La pieza que abarata al SUV tradicional se convierte en su punto débil frente a eléctricos y chinos
La aparición de los eléctricos más modernos avanzados, y también por sus propias necesidades a la hora de alojar las baterías, han recuperado un elemento que marca la diferencia en el comportamiento en carretera, sin necesariamente estar hablando de una conducción deportiva.

Hubo un tiempo en el que todo lo que había en el mercado, salvo deportivos y/o coches de alta gama, usaban esquemas de suspensión sencillos para el eje trasero. Habitualmente hechos en acero - gracias a su resistencia, siendo muy duraderos salvo que se lleven al extremo de su límite elástico, han sido la base de lo que ahora vemos como muchos coches históricos. La suspensión trasera multibrazo ya existía, pero muchos lo veían como algo para deportivos o coches caros, dado lo que crecía el coste de fabricación.
Una idea que rompió por completo el Ford Focus de 1º generación a finales de los 90. El sucesor del Escort tenía ese plus de comportamiento frente a sus rivales directos, como el Renault Mégane, el Citroën Xsara o el Peugeot 306 - y, de repente, algo hizo click y se convirtió en una moda - una que hizo coches más agradables de conducir, mejores dinámicamente a la hora de absorber las irregularidades del firme y, por tanto, más seguros en ese aspecto.

El curioso caso de las suspensiones traseras multibrazo
La siguiente generación del Golf fue un ejemplo de ello, con muchos coches siguiendo ese ejemplo (incluyendo la segunda generación del SEAT León, si bien ya la montaban las versión 4WD del primer León) pese a que, en comparación con un eje rígido torsional, fabricar cada elemento en cada coche que pasa por la línea de producción puede costar 3, 4 o 5 veces más. Con el tiempo, el impacto se fue reduciendo, a medida que llegaba la era del SUV y, años más tarde, la de las pantallas multimedia.
Las suspensiones traseras multibrazo nunca se han extinguido, evidentemente - las montaba el primer KIA pro_cee’d, el Mazda MX-5 nunca dejó de montarlas, como también las usó Subaru en su infravalorado familiar Levorg, además de coches de corte deportivo como el Honda Civic Type R. No obstante, la importancia que llegaron a tener en el sector, o al menos a nivel de comunicación, pasó a un segundo plano. La gente se fijaba en otras cosas y en un sector donde ahorrar costes en esta esquina o en aquella marca diferencias de millones de euros en beneficios, muchos modelos (SUV incluidos) optaron por suspensiones más simples.
Vuelven a ser tendencia con los coches eléctricos modernos
Pero ahora asistimos al auge, a mayor o menor velocidad según qué mercado, del coche eléctrico. Cada vez más avanzados, evolucionados, desarrollados y con baterías de mayor tamaño…y eso necesita un espacio que sí te da una suspensión independiente multibrazo y no un eje de torsión, además de las ventajas en comportamiento. Es por ello que en estos últimos cinco años se están viendo cada vez más y más. El Renault Mégane E-Tech (sistema Parallel Link), así como los Renault 4 y 5 E-Tech la equipan, pese a que estos últimos son modelos de enfoque accesible (y, naturalmente, también el Alpine A290).

Evidentemente, marcas premium como Mercedes-Benz, Lexus o Aston Martin no han dejado de usar este esquema, si bien también lo vemos en modelos actuales de Suzuki, KIA o Jeep, en el caso del Compass en su variante eléctrica, coche basado en la plataforma STLA Medium que comparte con los Peugeot 3008 u Opel Grandland. Otros modelos de Renault, como el Rafale o el Espace E-Tech, también utilizan este esquema.
Muchos coches chinos también las llevan, ya sean BEV o PHEV
En el caso de las marcas chinas también han optado por este camino: lo vemos desde el BYD Dolphin, así como el Seal U, el Atto 3 Evo o el Atto 2 en su variante Comfort (que la lleva para alojar la batería de 64,8 kWh, mientras que las versiones de batería pequeña usan suspensión torsional). Denza Z9 GT (y por supuesto el nuevo superdeportivo Denza Z), MG4, MGS5 y MGS6 o el Geely E2 que está a punto de llegar a Europa, todos ellos son ejemplos de coches eléctricos montan suspensión trasera multibrazo.
La lista sigue con modelos como el Maxus eTerron 9 (con suspensión neumática en su caso) y gran parte de los modelos Chery. Es decir, modelos de JAECOO, OMODA, EBRO (caso del s700, s800 y su s900 tope de gama) y Lepas con el recién llegado L8. Incluso en modelos híbridos enchufables, que no necesitan una batería tan grande y equipan motor de combustión, en China han optado por este esquema. Seguimos echando en falta, eso sí, un verdadero sucesor de aquella suspensión hidroneumática tan característica de la Citroën más aventurera...
