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    La batalla judicial entre Volkswagen y Suzuki toca a su fin

    Suzuki y el Grupo Volkswagen firmaron un acuerdo en 2009 del cual no ha salido nada productivo, sino una batalla legal entre las dos empresas. Años después se consolida su "divorcio", y el gigante alemán dejará de estar en el accionariado.

    No todas las alianzas entre fabricantes salen bien, este es un buen ejemplo

    Cuando estalló la crisis económica, Suzuki formaba parte de la órbita de General Motors. Los americanos se deshicieron de su parte de la japonesa para recuperar liquidez, antes de declararse en bancarrota. Fruto de aquella alianza salieron modelos como el Opel Agila y Suzuki Splash.

    En 2009 el Grupo Volkswagen adquirió casi la quinta parte de Suzuki, convirtiéndose en el accionista mayoritario tras invertir 1.692 millones de euros. El resultado fue una alianza en la que teóricamente salían todos ganando:

    Sin embargo, de esta alianza no se ha visto ningún resultado práctico, al no cumplirse los términos del acuerdo. Suzuki, en virtud de esos términos, recurrió a la Corte Internacional de Arbitraje (ICC) en Londres para que Volkswagen perdiese su control sobre la empresa nipona. El fallo se hizo público ayer.

    Volkswagen Up!, el modelo más económico que se vende en Europa, no es todo lo económico que debería ser

    Según Suzuki, el 18 de noviembre de 2011 se notificó a Volkswagen la intención de interrumpir unilateralmente su acuerdo, dado que no habían tenido acceso a los nuevos motores de Volkswagen. Los socios alemanes no contestaron, y entonces se pidió la separación a través del ICC.

    Para Suzuki el divorcio era su prioridad 1

    La alianza se dio por terminada en mayo de 2012, por lo que Volkwagen se tendría que desprender de su paquete accionarial, muy importante y con poder de alterar el funcionamiento de Suzuki. El ICC obliga a Volkswagen a vender esas acciones en su último fallo, que serán recompradas por Suzuki. El segundo mayor accionista pasará a ser el accionista mayoritario.

    Volkswagen acepta el fallo y se deshará de sus acciones, sin que eso implique renunciar a reclamar daños y perjuicios a la empresa japonesa. En su comunicado, Volkswagen dice que habrá ganado dinero con la operación, así que no ha sido tan mal negocio. El ICC no ha determinado el importe con el que Suzuki tendrá que indemnizar a sus antiguos socios.

    ¿Y ahora, qué?

    Al romperse el acuerdo sin haber tenido resultados positivos, ambas compañías no han logrado lo que esperaban. Suzuki tendrá que buscar otro gran fabricante con el que unir sus fuerzas y así tener mayor robustez en un momento tan convulso. Además, la empresa asumirá pronto un cambio generacional cuando el actual presidente, Osami Suzuki, deje el timón tras cuatro décadas de trabajo.

    Por su parte, Volkswagen sigue teniendo ganas de dar con la fórmula de fabricación de coches baratos, pero rentables. Por ejemplo, el Volkswagen Polo no es un modelo rentable, porque se vende por debajo de su precio para conquistar cuota de mercado. El beneficio que saca Volkswagen -como marca- por unidad vendida es muy pequeño. Maruti Suzuki, la joint-venture del mercado indio, parece haber dado con esa clave que Volkswagen ansía.

    Tal vez parte del secreto esté en los grandes ahorros de costes que supone fabricar en la India. Según denunció Global NCAP hace meses, coches que en Europa cumplen las normativas de seguridad, en la India suspenden claramente. El mismo coche, como el Suzuki Alto, se daña mucho más haciendo el mismo tipo de prueba. ¿Cómo explicar eso? Pensad mal, y acertaréis.

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