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    Scott Pruitt acumula numerosos escándalos en solo su primer año en la EPA

    Scott Pruitt, negacionista declarado del cambio climático y uno de los mayores enemigos de la EPA estos últimos años, lleva ya poco más de un año al frente de dicha institución, tras su nombramiento a dedo por Trump. Estos son los desmanes y las polémicas generadas por Pruitt desde su nombramiento.

    Scott Pruitt en una de sus comparecencias.

    A inicios del pasado año 2017 se cumplían los peores pronósticos y finalmente se consumaba el nombramiento de Scott Pruitt como Administrador de la EPA (Environmental Protection Agency), la mayor organización estadounidense encargada de velar por el medio ambiente y la calidad del agua y el aire de esa nación.

    Muchas de las medidas y resoluciones adoptadas por esta agencia en las últimas 5 décadas han sido tomadas como ejemplo no solo por el resto de organismos estatales de esa nación, sino por las entidades homólogas a la EPA de todo el mundo. Por lo que la evolución de sus medidas son seguidas de cerca desde múltiples rincones del mundo. De ahí que el nombramiento de Pruitt fuera una de las medidas más descaradas y controvertidas de Donald Trump, aunque no la que más repercusión mediática ha tenido.

    Scott Pruitt, desde su puesto como anterior fiscal general del estado de Oklahoma no solo era uno de los mayores detractores de la EPA, sino que fue uno de sus más feroces enemigos durante años, demandando a la organización medioambiental en múltiples ocasiones. Pruitt ha servido durante años a los intereses de las industrias del carbón y del petróleo, y su llegada a la jefatura de la EPA parece que no va a cambiar la agenda de este declarado negacionista del cambio climático.

    Sede de la EPA en Washington D.C.

    Ya desde el primer momento tras su llegada a la EPA, Pruitt comenzó a generar noticias negativas. Titulares que hasta ahora no había protagonizado ninguno de sus predecesores o al menos ninguno que hubiera tenido la repercusión internacional que está teniendo Pruitt, al que tampoco podemos negar que es observado con suma atención desde el mismísimo día que su nombre fue asociado al de esta institución.

    A la misma vez que implementaba fuertes recortes en todos los programas presentes y futuros de la organización, con la excusa de salvaguardar el erario público, Pruitt promovió iniciativas tan superfluas e innecesarias como un nuevo estudio que decidiera si existe o no el cambio climático. Decimos superfluo no ya por la validez o no de dicho estudio, que además no será desarrollado bajo métodos científicos convencionales sino a modo de debate, sino porque sencillamente ese no es el cometido de la EPA.

    A pesar de su política de recortes económicos, Pruitt no ha tenido reparos en realizar considerables gastos en áreas bastante poco usuales para la organización que dirige, como es el caso de la seguridad, blindando sus oficinas ante posibles filtraciones con tecnología de alta seguridad, como un nuevo teléfono seguro personal de 43.000 dólares (que se suma a los que ya tenía la EPA pero cuyas ubicaciones no eran del agrado de Pruitt) o cerraduras con sensores biométricos. Cabe preguntarse qué es lo que guarda tan celosamente en sus oficinas si el trabajo de la EPA no es precisamente secreto.

    Scott Pruitt promete pasar a la historia, aunque por sus polémicas.

    Su obsesión con la seguridad es tal que amplió su equipo de guardaespaldas hasta 10 integrantes que trabajan 24 horas al día los 7 días de la semana, triplicando el gasto en este área de sus antecesores. Un equipo de semejante tamaño parece tener funciones muy claras, como hacerle muy diversos recados domésticos y trasladarlo con la sirena y las luces oficiales en todo momento por las calles de Washington, incluso cuando simplemente se desplaza para comer en un restaurante, tal y como ha quedado recogido por varios medios estadounidenses.

    Los premios e incentivos para los empleados de la EPA han sido recortados o eliminados, pero estas carencias no afectan a los miembros del equipo personal de Pruitt, que han disfrutado de aumentos de sueldo incluso cuando la Casa Blanca los denegaba, o gastos superfluos y prebendas de cierto valor. De la misma manera, Pruitt no tuvo reparos en intentar “colocar” a su propia esposa en un buen puesto, tarea que solicitó incluso a sus propios empleados.

    Sin embargo, lo más llamativo y descarado, han sido los propios gastos personales de Pruitt y su relación directa con lobbies y ciertas industrias. En menos de 18 meses ya ha acumulado considerables gastos de viajes, solo en vuelos en primera clase ha superado los 100.000 dólares, explicados por Pruitt como necesarios por su propia seguridad.

    Sede de la EPA.

    Su relación con algunos lobbies de presión de la industria son más que evidentes y no trata siquiera de ocultarlo. A los pocos meses de llegar a su puesto actual protagonizó un escándalo por recibir un más que suculento (y sospechoso) descuento en las dependencias que alquiló a un conocido lobby durante sus estancias en Washington, a lo que se suman ciertos viajes con costos enormemente mayores a los estipulados previamente o los regalos de empresarios de la industria del carbón, como asientos en competiciones deportivas.

    En poco menos de año y medio, Pruitt no ha dejado de ser noticia constante por sus desmanes económicos y organizativos, aunque lo más preocupante no es la tranquilidad o la impunidad con la que los comete, sino lo que se teme que aún no haya trascendido de su labor dentro de la EPA. Ya que para muchos en los Estados Unidos, Pruitt tiene una agenda muy clara, desmantelar y torpedear todos los esfuerzos y los logros alcanzados por esta institución en sus casi ya 50 años de historia.

    Fuente: Axios