Fórmula Vintage BRM y Lotus dan una lección a Europa con Graham Hill y Jim Clark

  • Los equipos británicos aprovecharon su innovador desarrollo y el caos en Ferrari para hacerse con el mando de la Fórmula 1 en 1962.
  • En esta entrega de Fórmula Vintage, analizamos el primer gran duelo entre Graham Hill y Jim Clark, decantado a favor del primero en un apretado final.

La primera temporada con el reglamento de motores de 1.500cc había supuesto un duro quebradero de cabeza para los incautos equipos británicos, y un filón de oro para una Ferrari que aplastó sin contemplaciones a la competencia. Su resurgir, no obstante, terminó casi tan pronto como empezó, tras aquel Gran Premio de Italia que coronó a Phil Hill tras la muerte de Wolfgang von Trips. La situación a nivel interno se deterioró de tal forma que ocho principales miembros del equipo, entre ellos el jefe de equipo Romolo Tavoni y el director técnico Carlo Chiti, abandonaron Maranello. Enzo recompuso el departamento técnico, pero la estampida tuvo consecuencias inmediatas.

Sin casi desarrollarlos, la Scuderia mantuvo en liza los 156, con su emblemática 'nariz de tiburón'. Phil Hill fue el único piloto fijo del equipo, que fue alternando durante el año a sus tres promesas: Ricardo Rodríguez, Giancarlo Baghetti y Lorenzo Bandini, quien había sido descartado el año anterior en favor de Baghetti, además del piloto de pruebas del equipo, Willy Mairesse. Más al norte, Porsche, que mantuvo al volante a Dan Gurney y Jo Bonnier, planteó su ofensiva al sustituir su motor bóxer de 4 cilindros por uno de 8 que rondaba los 200 CV, y diseñando sobre él el Porsche 804, más ancho y con conceptos más modernos.

Willy Mairesse, pilotando el Ferrari 156 que le llevó a la victoria en la prueba no puntuable de Bruselas.

En el Reino Unido, no obstante, la lección había sido aprendida de la forma más severa, y otro año como 1961 no podía repetirse. Lotus fue uno de los muchos equipos que tendría acceso al poderoso V8 de Climax, y Colin Chapman construyó un nuevo vehículo para él, el Lotus 24. Terminado el contrato de Innes Ireland, el equipo echó mano de Trevor Taylor, campeón de la Formula Junior británica, para ser el escudero de Jim Clark. Chapman diseñó el 24 con la intención de vender unidades cliente, y una de ellas se entregó al bicampeón Jack Brabham, quien abandonó Cooper para montar su propio equipo, pero que aún no tenía preparado un chasis. Lotus también vendió unidades del 24 a sus dos principales socios de 1961, UDT Laystall, con Innes Ireland como nuevo compañero de Masten Gregory, y Rob Walker

Éste último planeaba iniciar su cuarta temporada con el aclamado Stirling Moss, nada menos que al volante de un Ferrari, pero todo saltó por los aires el 23 de abril en el Glover Trophy, una prueba no puntuable en Goodwood. SIn haberle echado el guante aún al 156, Moss era sexto a dos vueltas de la cabeza tras un problema en boxes. Siguiendo de cerca al líder Graham Hill, el cuatro veces subcampeón del mundo perdió el control de su Lotus 18/21 a cuatro vueltas del final en St. Mary's, una curva a izquierdas, e impactó contra un terraplén. El piloto británico salvó la vida, pero pasó 38 días en coma y tardó medio año en recuperar la movilidad del lado izquierdo de su cuerpo. Aunque trató de volver, las sensaciones de antaño nunca regresaron, y aquella sería su última carrera competitiva al volante de un Fórmula 1. Ese mismo día, el veterano Maurice Trintignant ganó el Grand Prix de Pau para Rob Walker ante los abandonos de los Lotus de fábrica y batiendo a dos Ferrari, lo que le permitió ocupar el asiento desde Mónaco.

