Los alcaldes cambiarán las reglas del juego en las grandes ciudades

Lo que algunos denominan "cochefobia" no es más que una tendencia mundial que están impulsando las grandes alcaldías del planeta. El futuro será muy diferente en términos de movilidad, adiós al paradigma de todo el mundo con coche dentro de una ciudad.

Página Web de www.c40.org

La persecución al motor diésel va a ser muy intensa en las grandes ciudades del mundo en menos tiempo del que parece. No solo se trata de una iniciativa de Madrid y Barcelona, ni tiene que ver con las llamadas "alcaldías del cambio". Se trata de una política de un ámbito muy global.

Allá por 2005 se fundó la organización C40, en su momento formada por los representantes de 18 grandes ciudades. En la actualidad C40 representa a 90 ciudades, entre las que se encuentran tanto Madrid como Barcelona. La cabeza visible de la organización es Anne Hidalgo, alcaldesa de París.

Estas ciudades suman el 25% del producto interior bruto mundial y albergan a 1 de cada 12 personas que viven en el mundo. Pues bien, estas ciudades tienen entre sus iniciativas limpiar el aire, y para 2050 tienen como objetivo eliminar la energía fósil de su ámbito. Antes tienen otro objetivo, erradicar los diésel en 2025.

Estas ciudades pretenden que los ciudadanos den el salto a tecnologías más limpias, como los híbridos, los eléctricos y las pilas de combustible de hidrógeno. Hasta el momento, era decisión del consumidor qué tecnología era mayoritaria, aunque con la influencia de las distintas políticas locales, regionales o nacionales.

Por ejemplo, en Tokio la tecnología que más se ha impuesto es la gasolina y híbrida gasolina, porque los diésel sufrieron una gran persecución a partir de los años 80. Los cambios en la política hicieron que el diésel dejase de ser atractivo, y estuvieron a punto de desaparecer del mercado japonés. En París pasó lo contrario, las calles se llenaron de petroleros. Ahora se han dado cuenta de que les sobran.

La contaminación en las ciudades mata más que la siniestralidad vial. Según la Organización Mundial de la Salud, unos 3 millones de personas perecen cada año en áreas urbanas por la contaminación. Los diésel son unos de los principales emisores de partículas, óxidos de nitrógeno y, en consecuencia, ozono a baja altura (troposférico). Ojo, que los gasolina más modernos no son precisamente santos.

Si estas ciudades están incentivando de mayor o menor forma que los diésel vayan desapareciendo es por una simple cuestión de salud pública. Los fabricantes prefieren que no haya ese tipo de ingerencias, es decir, que el consumidor decida, políticas neutrales con cada tecnología. Ese modelo no parece funcionar.

En otras palabras, el ciudadano de a pie no va a elegir la tecnología más amistosa con el medio ambiente si no tiene otras ventajas más tangibles como economía, comodidad de uso, precio asequible, etc. No se puede dejar una decisión tan importante a una sociedad tan poco concienciada con este tema. Es preciso que las alcaldías estimulen ese cambio.

¿Por qué se está dando tantas facilidades a los coches eléctricos? Porque no contaminan en las ciudades, trasladan la polución al lugar de generación, aunque en una medida menor, pues son más eficientes. También se están dando avances significativos para que la población use más el transporte público, la bicicleta o descubra que 1-2 kilómetros andando no son distancias insalvables.

El etiquetado por niveles de contaminación es uno de los primeros pasos que se están dando en España

No tiene ningún sentido que en una ciudad moderna se formen atascos formados por vehículos con una ocupación media de 1,2 personas. Sí tiene más sentido el uso de flotas de coches compartidos, redes de transporte público más eficientes o trayectos más fáciles de recorrer a pie o en bicicleta. En el futuro inmediato veremos más medios de transporte unipersonal, como patinetes que se equilibran solitos, o carritos de compra autónomos, impulsados por motores eléctricos.

Le guste o no le guste a los fabricantes, los alcaldes de la organización COP40 van a forzar grandes cambios en la mentalidad del consumidor, y eso se va a trasladar a sus hábitos de compra. No se trata de que todos tengan que ir andando o en bicicleta un día de mal tiempo o cargados con bolsas, pero tampoco se trata de mantener el sistema actual, que está completamente superado y caducado por ineficiente, contaminante y peligroso para la salud.

En diferentes fases se van a ir retirando los vehículos más contaminantes y se va a ganar más espacio para las personas. Posteriormente se irán cerrando los cascos históricos, y se irá desplazando la contaminación y la circulación al extrarradio. Los fabricantes tienen que prepararse ya para eso, pues no queda tanto tiempo. 2025 está a la vuelta de la esquina. La transición será incómoda, pero a largo plazo será beneficiosa para todos.

La inmensa mayoría de la población ya no recuerda lo que era tener ciudades llenas de caballos, con todo lo que eso implicaba. El automóvil, al igual que el caballo, forman parte de una época que no va a ser eterna. Las ciudades medianas y pequeñas acabarán copiando el ejemplo de las grandes, aunque no se trate de algo tan urgente por una diferencia de dimensión. Si la mayoría de la gente se agolpa en ciudades, estas tendrán que modernizarse bastante. Bienvenidos al Siglo XXI.

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