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    La historia de la furgoneta eléctrica de Saab que no era Saab

    Prototipo eléctrico Saab

    Si hurgamos en el pasado de los principales fabricantes acabaremos encontrando tarde o temprano algún modelo eléctrico. A partir de los años 70 es más fácil verlos, dado que se buscaron alternativas al petróleo cuando dejó de ser "infinito" y "barato".

    Uno de los primeros vehículos eléctricos que lució el logotipo de Saab en el frontal fue una sencilla furgoneta de reparto postal. De hecho, se conserva un ejemplar en el museo de la marca. Es el único que hicieron hasta su desaparición y posterior compra en 2012 por National Electric Vehicle Sweden (NEVS), quienes ya en 2014, mostraron un Saab 9-3 eléctrico que llegaría a la producción en 2017.

    Pero si os habéis dado cuenta, he dicho que lució el logotipo de Saab, no que fuese una obra del fabricante sueco. Y es que su historia nos traslada hasta principios de los años 70, y lo hace además al otro lado del Atlántico, nada menos que a Lexington, Massachusetts. ¿Y qué tienen en común el Estado ubicado en Nueva Inglaterra y el país sueco? Pues que en ambos hace bastante frío en invierno. Poco más.

    Por aquel entonces Estados Unidos estaba inmerso en la gran crisis del petróleo y, aprovechando la situación, multitud de empresas buscaron su hueco fabricando vehículos eléctricos. No era como ahora ,que existe un creciente mercado en este sentido, pero algunos organismos oficiales sí que los usaban. Si conseguías construir un coche que gustase tanto como para firmar un contrato, seguro que tenías asegurados unos cuantos miles de unidades y jugosos beneficios.

    A mano derecha, el primer prototipo de Electromotion T3, a la izquierda el hecho por los suecos

    Una de estas compañías respondía al nombre de Electromotion y estaba ubicada en Lexington. Fue la encargada de producir una pequeña furgoneta de reparto de 1/3 de tonelada y con un motor eléctrico. Realmente no era más que un chasis con las baterías recorriendo la viga central y una carrocería de fibra sobre él.

    Una de las empresas que estuvo probando la furgoneta de Electromotion, apellidada T3, fue el servicio postal americano (USPS).

    Desde siempre han tenido una flota de reparto eléctrica y, tras el ejército, cuenta con la mayor flota de vehículos de EEUU, así que imaginaros la importancia para las empresas. Negocio “seguro”. En los 70 testaron en diferentes lugares de Estados Unidos algunos prototipos, tal y como se puede leer en este documento que detalla la historia de su flota.

    En California probaron uno de Otis y otro de Farbilt, en Pensilvania uno de Battronic y en Lowell (Massachusetts) el que había desarrolado Electromotion. No consiguieron ganar el contrato, pero sí vender algunos de sus vehículos a lo largo de Estados Unidos. Contaban con un par de decenas que adquirieron algunos servicios públicos y centros turísticos. Unos para reparto de correo, como había sido concebida y, para ello, el volante iba situado a la derecha con el fin de poder dejar las cartas en los buzones sin tener que bajarse de él.

    Electromotion quiso desarrollar un vehículo que no fuese muy caro, reutilizando componentes de otros vehículos siempre que fuese posible. Por aquel entonces la sede de Saab para Norteamérica estaba en condado de Orange, Connecticut. Es decir, literalmente en el Estado de al lado. Así que llegaron a un acuerdo con los suecos para que les suministrasen los repuestos necesarios para construir sus furgonetas eléctricas.

    Los libros de historia dicen que el eje delantero era el de un Saab 93 y las ruedas y parachoques de un Saab 99

    Varios de los componentes montados en el interior también eran compartidos con ellos. El motor desarrollaba una potencia de 20 CV. Las baterías, un total de 14 unidades de plomo-ácido que se podían extraer por la parte trasera, tras levantar una tapa para hacer un cambio rápido, le permitían una autonomía de algo más de 50 km a una media de 50 km/h.

    Como no se consiguieron los pedidos esperados, Electromotion tuvo que echar el cierre y la filial de Saab en Estados Unidos se quedó con facturas que no tenía a quien reclamar. Recuperaron parte en activos, es decir, en piezas que no se habían instalado en furgonetas ya terminadas. Pero también se llevaron una de las Electromotion directamente para Suecia. A modo de “prenda”.

    Seguramente os preguntaréis el motivo, pero resulta que unos años antes, concretamente en 1968, se había fundado en el país nórdico la Swedish National Development Company (SU de forma abreviada). Fue creada por el Gobierno sueco con el fin de desarrollar vehículos mineros y de reparto postal eléctrico. Además de Saab, también estaba implicada Volvo y alguna que otra empresa especializada.

    Saab pensó que como la furgoneta postal eléctrica de Electromotion estaba hecha con piezas de ellos, ya tenían más de la mitad del trabajo hecho. Si funcionaba en el gélido norte de Estados Unidos, también lo haría en la fría Suecia.

    Con un ejemplar a tamaño real entre manos no fue complicado para Saab desarrollar otro intentando mejorar sus prestaciones. Además, le dieron un lavado completo de cara para conseguir una imagen mucho más corporativa, que incluía un buen número de piezas del Saab 99.

    Saab 99

    Tomaron la parrilla frontal, faros con limpiaparabrisas, intermitentes, ruedas o retrovisores cromados (en este caso de la versión GL), parachoques y limpiaparabrisas de la luna. Cambiaron también las aletas o la forma del capó.

    Este prototipo fue presentado en 1977 por la propia compañía. En los recortes de prensa de aquel entonces se publicitaba como el “prototipo de una furgoneta de reparto eléctrica”, lógicamente obviando el hecho de que estaba basada en la Electromotion T3. Total, ya no había nadie para reclamar los derechos.

    Como la propia marca, este prototipo ha quedado para los anales de la historia por ser el primer modelo eléctrico de Saab. Pero, también, por cómo llegó a fraguarse de una forma de lo más rocambolesca.

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