La combinación ganadora, pese a todo, se estaba cociendo lejos de los focos, en una BRM que apenas podía presumir de un triunfo y podios ocasionales hasta entonces, y cuya operación corría el riesgo de cerrar si no se obtenían resultados. Tras todo un año de retraso, la marca introdujo su motor V8, aquel para el que su P57 había sido diseñado el año anterior. Con Graham Hill como líder, BRM ofreció el asiento del retirado Henry Taylor a Ireland, pero este ya había firmado con UDT Laystall, y el equipo apostó por Richie Ginther, sin hueco en Ferrari. Las cosas también parecían ser algo más halagüeñas para Cooper y su número 1 Bruce McLaren, aunque algunos problemas para adaptar el nuevo T60 al motor V8 de Climax dejaron inédito en las carreras de pretemporada al sustituto de Brabham, el sudafricano Tony Maggs, campeón de la Fórmula Junior europea.

A todos estos constructores británicos se les sumó Lola. La compañía fundada por Eric Broadley, que gozaba de éxito en la Fórmula Junior, recibió el encargo de diseñar un chasis para Bowmaker-Yeoman, tras ser recomendado por John Surtees, que seguiría en el equipo junto a Roy Salvadori. El resultado fue el Mk4, un coche que sorprendió por su manejabilidad y robustez, lastrado sólo por problemas de torsión. A excepción de los independientes que completaron gran parte del año , hasta ocho estructuras menores frecuentaron las carreras no puntuables, participando sólo en algunos eventos del Mundial. El calendario era casi idéntico al del año anterior, con el único añadido del Gran Premio de Sudáfrica, y sin cancelaciones de ningún tipo.

La revolución monocasco de Colin Chapman

Después de una primera toma de contacto en Bruselas, prueba ganada por Mairesse en la que Clark no duró una vuelta y los BRM fueron descalificados, Clark y Graham Hill se repartieron honores en "pretemporada": ambos ganaron un duelo directo al otro en Snetterton (Clark) y Silverstone (G. HIll); el primero venció también en Aintree, y el segundo en Goodwood, mientras Clark rompía en Pau. A falta de ver en pista los nuevos coches de Porsche y Cooper, quedaba claro que BRM y Lotus partían con ventaja, y que sus dos líderes, aún sin victorias en el Mundial, estaban ya listos para asaltar el cetro. Pese a ello, Chapman se guardaba un as bajo la manga que no exhibió hasta que la caravana llegó a Zandvoort para el primer GP de la temporada. De sus camiones, además del Lotus 24, salió un nuevo monoplaza que revolucionaría la construcción de chasis para siempre, el Lotus 25.

A diferencia de los chasis de la época, construidos en forma de malla espacial o 'spaceframe', el Lotus 25 presentaba un diseño inaudito, con un chasis monocasco de aluminio que era tres veces más rígido y reducía el peso a la mitad. El coche, asimismo, era más bajo, aerodinámico y estrecho, y el piloto adoptaba una postura de conducción más reclinada. Lotus sólo dispuso de una unidad en Zandvoort para Clark, que clasificó el coche en tercera posición, a siete décimas de la pole. El sorprendente Lola de Surtees tumbó a Graham Hill por una décima, pero perdió terreno en carrera por un problema en la suspensión hasta sufrir un fuerte accidente en la vuelta 8. Quedaba, por tanto, vía libre para el duelo esperado, pero el Lotus 25 pagaría la novatada pronto.

Tras ganar la partida a Graham Hill en la salida, Clark sufrió un problema con el embrague en la vuelta 11, y perdió 10 giros en boxes, por lo que el resto de la carrera se convirtió en un test para su nuevo coche. Con ello, Graham Hill se marchó en la distancia, logrando su primera victoria en el Mundial con medio minuto de ventaja. Por detrás, Gurney había ganado cinco puestos para situarse tercero con su Porsche hasta sufrir problemas con el cambio en la vuelta 11, y una rotura similar dejó fuera a McLaren en la 22. En su segunda carrera de F1, Taylor logró un podio tras dar caza a Phil Hill en la vuelta 62, pese a contar sólo con la mitad de la presión normal del aceite. Llegó a chocar con el doblado Ginther, pero no tuvo problemas para mantener la posición, dejando al vigente campeón a un minuto. Tras los problemas de otros favoritos como Brabham, que embistió al trompeado Rodríguez al comienzo, o Ireland, cuarto hasta una aparatosa salida de pista, terminaron en la zona de puntos Baghetti, Maggs y, por primera vez, el ¡gentleman' Carel Godin de Beaufort.

