Alemania prepara la guerra a los malos humos de los diésel

Los políticos alemanes están tomando iniciativas para aliviar la contaminación de las grandes ciudades poniendo el foco en los motores diésel. Están pidiendo la colaboración de los fabricantes, pero seguramente acaben tomando medidas unilaterales para preservar la salud de la población.

Comunicado conjunto en la Web del lander de Baviera

Si hay un país europeo donde la industria del automóvil es importante, deberíamos mirar primero a Alemania. De los 19,2 millones de vehículos (turismos y VI) fabricados en la Unión Europea en 2016, más de 6 millones se produjeron allí. Eso es más del doble del segundo productor, España.

Es comprensible, por tanto, que las autoridades tiendan a dar un trato favorable a los fabricantes allí establecidos. Sin embargo, el aumento de las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx) de los motores diésel y el escándalo Volkswagen está endureciendo sus posiciones.

Hoy se ha publicado un comunicado conjunto de los representantes de las regiones de Baden-Württemberg, Baviera, Hesse, Baja Sajonia y Renania del Norte-Westfalia, exigiendo cambios a los fabricantes. En esas regiones tienen las sedes Daimler, Porsche, BMW, Opel y Ford Europe. Quieren menos humos, especialmente de los diésel.

Las emisiones reales de NOx superan los límites legales en prácticamente todos los fabricantes, pero hay grandes diferencias entre ellos (generación Euro 6)

Si los fabricantes mencionados se hubiesen ceñido -en el mundo real- a los límites legales de emisiones, no habría tanto problema, pero es muy habitual que se superen dichos límites dos a cuatro veces de lo marcado por Bruselas. En consecuencia, es como si circulasen por Alemania varios millones de vehículos más, y la calidad del aire empeora en esa línea.

¿Qué piden los administradores de esos cinco landers?

Por un lado, piden ofrecer mejoras a los propietarios del parque existente de vehículos diésel, de forma que no tengan coste para sus dueños, y que se reduzcan las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx). Por otro lado, piden incentivos para que sea más fácil adquirir un diésel de última generación (Euro 6).

Paralelamente, los alcaldes de varias ciudades importantes han amenazado con prohibir la circulación de los diésel si sigue aumentando la contaminación. En ese clima de hostilidad las ventas de estas motorizaciones han ido perdiendo peso en los últimos meses. Estas medidas afectarán primero a los diésel más antiguos, no a todos, pero el miedo del consumidor está ahí a medio y largo plazo.

Poco a poco nos acercamos aun escenario de hostilidad hacia el gasóleo como el que tuvo Japón desde mediados de los años 90, cuando inició la campaña "Diga no a los vehículos diésel". Con especial énfasis en el transporte pesado, se vigiló mucho que los vehículos cumpliesen con la normativas, incluso con teléfonos de denuncia anónima. Estos motores llegaron a desaparecer del mercado durante meses por el rechazo generado.

Los dirigentes de los cinco landers de momento hacen esta petición por las buenas, pero no está muy lejos una exigencia a nivel nacional para llamar a revisión a unos 12 millones de vehículos para que se reduzcan sus emisiones reales de NOx, tanto los Volkswagen como los que no lo son.

Recordemos que fabricantes como Renault, Opel o Mercedes-Benz ya han hecho -voluntariamente- llamadas a revisión para reducir el nivel contaminante de decenas de miles de sus coches. Lo más económico es reprogramar centralitas, aunque lo más eficaz sería hacer modificaciones mecánicas, pero eso ya sería muy caro.

Volkswagen Golf Variant TDI equipado con un sistema portátil de medición de gases de escape (PEMS)

Si se produce semejante llamada a revisión, lo fácil es que más países sigan el ejemplo y obligen a los fabricantes a hacer lo propio, como por ejemplo Francia. La Unión Europea carece de los mecanismos para exigir eso, son los estados miembros los que han de pedir -u obligar- a los fabricantes a que reduzcan el problema que ellos mismos han creado.

La verdad permaneció oculta durante años ya que era muy poco habitual hacer pruebas de emisiones fuera de laboratorio, ya que los equipos de medición portátiles (PEMS) eran muy caros. Progresivamente han ido aumentando las pruebas, y la conclusión es unánime: prácticamente no hay ningún diésel que cumpla los límites marcados por Bruselas en el momento que se homologaron.

Poco a poco el diésel está siendo acorralado en Europa. Desde septiembre de 2017 homologar un nuevo vehículo va a ser más difícil si es diésel, por lo que los fabricantes reducirán oferta. Los que ya están sueltos, tendrán que acabar siendo llamados a revisión o tendrán problemas para circular. No ha de extrañarnos, en consecuencia, que los gasolina, los eléctricos, los híbridos y las alternativas a gas estén ganando popularidad.

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