BMW empieza a dar marcha atrás con sus experimentos y el adiós al diésel es solo una parte del cambio
BMW recupera su esencia y empieza a despedirse de algunos de sus experimentos más controvertidos. La tracción delantera tiene fecha de caducidad, varios modelos desaparecerán y el diésel pierde protagonismo. Tras décadas ampliando su gama, la marca alemana prepara una vuelta a sus orígenes.

Durante años, BMW amplió su gama con modelos que rompían con las tradiciones más arraigadas de la marca. Una que se decidía a ofrecer motores diésel para años después apostar por llevar la tracción delantera a sus compactos, al tiempo que los monovolúmenes encontraron un hueco en el catálogo. Nuevas carrocerías trataron de conquistar a clientes que buscaban algo diferente a las berlinas y los SUV de siempre.
Ahora, varios movimientos apuntan a un cambio de rumbo, y algunas de las decisiones que parecían definitivas empiezan a tener fecha de caducidad. La nueva generación del BMW Serie 3 afronta una nueva etapa sin motores diésel, poniendo fin a una relación que durante décadas fue fundamental para su éxito en Europa. Pero el cambio va mucho más allá de una motorización, porque BMW prepara una profunda reorganización de su catálogo, con la desaparición de modelos que se alejaron de la fórmula tradicional de la compañía.

El diésel, de conquistar los coupés a desaparecer del Serie 3
La historia del diésel en BMW también ayuda a entender la dimensión del cambio. En 1985, BMW estrenaba su primer Serie 3 con motor diésel. El 324d usaba un bloque atmosférico de seis cilindros en línea, 2.4 litros y 86 CV. Desde entonces, esta tecnología ha estado en constante evolución llegando a vender millones de motores diésel, incluso a bordo de motores deportivos.
BMW, que llegó a decir que nunca montaría un motor diésel en uno de sus coupés, acabó olvidándose de estas palabras. En marzo de 2003, la marca inició la producción del BMW 330Cd, el primer Serie 3 Coupé con motor diésel. Su seis cilindros de 3.0 litros desarrollaba 204 CV, una combinación que demostraba que esta tecnología podía encajar incluso en una carrocería asociada a la deportividad.
Durante mucho tiempo, las versiones de gasóleo fueron una de las alternativas más atractivas para quienes recorrían muchos kilómetros sin renunciar a las prestaciones. Más de dos décadas después, el escenario es muy diferente. La decisión no significa necesariamente que BMW vaya a eliminar estos motores de toda su gama, pero sí marca el final de una etapa en una de sus familias más emblemáticas.

La tracción delantera también tiene fecha de caducidad
Durante décadas, la propulsión trasera fue una de las señas de identidad de BMW. No era simplemente una cuestión técnica: formaba parte de la personalidad de sus coches y de la experiencia de conducción que la marca utilizaba para diferenciarse de sus rivales.
La llegada de la plataforma UKL cambió las reglas del juego. BMW pudo desarrollar modelos compactos con motores transversales y tracción delantera, una arquitectura que permitía aprovechar mejor el espacio interior y reducir costes. El Serie 2 Active Tourer fue uno de los grandes símbolos de aquella ruptura cuando apareció en 2014, seguido por otros modelos que extendieron esta solución a buena parte de la gama de acceso.
La fórmula tenía sentido comercial, pero también diluyó una de las diferencias históricas entre BMW y otros fabricantes. Ahora, la marca prepara el final de esta etapa: el Serie 2 Active Tourer se despedirá en 2029, mientras que el Serie 2 Gran Coupé tiene previsto hacerlo en 2032 y el X1 (y X2) con motor de combustión en 2033.
Menos experimentos y una gama más coherente
La desaparición de estos coches también responde a una necesidad industrial. Mantener una gama extensa, con distintas carrocerías, plataformas y tecnologías de propulsión, exige inversiones que no siempre se traducen en una rentabilidad suficiente.
El final previsto del Serie 2 Active Tourer sin un sucesor directo encaja en una estrategia de simplificación. En lugar de multiplicar las alternativas para cubrir cada pequeño nicho, BMW parece dispuesta a concentrar recursos en modelos con mayor recorrido, como los SUV, y en una transición eléctrica que ya está redefiniendo su oferta.
Las aguas vuelven a su cauce, pero BMW ya no es la misma
BMW no va a regresar sin más a la gama de hace veinte años. La electrificación, las exigencias de rentabilidad y los cambios en las preferencias de los compradores impiden una vuelta literal al pasado. La marca seguirá necesitando SUV, compactos y eléctricos para competir en un mercado cada vez más complejo.
La diferencia es que BMW está dispuesta a recuperar parte de la coherencia que hizo reconocibles a sus productos. Menos carrocerías difíciles de encajar, menos duplicidades y una nueva generación de eléctricos que no tiene por qué renunciar a la propulsión trasera para adaptarse a los nuevos tiempos.
Quizá esa sea la verdadera vuelta a los orígenes de BMW: no recuperar exactamente los coches de antes, sino volver a poner en primer plano aquello que los hacía diferentes. Porque innovar no siempre significa añadir más modelos o explorar todos los nichos posibles. A veces, también consiste en reconocer qué caminos no merece la pena seguir recorriendo.