Chapman había logrado calmar los ánimos de sus equipos clientes al asegurarles que los Lotus 24 serían iguales a nivel mecánico que los 25 (no así a nivel aerodinámico), y Clark sacó la 'bañera' a pasear en Mónaco logrando su primera pole en el Mundial, con Graham Hill como única amenaza a cuatro décimas. En la misma décima que McLaren, clasificó en cuarto lugar Mairesse. El belga venía lanzado tras imponerse en Nápoles (el mismo día que la prueba de Zandvoort), y se puso primero en la arrancada pese a un toque con Clark, que perdió seis puestos por ello. Al llegar a la horquilla Gazomètre, el acelerador de Ginther se quedó atascado, y su BRM se llevó por delante a Trintignant y a Ireland, viéndose también involucrados Gurney, quinto en parrilla, y Taylor. Además, una de las ruedas sueltas de Ginther golpeó al comisario Ange Baldoni, que perdió la vida. Por si el caos inicial no fuese suficiente, Mairesse trompeó en la horquilla de la estación (actual horquilla del hotel, o Loews), cediendo el liderato a McLaren hasta que Graham Hill le pasó en la séptima vuelta. 

Pese a tener de nuevo problemas de embrague, Clark no dejó títere con cabeza. Pasó a Bandini en la vuelta 7, aprovechó el trompo de Phil Hill en la 12, superó a Brabham en la 22 y a McLaren en la 28 para ponerse segundo, y llegó a situarse a un segundo de Graham Hill. Este usó a los doblados Surtees y Bandini, que pelearon por posición durante toda la carrera, para abrir algo de hueco, hasta que el embrague y el motor del escocés dijeron basta a mitad de carrera. Con 50 segundos de ventaja, la prueba estaba en manos de Graham Hill, pero aún quedaba un último giro de guión: su motor, muy exigido por intentar mantener a Clark detrás y por la proximidad de Surtees y Bandini, empezó a humear a 25 vueltas del final, y expiró a falta de 8 en Mirabeau. McLaren heredaba el liderato, pero por detrás llegaba Phil Hill, que adelantó a Brabham una vuelta antes de que éste se accidentase en Casino. El estadounidense pasó de estar a 15 segundos a apenas dos, pero le faltaron vueltas para arrebatarle el triunfo al neozelandés. Bandini logró finalmente pasar a Surtees en Gazomètre en la vuelta 87, lo que le valdría su primer podio, mientras que los múltiples abandonos permitieron puntuar a Bonnier, con siete vueltas perdidas, y a Graham Hill.

La semana antes del GP de Bélgica, algunos equipos pararon de nuevo por Reino Unido, la mayoría para correr en Mallory Park, donde Surtees se impuso a Brabham y Graham Hill (que pilotaba el Lotus de Rob Walker) tras el abandono de Clark. Ese mismo día, su compañero Salvadori terminó segundo sobre McLaren en Crystal Palace, sólo por detrás de Ireland. BRM no fue a ninguna, al igual que Ferrari y Porsche, que apenas acudían a un par de eventos no puntuables durante el año, pero los alemanes prolongaron esa ausencia a Spa. Ferdinand Porsche no estaba nada satisfecho con el rendimiento del nuevo coche, y el mal desempeño en Mónaco, donde el equipo corrió sólo porque Gurney lo pidió (con Bonnier en un coche del año anterior), hizo que una huelga en Stuttgart resultase la mar de oportuna para tomarse una carrera de descanso.

