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    Ya está en vigor el T-MEC impulsado por Trump, adiós a los salarios bajos en origen

    Enrique Peña Nieto (MEX), Donald Trump (USA) y Justin Trudeau (CAN) firman el T-MEC en 2018Casa Blanca

    Desde 1994 había imperado entre los tres países norteamericanos el NAFTA, o TLCAN por sus siglas en español. Ahora, el Tratado entre Méjico, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ya está vigente, e implica que el país hispanoamericano deja de ser un lugar barato para hacer automóviles.

    Durante años Méjico ha sido el país ideal para fabricar automóviles cerca de Estados Unidos, ya que los salarios medios estaban en 8 dólares (estadounidenses) a la hora para fábricas de ensamblaje, y de hasta 4 dólares en el caso de empresas de componentes.

    Eso, y la cercanía geográfica, además del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), fue suficiente para que se implantasen varios fabricantes en el país y desplegasen enormes instalaciones. Todo ello trajo prosperidad al país y aumentó su importancia entre los 10 principales productores mundiales.

    Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca, en enero de 2017, quiso cambiar muchas cosas en el orden mundial. El presidente de Estados Unidos quería que los fabricantes volviesen a fabricar dentro del país, y buscó la forma de intentarlo. Una de sus herramientas fue renegociar los principales acuerdos comerciales, en concreto el TLCAN.

    Volkswagen Golf

    Tras varios meses de negociaciones y alguna que otra amenaza tuitera de Trump, el acuerdo fue firmado en la cumple del G20 que se celebró en Buenos Aires, el 30 de noviembre de 2018. El nuevo acuerdo ha entrado en vigor el pasado miércoles, 1 de julio, y obligará a realizar cambios en la industria mejicana de aquí a cuatro años.

    En 2016 Trump definió en Twitter al TLCAN como "el peor acuerdo de la historia" de su país

    En primer lugar, se imponen condiciones para que los vehículos fabricados en América del Norte entren en los Estados Unidos libres de aranceles. El Valor de Contenido Regional (VCR) aumenta del 62,5% al 75%. En otras palabras, se incrementa la cantidad de componentes que hayan sido producidos en alguno de los tres países del tratado.

    No solo eso, también aumenta el Valor de Contenido Laboral (VCL) del 30% al 40%. Esto significa que al menos el 40% del valor del vehículo debe haber sido producido por empleados que cobren un mínimo de 16 dólares la hora, el estándar en EEUU. Dicha condición es única en el mundo en un acuerdo comercial.

    Audi Q5

    Según informa Nikkei Asian Review, varias empresas japonesas implantadas en Méjico están pensando que les sale a cuenta duplicar o triplicar salarios en el país antes que trasladar la producción al propio Estados unidos. Esto lo acabará pagando el consumidor.

    El aumento de los salarios tiene una consecuencia negativa para los empleados mejicanos, y es que en algunos casos puede salir a cuenta reemplazarlos por robots. Es el caso de Piolax, un fabricante de componentes que está ya reemplazando trabajadores por máquinas para no disparar el gasto en salarios.

    Otras empresas preferirán asumir los aranceles de vehículos y componentes al ser eso más económico que aumentar los salarios a un lado de la frontera o llevarse la producción al otro. Nuevamente, el riesgo latente es que los aranceles los asuma el consumidor estadounidense de su bolsillo.

    Según el Center for Automotive Research de Estados Unidos, entre el 13% y el 24% de los vehículos comercializados en el país van a sufrir incrementos de precios entre 470 y 2.200 dólares. Los incrementos de precios acabarán afectando a unas ventas que ya estaban contrayéndose antes de la crisis del COVID-19.

    El mercado estadounidense puede encoger hasta en 1,3 millones de unidades anualmente, juntando todos los factores, lo que implicará pérdida de empleos: de 70.000 a 360.000 según la misma fuente, así como una pérdida del PIB de 6.000 a 30.400 millones de dólares. Visto así, el T-MEC no parece el mejor acuerdo posible.

    Si se afecta a la eficiencia empresarial y logística, aumentan los costes, y por ende los precios

    Otra consecuencia del T-MEC es que el 70% del acero y del aluminio que se empleen en los vehículos deben ser también de Norteamérica. Recordemos que el acero y el aluminio fueron dos productos que fueron gravados con aranceles en el intento de recuperar puestos de trabajo en siderúrgicas de Estados Unidos por parte de Trump.

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