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El cambio de Gobierno deja pendiente castigar más el uso del móvil

Los tiempos legislativos son los que son, y el 5 de marzo se disuelven tanto el Congreso de los Diputados como el Senado. Por lo tanto, no se podrá aprobar una reforma legislativa que aumentaría el castigo por usar el teléfono móvil en marcha o no hacer uso de sistemas de seguridad.

El breve -pero intenso- año que ha pasado Pedro Sánchez en la Moncloa ha traído consigo algunos cambios que afectan a los conductores y demás usuarios de las vías. El límite genérico en las secundarias bajó de 100 a 90 km/h -con un carril por sentido- y han aumentado las penas por omitir el deber de socorro.

Sin embargo, otras reformas que se han quedado en el tintero por falta de tiempo -no da tiempo a tramitarlas- iban a ser útiles para disminuir la siniestralidad. Nueve de cada 10 conductores sabe que usar el móvil al volante está mal, pero lo han hecho alguna vez. Ahora mismo eso se sanciona con 200 euros y tres puntos del carné de conducir.

La propuesta de la DGT era de equiparar el uso del teléfono móvil en marcha con conducir borracho o drogado, retirando seis puntos del carné, ya que cambiaría a una infracción muy grave en vez de "solo" grave. Y la equiparación tiene todo el sentido del mundo.

Los incrédulos pueden tomar nota de un estudio realizado en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo citado por ABC. Conducir y manipular el teléfono son dos acciones que requieren concentración, pero que el cerebro no puede compatibilizar de una forma eficiente: se utiliza la misma zona, la corteza prefrontal.

Si se conversa con un dispositivo manos libres y no se mira al dispositivo, la charla es tan peligrosa como hablar con un pasajero al que no miramos a la cara. Eso tiene un riesgo muy aceptable socialmente y no supone cometer infracción alguna. Lo que no se puede hacer es manipularlo con una mano -o peor, con ambas-.

1 minuto de conversación equivale a perder de vista el 40% de las señales

Si se hace eso, el cerebro retira recursos destinados a la tarea de conducir, por lo que omite la percepción de información (luces de semáforo, señales, otros vehículos...) y tarda más en reaccionar ante los estímulos, alargando el tiempo en realizar correcciones. El alcohol y las drogas tienen efectos similares, en función de lo que se haya tomado.

Una de las principales causas de accidente hoy día es la salida de la vía, provocada normalmente por errores humanos y, concretando más, a las distracciones. Una de las principales fuentes de distracciones es precisamente el teléfono móvil, y esto viene de largo. Una muerte de cada tres puede explicarse por eso.

La tecnología nos ha permitido en los últimos años compatibilizar el uso del teléfono con la seguridad vial, pues ya casi cualquier modelo viene con Bluetooth y la integración con el equipo de música del coche, y los más modernos eliminan la necesidad de tener que tocar el propio aparato para escuchar música, llamar, recibir mensajes, etc.

Mientras dura una distracción, el vehículo va prácticamente sin control, y es más grave cuanto más rápido se va

Pero seguimos haciendo mal uso de la tecnología. Como hablamos de conductas peligrosas, deben atajarse, y de ahí la necesidad de aumentar el castigo ante conductas tan peligrosas e irresponsables. Hasta que no llegue un nuevo Gobierno, se constituya el Congreso y se engrase la máquina burocrática pasarán meses, y se perderán vidas en el proceso.

Si ya es peligroso hacer llamadas de voz con una mano ocupada, chatear es aún más peligroso, ya que requiere más acciones motoras y mirar a la pantalla (mandar notas de voz viene a ser lo mismo)

También se planteó sancionar la no utilización del cinturón de seguridad, casco en motos o sistemas de retención infantil para los pequeños con cuatro puntos, actualmente tres. Atajando en seco esas conductas, la siniestralidad bajaría de golpe. En 2006, cuando se empezó a perder puntos por eso, hubo un ahorro notable en vidas y en los heridos graves.

Estas reformas habrían salido adelante -previsiblemente- sin complicaciones en las cámaras legislativas. Desde que Pere Navarro volvió a trabajar como director de la DGT el ente público se puso manos a la obra para atajar aquellas conductas que más incidencia tenían en los informes de siniestralidad.

También queda pendiente la modificación de los cursos de recuperación de puntos (devolverán más puntos), que los cursos de conducción segura sumen otros dos puntos, que el contenido sea más práctico, abordar la problemática de los patinetes eléctricos y la necesidad de que se usen con licencia, etc.

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