La fiabilidad era el evidente punto flaco del Lotus, y Clark volvió a sufrirlo cuando su motor reventó en los entrenamientos de Spa-Francorchamps, necesitando uno nuevo procedente de Inglaterra. La mejor de sus escasas tres vueltas sólo le valió la duodécima posición en una parrilla encabezada por Graham Hill, con un par de segundos de ventaja sobre McLaren y Taylor. Pese a ello, el escocés escaló ocho puestos en la salida, y se situó quinto. Pronto se formó un grupo de cinco coches en cabeza en el que Mairesse, que había salido sexto, y Taylor se alternaban en el liderato, con McLaren, Graham Hill y Clark detrás. Tras unas vueltas de tanteo, Clark pasó al ataque y se puso líder en el noveno giro. La gran ventaja que consiguió después derivó en su primera victoria en el Mundial, un triunfo dominante que suponía un serio aviso a navegantes.

Taylor llegó a marcharse de sus perseguidores, pero un trompo en la vuelta 17 hizo que Mairesse se le volviese a pegar. Habiendo descolgado a Graham Hill, mermado en potencia por un escape dañado, y con McLaren fuera de carrera desde la vuelta 20, tanto Taylor como Mairesse intercambiaron rebufos y persecuciones durante casi 10 giros hasta que, a seis vueltas del final, un error de cálculo del belga acabó con el Lotus del británico estrellándose contra un poste de telégrafos, y con el Ferrari volteado y en llamas. Mairesse, que fue ayudado por Taylor y algunos espectadores a huir de las llamas, sólo sufrió algunas quemaduras, aunque no volvería a correr hasta septiembre. Graham Hill terminó segundo, a 45 segundos de Clark, mientras que Phil Hill sumó su tercer podio en tres carreras batiendo por una décima a Rodríguez en un duelo que había durado toda la prueba. El mexicano logró sus primeros puntos con apenas 20 años, un récord de precocidad que no sería superado hasta el año 2000 (Jenson Button). Ya doblados, Surtees y Brabham se quedaron los últimos puntos.

Golpe de gracia alemán en el adoquín francés

Tras un nuevo duelo fuera de campeonato en Reims, en el que McLaren batió a Graham Hill y Clark abandonó con dos coches diferentes, se disputó el Gran Premio de Francia, que regresaba al adoquinado y exigente trazado de Rouen cinco años después. En esta ocasión, la ausente por una oportuna huelga de trabajadores del metal en Italia fue Ferrari, cuyos problemas no se limitaban al insuficiente rendimiento del coche, ya que Phil Hill no se sentía apoyado por el equipo. Quien si estaba de vuelta era Porsche, tras un satisfactorio test en el Nordschleife. La clasificación, eso sí, seguía siendo coto privado de los habituales: Clark batió a Graham Hill por dos décimas y a McLaren por seis, pero cayó al tercer puesto en la salida, con pequeños problemas en la suspensión. Tras el escocés, McLaren se salió de pista al perder una marcha y Brabham rompió una suspensión; delante suya, Surtees, que había salido quinto, perdió vueltas en boxes con problemas de ignición. De nuevo, los dos protagonistas eran primero y segundo.

Graham Hill contaba con unos 20 segundos de ventaja, pero pasado el ecuador de la carrera, el británico fue arrollado por el doblado Jackie Lewis, con problemas de frenos, logrando reemprender la marcha a siete segundos de Clark. El de BRM empezó a perseguir al Lotus con un ritmo endiablado hasta que la suspensión de Clark falló definitivamente, sólo tres giros después. Con un margen de 20 segundos, la victoria de Graham Hill parecía clara, pero, por segunda vez ese año, volvió a quedarse a las puertas, ésta vez por un problema en el cable del acelerador a 12 vueltas del final. Gurney heredó el liderato, y el único piloto en su vuelta, Surtees, empezó a tener problemas con el cambio una vuelta después, con lo que el estadounidense se estrenó en el Mundial en una prueba de auténtica supervivencia. Brindó, además, el que sería el único triunfo de Porsche y de un motor refrigerado por aire en la Fórmula 1, y el último de un fabricante alemán hasta BMW Sauber en 2008.

