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El coronavirus ha marcado el fin del "festival" de los fabricantes de coches

Aparcamiento con miles de unidades sin vender (archivo)

Hasta hace unas semanas, el sector tenía problemas menores en comparación con el desplome de ventas y dificultades económicas sobrevenidas desde el crac de 2008 iniciado en Estados Unidos. El comienzo de la década viene con dificultades adicionales y será difícil obviarlas.

El mundo desarrollado está echando el freno de emergencia a partir de marzo, lo que empezó siendo un pequeño brote de "una gripe más" en una ciudad china se ha convertido en un problema global. Los expertos no tienen claro cuánto va a durar la crisis del coronavirus o COVID-19, pero será más cuestión de meses que de semanas.

Las noticias que vienen desde China ahora dan más esperanza que miedo: se puede arrinconar al maldito virus y reducir al mínimo su propagación: los casos nuevos son casi anécdotas estadísticas, comienzan los ensayos clínicos en humanos para una vacuna y los hospitales levantados en días serán desmantelados. Eso ha costado un confinamiento masivo durante casi tres meses. En el camino quedaron varios miles de muertos y enormes pérdidas económicas.

Mientras tanto, ahora el foco del problema está en la Unión Europea, donde se han tomado medidas completamente inéditas en periodo de paz: confinamientos masivos, actividad económica limitada al mínimo posible, reducción salvaje de la movilidad, derechos suspendidos, cierre de fronteras a extracomunitarios, cierres parciales de fronteras internas, estados de alarma nacionales...

Factoría de la zona franca de Barcelona (Nissan)

Y cómo no, eso está llevando a un desplome en las ventas de vehículos, que la fabricación a escala europea esté a punto de parar y el horizonte en lo económico va a ser un desastre. Los gobernantes están anunciando paquetes de ayuda a las economías de más de 100.000 millones de euros entre ayudas, aplazamiento de impuestos, avales y medidas de protección a los más vulnerables.

Pero por mucho que se haga, el daño en el sector del automóvil va a ser brutal, y eso implicará que cambien más cosas de las que iban a cambiar, o que cambien más rápido. A los fabricantes les llevará meses (o años) recuperarse del mazazo que va a suponer 2020. Se puede recuperar la producción perdida de unos días, no de mínimo un mes (y pueden ser fácilmente tres).

Es el fin de un festival de récords de ventas, de facturación y de beneficios

La realidad va a estallar en la cara de los gestores. La recesión que se veía un poco lejos es como el iceberg que hundió el Titanic: el vigía avisa de que está delante, pero el barco ya no puede maniobrar para esquivarlo. Golpeará el iceberg de lado, se acuchillará el casco y se inundarán suficientes compartimentos estancos para mandar la nave a pique. En una economía como la española, si se resfría el automóvil, el país enferma.

Factoría Alfasud Pomigliano (FCA)

Los fabricantes ya tenían varios problemas a la vista para esta década: la presión por electrificar sus modelos para evitar sanciones de decenas o cientos de millones de euros (por cabeza), avanzar en la conducción autónoma, el "Brexit", reducir la masa con materiales compuestos, más conectividad, una clientela que va pasando cada vez más de comprar/mantener coches...

Salir de la crisis del 2008 supuso un esfuerzo titánico. Se llevó por delante marcas enteras, hicieron falta rescates directos (modelo EEUU) o indirectos (modelo UE, con ayudas a la compra), se cerraron varias fábricas, el número de jugadores se ha reducido con fusiones y compras de competidores y el dinero asiático entró en masa al sector.

Pero en esa crisis no se produjo un frenazo súbito del consumo como sí está pasando ahora. Aquellos clientes que puedan aguantar bien la cuarentena pueden retrasar algunas decisiones de compra, pero si empiezan a aumentar alarmantemente los parados y expedientes de regulación de empleo, no van a venderse tantos coches. Lo primero es lo primero.

Factoría de Vigo (PSA)

Seguramente veamos un final anticipado de modelos de baja rentabilidad, priorizando todo lo que genere dinero contante y sonante. Veremos menos oferta, más paquetes cerrados, seguramente incrementos de precios... mientras que el mercado de ocasión será el refugio de los que no puedan meterse en un coche nuevo de los que los fabricantes sí quieren vender, otros no merecerán más la pena.

El problema se comunicará por onda expansiva a la red de concesionarios y a los proveedores, y los efectos son todavía difíciles de predecir. Los desplomes bursátiles no son un buen indicador, descontando el evidente vaivén especulador que suponen tantas malas noticias una detrás de la otra. Lo que está pasando ahora en Europa se trasladará a Estados Unidos, tiempo al tiempo.

Lamento ser un agorero, pero si la clientela ya empezaba a mostrar desconfianza hacia los cambios futuros, ahora el efecto se maximiza. Los fabricantes cambiarán objetivos de crecimiento y expansión por los de supervivencia y reducir todo lo que se pueda los daños, porque los habrá, y van a ser devastadores. Los primeros en caer serán los más débiles.

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