"Papá, no quiero tu viejo Mustang", ¿el ocaso de los clásicos?

Los cambios sociales y demográficos que se están produciendo lenta pero inevitablemente van a tener consecuencias en el mercado de los coches clásicos, entre muchos otros. En Estados Unidos se aprecia una preocupante tendencia, el probable hinchado de una burbuja de clásicos que se quedarán sin dueño.

Fotografía: dave_7 (Flickr) CC BY

Los coches han sido, desde su creación, algo más que simples medios de transporte, aunque luego se masificasen para ser eso mismo. De todas las épocas han ido sobreviviendo unos cuantos ejemplares en mejor o peor estado, y alcanzan mayor valoración aquellos que son más preciados y escasos. La gran mayoría fueron abandonados, achatarrados o reciclados.

Por contra, los que han sobrevivido en grandes números -partiendo de la base de que se fabricaron en grandes números- no son tan especiales, aunque también escasos, y su escasez siempre aumenta con el tiempo. En nuestro país tenemos varios clásicos populares, aquellos que se fabricaron en nuestras fronteras mientras España estaba aislada económicamente de Europa.

En algunas familias se tiende a conservar ese patrimonio, especialmente entre los amantes de la mecánica o que simplemente les tengan cariño. En otras, en cambio, un día esa posesión se convierte en un engorro, y llega el momento de deshacerse de ella. Alguien con más ganas de conservarlo se acabará quedando con ese patrimonio. Mientras la oferta cuadre con la demanda, no pasa nada.

SEAT 600 N (primeras series)

Esa cadena humana tiene un recorrido limitado. Si nos vamos a Estados Unidos, donde existe una cultura sobre los clásicos mucho más avanzada que la nuestra, se observa una tendencia que está aumentando y generando preocupación en el sector. Llegará un punto en el que los clásicos van a acabar sobrando.

Larry P. Vellequette habla de ello en Automotive News a partir de un artículo de The New York Times, en el que se relata que la herencia de los padres no siempre es recogida de buen grado por sus descendientes. Bien por falta de capacidad económica, por falta de espacio, o por falta de interés, algunos bienes familiares acaban malvendiéndose, donados a la beneficiencia o en un contenedor de basura o las garras de cazadores de subastas.

La generación de los baby boomers, aquellos que ya se han jubilado o están a punto de hacerlo, están comprando más coches clásicos de los que están vendiendo, por lo que se está acumulando un patrimonio en sus manos. Llegará un momento en que los tenedores de dicho patrimonio no puedan ocuparse de él o fallezcan, alguien tendrá que hacerse cargo de ellos.

Los 80 Dodge Viper de esta colección han sido amasados por un matrimonio, está valorada en 7,5 millones de dólares. ¿Puede hacerse cargo cualquiera de semejante "marrón"? Solo mantenerlos ya supone una fortuna

El señor Vellequette afirma con mucho acierto que otra generación más puede hacerse cargo de los clásicos -al menos de algunos- y utilizarlos de una forma similar a un coche moderno... durante años. Si miramos unas décadas más hacia delante, circularán muchísimos vehículos autónomos o con una fuerte automatización, un entorno posiblemente hostil para conductores "manuales", y eso si es legal conducir así, claro.

La población se reduce de forma natural a cierto ritmo (averías irreparables, accidentes...) pero ¿y el resto?

Añado de mi propia cosecha que futuras restricciones a la circulación por motivos energéticos o de contaminación atmosférica harán complicado utilizar ese patrimonio rodante, y no hay museos suficientes para absorber tanto vehículo. Si llega un momento en que los clásicos literalmente sobran, los precios empezarán a desplomarse.

Imaginemos este supuesto. Mediados de 2040-2050, ya no se puede matricular ni un solo coche nuevo con motor de combustión interna, y los existentes sufren restricciones. En el caso de los más viejos, pongamos antes del 2000, apenas pueden usarse fines de semana y festivos. ¿A cuántos mileuristas (o su concepto equivalente) le merecerá la pena mantener esa carga solo para dar paseos de vez en cuando, y si los da?

Fotografía: Darron Birgenheier (Flickr) CC BY SA

Las generaciones venideras van a estar económicamente más jorobadas por la inversión de la pirámide poblacional, afrontando fuertes gastos sociales para mantener a la población envejecida ya con un sistema de pensiones insostenible. Ya no se lleva lo de casarse a los 20 años y tener empleos que duran casi toda la vida. Se lleva la precariedad, la inestabilidad, la incertidumbre. Lo de tener coche en propiedad tampoco se lleva tanto como antes.

Así está complicado lo de mantener clásicos, sobre todo si son varios

Durante una época seguramente lloverán las oportunidades para los amantes del coleccionismo, que verán cada vez más asequibles los modelos que codician, según aumente el desinterés en ellos de los que los heredaron. Pasada esa época, no todos los clásicos tendrán un hogar adecuado, y muchos acabarán sus días en los desguaces o CAT.

Por lo tanto, habrá que pensar no solo en lo que es mantener un clásico, sino en tener a la vista algún heredero que vaya a conservar el patrimonio familiar, alguien con gusto por los coches, y que ese heredero se preocupe en mantener esa tradición. De lo contrario, el legado se acabará perdiendo.

Como contrapunto a esa visión tan triste, hay que recordar que actualmente siguen en estado de circulación coches que son centenarios y que fueron fabricados por gente que ya no se recuerda ni por parte de sus descendientes. De vez en cuando, hasta participan en alguna competición. Son antiguos y entrañables cacharros, piezas de arte, unicornios, etc.

Ahora bien, ¿cuántos hay? Muchísimos menos que -por ejemplo- los clásicos populares. Es un modelo de pirámide invertida, cuanto más antiguo es un vehículo, menos unidades sobreviven. Cuando prácticamente se han extinguido los museos ya se pelean por ellos o alcanzan cotizaciones absurdamente elevadas. En ese momento ya es demasiado tarde.

En Estados Unidos desde luego los clásicos se los van a empezar a "comer con patatas" en unas décadas. Puede que acaben haciendo como los japoneses, que o los mandan a achatarrar, o los mandan en contenedores marítimos allí donde son apreciados. Luego el problema se contagiará a nuestro continente. ¿Habrá sitio en las carreteras del futuro para ellos, o será ya territorio exclusivo de las inteligencias artificiales?

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