Maggs se estrenó en el podio con un segundo puesto, y Ginther salvó el día de BRM en el tercer escalón. Tras McLaren, que rescató un cuarto con tres vueltas perdidas, y por delante del meritorio Godin de Beaufort, terminó Surtees, que remató su aciago día viéndose implicado en un esperpéntico incidente. Buscando terminar la carrera en boxes, una aglomeración de gendarmes le impidió el acceso. Su ubicación pilló por sorpresa a Trintignant, quien, al intentar esquivarlo, golpeó a Taylor, causando un espectacular accidente en el que nadie resultó herido. De hecho, Taylor estuvo presente una semana después en la cita no puntuable de Solitude, siendo convidado de piedra, en tercer lugar, de una Porsche que prolongó su dulce momento con un doblete tras un accidente de Clark.

El campeonato alcanzaba su ecuador en Aintree, que acogería su quinta y última prueba del Mundial de Fórmula 1, repitiendo como sede del Gran Premio británico. La carrera, en esta ocasión, no tuvo demasiada historia en lo que a la victoria se refiere: Clark logró la pole con seis décimas sobre Surtees y dominó la carrera por completo, aventajando al piloto de Bowmaker-Yeoman, que tenía algunos problemas al meter cuarta, en 50 segundos para obtener el primero de sus ocho Grand Chelem. Ireland desapareció de su trabajada primera línea al rompérsele la maneta del cambio, y Gurney trató de continuar la racha de Porsche con un podio, pero un acople en el embrague le hizo perder puestos paulatinamente. McLaren se quedó con el tercer puesto, sin que un discreto Graham Hill, Brabham (que no pudo presionar al BRM por sufrir quemaduras en los pies) o Maggs fuesen una amenaza. Pese a que la huelga ya era historia, Ferrari solo alineó un coche, con el que Phil Hill tuvo un fin de semana para el olvido, clasificando duodécimo y abandonando a mitad de carrera cuando rodaba noveno.

Porsche llegaba en un momento inmejorable a su carrera de casa, y nadie pudo en la clasificación de Nürburgring con un inspiradísimo Dan Gurney, al que sólo Graham Hill y Clark pudieron acercarse a tres y cuatro segundos. Ambos pilotos estaban separados por un solo punto y, sumando a McLaren, Phil Hill y Surtees, los cinco primeros se agrupaban en apenas seis puntos. El escocés, no obstante, cometió un error garrafal en la salida al no activar la bomba de combustible, cayendo al fondo de la parrilla. La prueba, además, se disputaba sobre mojado, tras un retraso de una hora por un aguacero que llegó a embarrar partes de la pista. Clark ya era décimo al término de la primera vuelta, y arriesgó al límite para alcanzar el quinto lugar en la quinta vuelta. En ese mismo giro, Gurney cedió la segunda posición ante Surtees tras perder el liderato con Graham Hill dos vueltas antes, todo ello por llevar la batería colgando dentro del cockpit, a la altura de la rodilla. El piloto de Porsche logró asegurar la batería con su propia pierna en el ecuador de la prueba, y se acercó al dúo de cabeza, pero no logró encontrar un hueco. 

Los tres exhibieron sus mejores recursos de pilotaje para mantenerse en pista, y terminaron separados por apenas cuatro segundos, con Graham Hill logrando su segundo triunfo. Y eso que no llevaba la última versión de su chasis, dañada al arrollar una cámara que se soltó del coche de Godin de Beaufort (octavo en parrilla) en entrenamientos. Por su parte, Clark pasó a McLaren por la cuarta posición en la vuelta 8, e intentó acercarse a los de cabeza antes de que problemas con el combustible le obligasen a conformarse con lo que tenía. El último punto fue para Rodríguez, que llegó a poner en apuros a McLaren con su Ferrari del año pasado con motor actual, la mejor de las cuatro combinaciones que la Scuderia probó. Pilotando el modelo más nuevo, Phil Hill pasó del 12º al tercer lugar en la salida, pero una mancha de aceite en su visor y una posterior rotura de la suspensión hundieron sus opciones.

