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    Las autoescuelas españolas se encuentran en una situación límite

    Autoescuela con medidas de protección contra el COVID-19Autoescuela JUPIMA

    En nuestro país una actividad tan esencial como formar nuevos conductores está en peligro. Las autoescuelas, en su mayoría pequeñas y medianas empresas, están teniendo muchos problemas que se arrastran desde 2015, a lo que se ha sumado la crisis del coronavirus.

    El 29 de octubre de 2015 se desconvocó una gran huelga de examinadores de la DGT, la cual duró seis semanas y provocó la suspensión de 60.000 exámenes. Dichas pruebas hubo que dilatarlas en el tiempo. Volvió a pasar en 2017, solo que el paro duró cinco meses, hasta diciembre, y el número de pruebas suspendidas alcanzó las 210.000.

    Estos paros fueron un duro golpe para las autoescuelas y sus alumnos, ya que se ampliaban considerablemente los plazos para someterse a exámenes, alterando el funcionamiento normal de estos centros formativos. Muchos alumnos se formaron y/o examinaron en otras provincias para huir de los atascos administrativos.

    Sin que se hubiese recuperado la situación normal, llegó la crisis del coronavirus, el 14 de marzo hubo que cerrarlo todo, y obviamente las autoescuelas no se consideraron una actividad esencial. Tampoco la atención al público en la DGT, que como otras administraciones cerraron a cal y canto la atención al público.

    Jornada de protestas en Madrid de las autoescuelas, marzo de 2017

    Tras superar la primera ola de la pandemia, las autoescuelas pudieron recuperar la actividad en la fase 2 de la desescalada, adoptando medidas de protección contra el COVID-19 tanto en las aulas de teórica como en las clases prácticas con vehículos. Ídem respecto a los exámenes, la seguridad sanitaria ante todo.

    La inactividad costó al sector 200 millones de euros al mes, según CNAE

    Estas medidas de seguridad no han salido precisamente gratis a las autoescuelas: gel hidroalcohólico, mamparas de protección, mascarillas, etc. Lo mismo que cualquier lugar con atención al público. Y por si eso no fuese poco, llegó otro problema, la precipitada digitalización administrativa que ha pillado a muchos empresarios de la formación vial con el paso cambiado.

    En el caso de la DGT en la Comunidad de Madrid, la Asociación de Pequeños Empresarios de Autoescuelas regional (APEAM) echa pestes por las «trabas» y «la mala gestión de la Jefatura Provincial de Tráfico». Lo que antes se tenía que hacer presencialmente y con papel ahora se hace telemáticamente, con poco periodo de adaptación e información insuficiente.

    Así eran las autoescuelas en la era pre-COVID - Fotografía: Autoescuela Miguel (Flickr) CC BY

    Tan mala es la situación, que la APEAM habla abiertamente de que sus representados están «al borde de la quiebra». Es más, piden que si la JPT no es capaz de hacer su trabajo, que se plantee la posibilidad de privatizar el servicio. Total, los servicios de la JPT a autoescuelas y aspirantes a conductores no son gratuitos, hay que pagar tasas.

    En algunos países europeos este tipo de servicio ya ha sido privatizado

    «Estas decisiones no sólo afectan al crecimiento y expansión de nuestras empresas, también perjudican al renacer de las autoescuelas después de más de tres meses con nuestros centros cerrados», añadía el comunicado de la APEAM. «Las autoescuelas nos sentimos abandonadas por este organismo», apostillaron respecto a la JPT.

    Según datos del sector, en Madrid las pruebas se han reducido a la mitad. La DGT no cree que la situación sea tan mala, de acuerdo a datos recopilados por ABC y a una declaración del ente público: «ni estamos al borde del colapso, ni estamos gestionando mal, el sistema otorga las citas sin ningún tipo de problemas».

    La semana pasada aportó su visión del problema Enrique Lorca, presidente de CNAE, que explicó a los micrófonos de «El gallo que no cesa» (RNE 1) cómo se estaba produciendo la vuelta a la actividad de las autoescuelas. Es un sector muy atomizado, con mucha competencia, bajos márgenes, y una clientela que desciende por diversas causas, entre ellas la demografía de hace 18 años o anteriores. Faltan alumnos, vaya...

    Anteayer, martes 21, el presidente y tres vicepresidentes de la CNAE fueron a entrevistarse con Juan José Matarí, responsable de la Comisión sobre Seguridad Vial del Congreso de los Diputados, para trasladarle su preocupación. Los problemas con la DGT están poniendo a las autoescuelas en una situación límite.

    Eso respecto a las que aún sobreviven, ya que muchas han tenido que cerrar por razones económicas, trasladando el problema a sus empleados y sus familias. Sus exigencias parecen bastante razonables: transición digital más ordenada, que haya más funcionarios, más exámenes, y que el tapón de alumnos por examinar se erradique, ya que el coronavirus no va a desaparecer antes.