Uber no podrá seguir operando Londres desde octubre

  • La autoridad del transporte de Londres no piensa renovar la licencia de explotación a Uber en la ciudad.
  • Afectará a 40.000 conductores y 3,5 millones de usuarios registrados.
  • El servicio se prestará hasta el 30 de septiembre, Uber recurrirá la decisión.

Nuevo golpe a la compañía que pone en contacto a pasajeros y conductores, esta vez en la capital británica. Han pasado casi cinco años y medio desde que Uber empezó a operar en Londres. Su licencia debía ser renovada a finales de este mes y no parece que vaya a ser así. Las razones esgrimidas son de seguridad.

Transport for London (TfL) explicó en un comunicado que Uber no es suficientemente transparente a la hora de informar a las autoridades de conductores que se saltan la ley, de cómo se han conseguido los antecedentes de penales o los certificados médicos. Uber no es famosa por su transparencia, ni en Londres ni en ninguna parte.

Uber ha sido prohibido en Dinamarca y Hungría

La normativa que regula la actividad de Uber en Londres es un poco antigua, la Private Hire Vehicles Act de 1998. La compañía tiene 21 días para apelar la decisión, y la notificación de no renovación fue el viernes 22. Si nada cambia, Uber no podrá seguir operando en Londres a partir del 1 de octubre. Esta decisión provocará no pocos agravios.

Una ciudad estratégica

Uber funciona en cientos de ciudades a día de hoy, 40 británicas, siendo Londres la urbe europea más importante para el gigante tecnológico. La cantidad de usuarios registrados es muy importante, 3,5 millones de usuarios, que ven como principal atractivo un menor precio respecto a los black cabs, los taxis oficiales de Londres.

Tanto los taxistas como el sindicato de transportes GMB ven con buenos ojos la medida. También cuentan con el apoyo del alcalde, Sadiq Khan, que dice que cualquier compañía que quiera operar en Londres debe cumplir con las reglas establecidas. No hubo negociación previa a la suspensión de licencia.

Los taxis londinenses tienen primero el problema del precio, son caros -como todo en tema del transporte en esa ciudad- y algunos trayectos no les hacen ninguna gracia dependiendo del barrio de origen o destino. Que haya 40.000 conductores llevando gente para Uber nos da idea de la dimensión del problema.

El alcalde londinense se ha explicado en un artículo en The Guardian

Los conductores particulares que se mueven con Uber -figura que la legislación española rechazó en su momento- tienen una forma de ingresos aceptable aunque eso suponga trabajar como un falso autónomo, muchas horas y con poca protección laboral o de cobertura sanitaria. Bajo la filosofía de Uber son personas que pueden trabajar cuando quieran y dejar de hacerlo también cuando quieran.

Uber ha supuesto un auténtico salvavidas económico para desempleados y personas que quieren ampliar sus bajos ingresos. Según la versión de Uber, sus conductores pasan los mismos controles que los taxistas o los chóferes de vehículos de alquiler con conductor (VTC en España) que exige la TfL.

Los taxistas oficiales no recibirán necesariamente muchos más clientes si Uber deja de operar. Lo cierto es que están sometidos a una presión regulatoria mayor, por ejemplo, deben saberse de memoria el callejero o que los nuevos taxis a partir de 2018 no pueden ser diésel, condiciones que no deben cumplir los particulares que conducen para Uber.

#SaveYourUber

Ya ha empezado la campaña de respuesta del gigante, empezando por poner un anuncio en la aplicación de conductores -diferente a la de los pasajeros- para pedirle al alcalde que dé marcha atrás. La campaña superó el medio millón de adhesiones en solo 24 horas, obviamente han sido más que las de los conductores.

Las peticiones a favor de Uber ya superan las 650.000 adhesiones en la Web Change.org. Está bastante claro que hay muchísima gente que prefiere este servicio a las alternativas tradicionales, que son los black cabs, los autobuses rojos o el metro (que no funciona las 24 horas del día).

Uber ha reaccionado como de costumbre, diciendo que la decisión atenta contra la innovación, la libre elección de los consumidores y que es una medida lobista potenciada por una minoría -los taxistas- que no quieren que se toque el status quo. Algunos analistas, como Tyler Cowen (Bloomberg) considera que es una decisión errónea y que es un mensaje a compañías que quieran invertir en el Londres post "Brexit", es decir, que no habrá tanto liberalismo.

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