi 17.000 firmas, y está dirigida al Gobierno en funciones y la DGT. El cambio normativo podría salvar más vidas y reducir graves lesiones en los niños.

En los Estados Unidos es obligatorio llevar a los niños en sentido contrario a la marcha hasta los primeros 24 meses de vida. Sin embargo, los expertos recomiendan a los padres que se utilice la silla en sentido contrario a la marcha hasta que su altura lo impida. Recordemos que el espacio para los pies es muy limitado en esa configuración. El límite está en la comodidad del niño.

De todas formas, independientemente de la configuración elegida, los sistemas más seguros son los basados en ISOFIX, que sujetan la sillita directamente al chasis. En las sillitas convencionales el cinturón de seguridad es el encargado de mantener el conjunto sujeto, pero es un sistema menos eficaz. Evidentemente, tanto la sillita como el vehículo tienen que ser compatibles con ISOFIX.

Desde Motor.es nuestra recomendación es la misma que viene de Estados Unidos y algunos países europeos, hasta los cuatro años o 25 kilos, si dispone de espacio para los pies. En principio no supone más riesgo de mareo, ya que el niño ya está acostumbrado desde bebé a ir en sentido contrario a la marcha.

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