BRM se doctora en Monza

En el mes y medio que separaba Nürburgring de Monza, se disputaron carreras no puntuables en Karlskoga (victoria de Gregory, abandonos de Graham Hill y Surtees), Pergusa (monólogo Ferrari con Bandini y Baghetti), Roskilde (Brabham derrotando en un Lotus 24 a los pilotos de UDT Laystall) y Oulton Park, donde Clark venció a Graham Hill. Pese a su reciente triunfo en tierras danesas, una disputa monetaria con los organizadores hizo que Brabham, que había debutado su BT3 en el Nordschleife con problemas de motor en clasificación y un abandono en carrera, no viajase a una Monza que había regresado a su configuración clásica, abandonando el tramo ovalado a raíz de la muerte de von Trips. 

En un duelo igualadísimo, Clark logró su cuarta pole del año superando a Graham Hill por sólo tres centésimas, con Ginther, McLaren e Ireland a segundo y medio, pero los Lotus oficiales sufrieron numerosos problemas de caja de cambios durante el fin de semana y, pese a traer piezas nuevas de la fábrica, se quedaron sin recambios para la carrera. Con ello, Clark, superado por Graham Hill en la primera vuelta, tardó sólo tres vueltas en entrar a boxes. Taylor, más rezagado en parrilla, duró algo más, pero los Lotus 25 ya estaban aparcados antes de la vuelta 20. Con ello, Graham Hill se impuso sin casi oposición, liderando un doblete de BRM con Ginther a medio minuto. Tras una gran salida, Surtees peleó con el americano durante gran parte de la prueba, intercambiando algunos adelantamientos hasta romper el motor en la vuelta 43. La falta de desarrollo de su Lola Mk4, causada por los problemas económicos de Bowmaker, empezaba a quedar de manifiesto pese a los buenos resultados previos.

La gran pelea de la carrera, sin embargo, se dio por lo que sería la tercera posición. McLaren y Gurney iniciaron un mano a mano al que se sumó Maggs sobre la vuelta 28, adelantándose los tres. El sudafricano tuvo que entrar a boxes a por más gasolina en la vuelta 54, una circunstancia que McLaren había previsto llenando a tope su depósito. Un trio de pilotos formado por Mairesse, Baghetti y Bonnier les dio caza, convirtiéndolo en una batalla de cinco coches de la que Gurney se cayó en la vuelta 67 con problemas de diferencial cuando lideraba el grupo. Mairesse rebasó a McLaren a seis vueltas del final, pero el neozelandés perseveró, y en la última vuelta, adelantó al belga en la Parabólica para subir al podio. Con anterioridad, se descolgaron Baghetti, tras un trompo y Bonnier, con problemas en el embrague, completando ambos la zona de puntos.

El camión de Ferrari se abría camino en el paddock de Spa con cuatro 156.

Monza supuso el punto de ruptura de la temporada para Ferrari. Mairesse encabezó al equipo en parrilla (décimo) y en carrera, pero el contingente de cinco coches falló estrepitosamente en su coto privado. Ya sin opciones de conquistar ningún campeonato, Enzo Ferrari anunció cinco días después que daba por terminada la temporada, y que liberaba a sus pilotos de sus obligaciones contractuales. Tras tres semanas, Graham Hill disponía de su primera oportunidad de campeonato con sus 36 puntos, 14 sobre McLaren y 15 sobre Clark. La regla de los cinco mejores resultados, aún así, hacía que McLaren ya no tuviese opciones de título, y que Clark aún dependiese de sí mismo: dos victorias le harían campeón. Sabedor de lo que necesitaba, el escocés no dio opción en la clasificación de Watkins Glen a los BRM, logrando la pole por ocho décimas sobre Ginther. 

