¿Quieres estar informado diariamente con las últimas novedades del mundo del motor?

Ahora noPermitir
Mis favoritosAccesoVender coche
    Autobild.es

    El nuevo presidente de EEUU, Joe Biden, será más proclive a cambiar la industria

    Joe Biden, en un discurso de campañaGOP War Room

    El que fuera vicepresidente bajo la administración Obama, Joe Biden, ha sido proclamado presidente electo de Estados Unidos de 2021 a 2024. Bajo su mandato diversos analistas coinciden en que acelerará los cambios que necesita la industria para modernizarse, a diferencia de Trump.

    Salvo sorpresa mayúscula, Joe Biden ha ganado las elecciones presidenciales de noviembre de 2020 frente al candidato republicano y presidente saliente, Donald Trump. Como vimos hace unos días, la elección de uno u otro tendría implicaciones en el mundo automovilístico, y no solo en lo que respecta a ese país concreto.

    Bajo su vicepresidencia (2009-2016), la industria norteamericana sufrió muchos cambios. Ford, General Motors y Chrysler habían pedido un rescate a la saliente administración Bush, finalmente solo GM y Chrysler fueron rescatadas y modernizadas. Tras la reestructuración, ambas empresas salieron más fuertes. También estuvo detrás de su particular «Renove», el conocido como «Cash For Clunkers».

    De momento sabemos que una de las primeras prioridades de la administración Biden será luchar de forma más decidida contra el COVID-19, habida cuenta de que han muerto casi un cuarto de millón de ciudadanos por la pandemia. Trump se lo tomó menos en serio, incluso después de haber sido infectado también.

    Impacto del programa «Cash For Clunkers» o CARS de 2009

    Pero el devenir de la industria del motor de Estados Unidos no es ajeno a Biden. Si bien no será una política tan agresiva como el «America First» de Trump, usando las amenazas de barreras comerciales como forma de negociar, sí estará destinada a aumentar el empleo y la transformación de su industria.

    Estas palabras serán clave: automatización, conectividad y electrificación

    Las grandes automovilísticas de EEUU, que son Ford, GM y FCA, se han refugiado últimamente en unas líneas de negocio muy rentables, los SUV y los pick-up, con márgenes comerciales más altos que en los turismos y modelos más eficientes a nivel energético. El esfuerzo por electrificarse parece más decidido en fabricantes pequeños (salvo Tesla, que crece muy rápido).

    Para Biden, las tres majors no están realizando todos los esfuerzos posibles en avanzar hacia el futuro, por lo que tomará medidas de estímulo para que los consumidores adopten vehículos de nueva tecnología y se acelere la transformación que es inevitable. China y la Unión Europea lo tenían más claro, y por anticipado.

    Cadena de montaje del Rivian R1T

    La administración Biden se acercará a organizaciones internacionales y tratará de ir menos por su cuenta, adoptando el acuerdo de París (del que Trump se salió), para que los fabricantes tengan objetivos claros a medio y largo plazo. Todo esto con mensajes más calmados y más firmes, no tanto tuiteo impulsivo. No se esperan cambios en el acuerdo comercial T-MEC que reemplazó al NAFTA/TLCAN con sus vecinos fronterizos.

    Si sumamos todos los empleos de la industria del automóvil en ese país sumaremos a más de 10 millones de personas. Biden pretende que se genere otro millón de empleos, apoyará la compra de vehículos más eficientes, no peleará con California (que tiene estándares más exigentes) y hasta favorecerá la compra de vehículos eficientes para uso público.

    No solo eso, planea levantar 500.000 puntos de recarga para vehículos eléctricos que estén listos antes de 2030, favoreciendo así el cambio de chip del consumidor. Hay quien compara estos cambios con los que impulsó Ford Motor Company al adoptar la producción en cadena frente al paradigma de producción casi artesanal con métodos de la era de los carruajes de caballos, un siglo antes.

    Donald Trump se reunió en la Casa Blanca con los principales fabricantes al poco de ser investido presidente (2017)

    No será a priori tan sencillo, porque aunque el presidente será demócrata, y el Congreso tiene mayoría demócrata, el Senado está más controlado por los republicanos, que actuarán de contrapeso. Pueden poner límites al gasto gubernamental que estimule la citada transformación.

    Mientras tanto, la industria quiere certezas, saber a qué acogerse para hacer planes a futuro, incluyendo el suministro estratégico de acero, aluminio o baterías electroquímicas. En ese sentido, la administración Biden se presupondrá más dispuesta a dialogar que a imponer, y a que las políticas sean más predecibles. Biden tampoco busca una revolución, sino otro enfoque.

    A fin de cuentas, Biden quiere ser menos dependiente de China, penalizar a las empresas que saquen producción de EEUU y dar facilidades a las que la aumenten. Y los aranceles no se usarán tanto como arma arrojadiza, ya que a corto plazo pueden funcionar, pero a medio y largo plazo sería perjudicial para la industria, al hacerse menos competitiva.