Refinerías europeas reciben el aviso: sus cargamentos de petróleo saudí quedan cancelados o se retrasan
Arabia Saudí ha dejado de enviar petróleo a varias refinerías europeas tras un ataque con drones que inutilizó su oleoducto East-West, su única vía de exportación al margen de Ormuz. El Brent ronda los 108 dólares y Estados Unidos intenta rebajar la alarma pese al temor a semanas de interrupción.

Nadie que llena el depósito en una gasolinera española piensa en un tubo de acero que atraviesa el desierto saudí. Pero ese tubo —el oleoducto East-West, la arteria que permite a Arabia Saudí exportar crudo sin pasar por el estrecho de Ormuz— lleva desde el 11 de septiembre fuera de servicio, y su parálisis ya se nota en los contratos de las refinerías europeas antes de llegar, semanas después, al precio del litro.
El origen está en un ataque con drones sufrido el 10 de septiembre, que Riad atribuyó a milicias respaldadas por Irán. El fuego dañó las estaciones de bombeo lo suficiente como para obligar a un cierre que, una semana después, sigue sin fecha de reapertura confirmada. Desde entonces, ningún barril ha salido del puerto de Yanbú, en el mar Rojo, según los datos de seguimiento de buques de Vortexa recogidos por la agencia Argus.
Yanbú, la válvula que se ha cerrado
El East-West no es un oleoducto cualquiera: con capacidad para bombear hasta siete millones de barriles diarios, es la única ruta que permite a Arabia Saudí sacar crudo de sus yacimientos orientales sin cruzar el punto más vigilado del planeta para el transporte marítimo de hidrocarburos, el estrecho de Ormuz, por el que circula en torno a una quinta parte del petróleo mundial.
Cerrarlo no reduce necesariamente la producción saudí, pero sí estrangula su capacidad de sacarla al mercado justo cuando la vía marítima del sur del mar Rojo se complica por la presión de los ataques hutíes sobre el tráfico comercial.
El resultado es que Riad se ha quedado, de golpe, con menos opciones logísticas justo cuando más las necesita. Aramco no ha confirmado públicamente ni la causa exacta del daño ni el plazo de reparación de las estaciones de bombeo.
Refinerías europeas a la espera, sin confirmación oficial
Al menos tres refinerías europeas han recibido ya el aviso: sus cargamentos previstos para finales de septiembre quedan cancelados o pasan a noviembre. Otras dos aguardan una notificación similar, según fuentes de mercado citadas por Argus. Orlen, la petrolera polaca que depende de Arabia Saudí para una parte relevante de su suministro, ha empezado a buscar alternativas en el mar del Norte —los crudos Grane, Johan Sverdrup y Johan Castberg— para cubrir el hueco.

Los mensajes que circulan en redes sociales, atribuidos a la firma de trading Onyx, van más allá y hablan de la cancelación total de las asignaciones europeas de septiembre y de un apagón que se prolongaría hasta noviembre. Aramco no ha hecho ningún comentario público al respecto, así que esa versión más extrema debe tratarse, por ahora, como una estimación de mercado y no como un hecho confirmado por la propia compañía.
Washington calma, los analistas dudan
La reacción en los mercados ha sido inmediata: el Brent llegó a tocar los 108 dólares por barril y el West Texas Intermediate se acercó a los 104, su nivel más alto desde mayo, en una semana marcada además por nuevos ataques hutíes contra infraestructura saudí y el aplazamiento de las conversaciones entre los países del Golfo e Irán.
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ha intentado enfriar la situación asegurando que se trata de «una interrupción breve y temporal» que se resolverá en cuestión de días. Pero analistas independientes que han revisado las imágenes por satélite de las estaciones de bombeo dañadas hablan, sin embargo, de semanas —no de días— para la reparación completa.
La distancia entre ambos diagnósticos, el optimismo oficial del gobierno estadounidense frente a la cautela de quienes han visto los daños de primera mano, es en sí misma una medida de cuánta incertidumbre queda todavía por despejar.
Qué significa esto para el surtidor en España
La buena noticia, si puede llamarse así, es que la exposición directa de España al crudo saudí es hoy mucho menor de lo que era antes de que estallara la guerra en Irán a finales de febrero. Según los datos de Cores, Oriente Medio ha representado en los últimos meses apenas entre un 4 % y un 5,5 % de las importaciones españolas de crudo, muy lejos del peso de proveedores como Estados Unidos, México, Libia o Nigeria. Un eventual desabastecimiento físico desde Yanbú, por tanto, no debería traducirse en una escasez de petróleo en España.
El problema es otro y se ha convertido ya en un clásico: el precio. La gasolina y el diésel que se venden en cualquier estación de servicio española se fijan sobre la cotización internacional del Brent, no sobre el origen físico de cada barril.
Si el crudo se mantiene instalado por encima de los 105 dólares durante varias semanas, ese encarecimiento acabará repercutiendo en el surtidor con el retraso habitual con el que las refinerías trasladan el coste del crudo al precio final, con independencia de que ese barril concreto proceda o no de Arabia Saudí.
Fuente: Reuters (vía BNN Bloomberg), CNN, CNBC, Argus/OilPrice, Newsweek, Cores