En un día nublado que amenazaba lluvia, Graham Hill, tercero en parrilla, tomó la iniciativa de la persecución en la salida. Aprovechando un difícil grupo de doblados, pasó a Clark en la vuelta 12, pero el piloto de Lotus recuperó el liderato siete vueltas después. Ambos dominaron la carrera por completo, doblando a toda la parrilla y rodando más rápido que en clasificación, pero fue Clark el que se impuso con una ventaja de nueve segundos pese a tener problemas con el embrague, manteniendo vivas sus opciones de título. Detrás, Ginther resistió la ofensiva de Gurney hasta que, en la vuelta 36, rompió motor al errar en un cambio. El de Porsche no pudo conservar el podio ante el ataque de McLaren, que le pasó en la vuelta 57, y una pérdida de potencia le costó el cuarto lugar ante Brabham, en la primera carrera destacada del BT3. UDT Laystall, cuyo enfoque dividido de motores (Climax para Ireland, BRM para Gregory) resultó un fiasco aquel año, logró su primer punto en dos años con un Gregory al que no llevarían a la prueba final de East London, Sudáfrica.

Pedro y Ricardo Rodríguez, dos jóvenes pilotos que se convirtieron en leyenda en México.

En los casi tres meses que transcurrieron entre una carrera y otra, ocurrió de todo. Tras un fallido acuerdo para correr en Watkins Glen (al igual que Phil Hill, que llegó a calificar un Porsche antes de renunciar), Ricardo Rodríguez compitió a principios de noviembre con Rob Walker en el Gran Premio de México, prueba no puntuable que servía de evaluación para la introducción del Autódromo Magdalena Mixhuca en el calendario del Mundial. En clasificación, salió a por todas en busca de la pole, pero el joven y temerario piloto local encontró la muerte en el acto al golpear el muro de la velocísima Peraltada, tras ceder la suspensión trasera derecha de su Lotus 24. El triunfo compartido de Trevor Taylor y Jim Clark el día siguiente pasó a ser anecdótico. Más relevante fue la confirmación de que Porsche renunciaba a la Fórmula 1 con efecto inmediato: los costes ya no compensaban los beneficios, y sus proveedores preferían la resistencia. 

A mediados de octubre, Climax llegó a la misma conclusión para la siguiente temporada, alegando que desarrollar y suministrar motores para 10 coches a tiempo completo no daba los réditos suficientes. Sólo un acuerdo de emergencia con los constructores británicos, que accedieron a financiar parte del desarrollo de los motores, permitió una marcha atrás en diciembre. Ya en Sudáfrica, los equipos prepararon el asalto final con dos carreras no puntuables en Kyalami y Westmead que se saldaron con sendos dobletes de Lotus y problemas para Graham Hill. En ese último evento compitió Gary Hocking, campeón del mundo de motociclismo en 500cc y 350cc en 1961, que había dejado las dos ruedas tras ganar el TT de la Isla de Man. El rodesio pretendía debutar en East London para seguir los pasos de Surtees, pero perdió la vida después de dar dos vueltas de campana por otro fallo en la suspensión, fracturándose el cráneo contra la barra antivuelco. Con dos muertos y el grave accidente de Moss, sumado a la falta de resultados de Trintignant, Rob Walker cerraba así un año espantoso.

Sudáfrica decide al campeón en Navidad

East London acogió, el 29 de diciembre, el primer Gran Premio de Sudáfrica puntuable, en la resolución más tardía de la historia del Mundial. Con nueve puntos de diferencia, las matemáticas eran claras: si Clark ganaba, sería campeón. Cualquier otro resultado daba el título a Graham Hill. Su duelo era también parte esencial de la pelea por el campeonato de Constructores, en el que BRM aventajaba a Lotus por tres puntos. Desde el primer momento, ambos pilotos estuvieron en otra liga: mientras que el resto de la parrilla no bajó el 1:31.0 de Brabham, Clark, que había declinado un nuevo motor con inyección de carburante, logró su sexta pole del año con un 1:29.3, batiendo por tres décimas a Graham Hill. Ante unas gradas abarrotadas, los dos se marcharon del resto con un ritmo trepidante, pero era Clark quien tenía la mano ganadora. Ambos pilotos fueron al límite, pero el escocés, que llegó a ser un segundo más rápido por vuelta, abrió un hueco de hasta medio minuto.

