Mazda quiere echar algas a su motor diésel, la promesa es para 2030 pero hoy apenas produce un litro en dos semanas
Mazda promete que todos sus diésel producidos en Japón saldrán de fábrica con un biocombustible a base de microalgas a principios de los 2030. Sin embargo, su producción no es tan sencilla. La marca nipona apenas ha logrado producir algo más de un litro en dos semanas.

Mazda está empezando a apostar por los coches eléctricos, pero la marca nipona busca alternativas serias para mantener la combustión tradicional en lo más alto. Los de Hiroshima trabajan en el desarrollo de diversas tecnologías con el foco puesto en la reducción de emisiones. Un objetivo que ya han conseguido con un motor diésel que captura su propio CO2.
Este es el gran desafío de la marca japonesa, un motor diésel que no quiere soltar de ninguna manera, y una idea para que siga siendo políticamente correcto: alimentarlo con algas. Su proyecto de biodiésel de microalgas, en el que trabaja desde hace más de seis años, ha sido elegido por la NEDO, la agencia japonesa de nuevas energías, y el objetivo es que ese combustible sea el de fábrica para todos los diésel que la marca construya en Japón desde principios de la década de 2030.

Qué ha anunciado exactamente Mazda
Suena a golpe de efecto este proyecto que no sólo cubría la transformación de las algas en un combustible sintético, sino también toda la cadena: desde el cultivo de las microalgas a la extracción de los lípidos. Ahora, sabemos que Mazda se encargará de esta parte, mientras Idemitsu Kosan, su socio en el proyecto, estudia cómo convertir esos lípidos en HVO, un diésel renovable hidrotratado.
Detrás hay más de una década de trabajo. Ya en 2018 la marca defendía que los motores de combustión, con algún grado de electrificación, seguirían suponiendo en torno al 95 % de su producción en 2030, y que por eso hacía falta un combustible líquido renovable.
La idea no es nueva, pero lleva años en el cajón porque se ha llegado a un punto flaco. Mazda ha logrado producir algo más de un litro de combustible en unas dos semanas con un tanque de cultivo de 1.000 litros.
Mazda no ha revelado objetivos de producción ni la financiación del proyecto. Es decir, hay una fecha (principios de los 2030), un ámbito (todos los diésel fabricados en Japón) pero ningún número que explique cómo se llega de aquí hasta allí.
La historia de las algas como combustible no es un cuento de éxito
El historial del sector tampoco invita al entusiasmo. Tras numerosos fracasos, pruebas fallidas y costes de producción enormes e imprevistos, el biocombustible de algas ha dejado de ser el favorito y muchas compañías, entre ellas Shell, abandonaron la carrera. Algenol, una de las pioneras, tuvo que cerrar por completo su negocio de biocombustible en 2015.
Los problemas son los de siempre: grandes necesidades de agua, nutrientes caros, cosecha de la biomasa costosa y extracción del aceite complicada. Además, el coste energético de extraer aceite de algas es diez veces superior al de extraerlo de la soja. Y aun así, hay una advertencia que hace la propia: buena parte de las evaluaciones se hacen extrapolando datos de laboratorio, que con frecuencia no coinciden con las condiciones de una escala comercial.
Pero hay un detalle que Mazda sí tiene la honestidad de admitir. En su comunicado reconoce que el balance real de emisiones depende del método de cultivo, de la energía empleada y del procesado posterior. Más claro, que sea de algas no significa que sea limpio.

Qué ganan los diésel de Mazda con esto
Mucho más de lo que parece. La marca necesita que su diésel de seis cilindros y 3.3 litros tenga un futuro creíble. Los CX-60, CX-70, CX-80 y CX-90 vendieron 150.637 unidades en todo el mundo durante 2025, muy por debajo del objetivo de 200.000, y la propia dirección admite caídas en Japón y Europa.
En España el diésel pesa más que en otros mercados. La división de la marca en nuestro país ha asegurado que el 65 % de las ventas del CX-60 corresponde al motor diésel de seis cilindros. Un CX-60 diésel de 200 CV que probamos y sí, tiene mucho que decir, por lo que tiene lógica que Mazda quiera blindar un motor que le funciona, aunque sea con una promesa de laboratorio.
La pregunta que nadie responde, ni Mazda
Si todo sale bien, Mazda podría dar a sus diésel el primer repostaje renovable de su vida. Pero un depósito de fábrica es poca cosa: una pequeña cantidad al principio de la vida de un coche que luego gastará decenas de miles de litros de otro combustible.
Lo que Mazda vende con este anuncio es un relato: que el diésel de combustión tiene futuro porque algún día lo alimentarán algas. Hay dinero público, un socio petrolero y una fecha. Lo que falta son los números que lo hagan creíble. Mientras tanto, la marca mantiene vivo el motor que le da de comer.
