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Jessi Combs, un récord para la historia pero con un precio demasiado caro

Jessi Combs y el North American Eagle

Jessi Combs falleció en agosto del año pasado buscabando el récord absoluto de velocidad femenino sobre ruedas. Casi un año después se ha confirmado que antes de sufrir el fatal accidente consiguió alcanzar los 841 km/h y, con ello, el sueño que anhelaba, aunque le costó la vida. Esta es su historia y su legado.

Es probable que si eres adicto a los programas de motor hayas oído hablar de Jessi Combs. Aunque apareció en multitud de programas, en España pudimos verla en «Overhaulin» o «Mythbusters» (Cazadores de Mitos).

Pero en ninguno de estos programas hacía el papel que por desgracia tienen reservado a las mujeres, es decir, copresentadora y poco más. Jessi era piloto, pero por encima de todo, una excelente constructora de vehículos con una gran experiencia.

Nacida en Rockerville, Dakota del Sur el 27 de julio de 1980, pasó la mayor parte de su juventud en Piedmont, a donde se trasladó cuando tenía dos años. En 1998 se graduó en la Stevens High School para posteriormente ingresar en la WyoTech (Wyoming Technical Institute), una escuela técnica especializada en el diseño y construcción de automóviles.

Allí se especializó en cursos como reconstrucción de automóviles accidentados, construcción de Street Rods, fabricación de vehículos a medida y mejora de rendimiento de motores y transmisiones.

Tras terminar los estudios en 2004, el propio departamento de marketing de la Wyo Tech la contrató a ella y a otro estudiante para construir un automóvil de cero en seis meses y debutar así nada menos que en el SEMA, dentro del programa de la Asociación de Marketing de Equipos Especializados.

A partir de aquí empezó a participar en más y más proyectos, pasando a forma parte de la Sociedad Americana de Soldadura. Consiguió además el reconocimiento de las mujeres en una profesión en la que, normalmente, está copada por hombres. Era capaz de construir prácticamente cualquier cosa, pero no se le daba solamente bien el metal sino también el cuero o la fotografía.

En 2008 sufrió un accidente que casi le costó la vida. Una estructura metálica le cayó encima y le partió la columna por la mitad. Tras más de un año de operaciones y rehabilitación, consiguió volver a caminar, cuando lo normal hubiese sido que se hubiese quedado postrada en una silla de ruedas.

Poco después le empezó a picar el gusanillo de la competición. Aunque ya pilotaba en carreras, se metió mucho más en serio de forma paralela a su profesión de constructora. En 2011 acabó segunda en la Baja 1000 (clase 10) y dos años después se apuntaba su primer récord de velocidad.

Fue el 9 de octubre de 2013 sobre el North American Eagle (NaE) Supersonic Speed ​​Challenger en el desierto de Alvord, donde alcanzó una velocidad máxima de 632 km/h, y con ello, el récord de velocidad en tierra para mujeres sobre un vehículo de cuatro ruedas.

Su velocidad máxima fue de 709 km/h. Se batía así una marca con 48 años de antigüedad y que hasta entonces había estado en posesión de Lee Breedlove que, con el Spirit of America - Sonic 1, había alcanzado en 1965 los 496,5 km/h.

El 7 de septiembre de 2016, Jessi Combs superaba su propio récord y establecía una nueva marca de 768,61 km/h. Ya era la mujer más rápida de la tierra sobre cuatro ruedas, aunque todavía no tenía el récord absoluto femenino.

Antes ya había conseguido victorias en el Ultra 4 King of the Hammers, en el Campeonato Nacional Ultra 4 y además, en el Rallye Aicha des Gazelles que se celebra en el sur de Marruecos, fue la mejor debutante, quedando décima en la clasificación general.

Llegamos así al 27 de agosto de 2019, día en el que Jessi Combs, de nuevo junto al equipo del North American Eagle, se dispone a atacar el récord absoluto de velocidad. Como cuenta su pareja, Terry Madden, ese día se despertó con una alarma en el móvil que rezaba «hagamos historia».

Con todo preparado y en pasada de la mañana (tened en cuenta que los récords se hacen a dos pasadas, ida y vuelta con un tiempo máximo entre una y otra, y se calcula la velocidad media de ambas), rompió todos sus anteriores récords. Pero a la vuelta, con el vehículo en el remolque para ser revisado, Jessi y Terry tuvieron algunos malos presentimientos.

Aun así, Terry le dijo que fuese cual fuese su decisión, la apoyaría hasta el final. Reservaron una casa en el lago Tahoe para el día siguiente y Jessi decidió que la pasada de la tarde sería la última que haría antes de colgar el casco. Completaría el intento de asaltar el récord por última vez y luego se olvidaría de todo.

Cuando Jessi ya había alcanzado la máxima velocidad y se encontraba ya frenando, la rueda delantera impactó contra un objeto que había en el suelo y todo el tren delantero colapsó, lo que destrozó el vehículo a reacción de 50.000 CV. Falleció en el acto y, posteriormente, el vehículo se incendió.

El equipo recogió todos los datos para verificar si finalmente Jessi Combs había conseguido superar o no el récord. Nada le iba a devolver a la vida, pero sí podría ser recordada como la mujer más rápida, algo que finalmente ha sido reconocido por el Libro Guinness. La velocidad media que consiguió fue de 841,338 km/h, con una máxima antes de sufrir el accidente de 885 km/h.

Esta marca supera el anterior récord, que había estado en manos de Kitty O'Neil desde 1976, cuando en ese mismo escenario (Alvort Desert, Oregón), había conseguido alcanzar una media de 825,13 km/h.

Jessi Combs no podrá disfrutar del récord, pero ha dejado un legado y ha sido un ejemplo para muchas personas, sobre todo mujeres. Como dijo otro adicto a la velocidad, Burt Munro, «El peligro es la esencia de la vida. Hay que arriesgarse de vez en cuando, eso hace que la vida valga la pena».

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