Con los dos campeonatos en el bolsillo, la pesadilla del Lotus 25 regresó en el peor momento posible. A falta de 23 vueltas para el final, mientras doblaba a Brabham, Clark se percató de que su motor echaba humo. Un tornillo de apenas cinco centímetros se había soltado por no llevar su arandela, permitiendo una fuga de aceite. Tres vueltas después, Clark no tuvo más remedio que abandonar. La carrera, y el campeonato, eran de Graham Hill y BRM, que vencieron con 50 segundos de ventaja, siendo recibidos en loor de multitudes y desterrando así el sambenito de eterna promesa que el equipo de Alfred Owen había arrastrado durante una década.

En la pelea por el podio, los Cooper de McLaren y Maggs alternaron posiciones con Surtees hasta que el motor del Lola cedió en la vuelta 26. Con el abandono de Clark, ambos acabaron en segundo y tercer lugar, asegurando el neozelandés su tercera posición en la general y la de Cooper, y permitiendo que el sudafricano subiese al podio ante su afición. Una mala salida finiquitó las opciones de Brabham, aunque se recuperó para repetir en la cuarta posición, por delante de Ireland. El último punto recayó en un piloto privado, Neville Lederle. De largo el más veloz de los invitados locales tanto en las carreras no puntuables como en clasificación, Lederle aprovechó los problemas de pilotos como Ginther o Salvadori, que abandonó por séptima vez en siete carreras, para terminar sexto en su Lotus 21. Al año siguiente, ganaría el campeonato sudafricano de Fórmula 1 antes de retirarse para dirigir un concesionario Volkswagen.

Las retiradas y muertes de años anteriores, rematado todo ello con el incidente de Moss, había dejado a la Fórmula 1 desprovista de grandes figuras reconocibles más allá de Brabham. 1962 fue el año en el que la categoría encumbró a dos de sus personalidades más destacadas rumbo al estrellato, con un duelo directo entre dos pilotos y marcas británicas que hicieron hincar la rodilla a los gigantes europeos. El primer asalto penalizó la falta de fiabilidad de una innovadora Lotus que prometía revancha, y que sentó las bases de lo que estaba por venir. Reino Unido había regresado al primer plano, esta vez para quedarse.

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CLASIFICACIÓN DEL CAMPEONATO DE PILOTOS

Pos.Piloto
Marca
Puntos
Graham HillBRM42
Jim ClarkLotus30
Bruce McLarenCooper27
John SurteesLola19
Dan GurneyPorsche15
Phil HillFerrari14
Tony MaggsCooper13
Richie GintherBRM10
Jack BrabhamBrabham / Lotus9
10ºTrevor TaylorLotus6
11ºGiancarlo BaghettiFerrari5
12ºLorenzo BandiniFerrari4
13ºRicardo RodríguezFerrari4
14ºWilly MairesseFerrari3
15ºJo BonnierPorsche3
16ºInnes IrelandLotus2
17ºCarel Godin de BeaufortPorsche2
18ºMasten GregoryLotus1
19ºNeville LederleLotus1

(N. del E.: Los seis primeros clasificados de la general pilotaron seis monoplazas diferentes. Tal anomalía no se ha vuelto a repetir, aunque en otras ocho temporadas ocurrió lo mismo con los cuatro primeros)

Sin puntos (con, al menos, dos Grandes Premios disputados): Maurice Trintignant (Lotus), Jackie Lewis (Cooper), Nino Vaccarella (Porsche / Lotus), Lucien Bianchi (Lotus / ENB), Jo Siffert (Lotus), Ian Burgess (Cooper), Tony Settember (Emeryson), Wolfgang Seidel (Emeryson / Lotus) y Roy Salvadori (Lola).

CLASIFICACIÓN DEL CAMPEONATO DE CONSTRUCTORES

Pos.Marca
Puntos
BRM42
Lotus-Climax36
Cooper-Climax29
Lola-Climax19
Porsche18
Ferrari18
Brabham-Climax6
Lotus-BRM1

Fotos: Ferrari / Porsche / Lothar Spurzem / no atribuidas

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