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Prueba BMW X1 2023, BMW lo ha vuelto a hacer

Prueba BMW X1 2023, BMW lo ha vuelto a hacer
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Javier Gómara
Javier Gómara19 min. lectura

El BMW X1 es el último capítulo de éxito de la marca alemana. El modelo más vendido de la compañía se actualiza de los pies a la cabeza para seguir liderando a la marca. Ya lo he podido probar y estas han sido mis primeras impresiones.

Los tiempos cambian y las marcas tienen que adaptarse a ellos, lo que exige ciertas concesiones o rupturas con lo tradicional. La familia SUV de BMW es actualmente la más popular de toda la casa. Con millones de unidades vendidas cada año, los modelos más tradicionales han quedado relegados a un segundo plano. Si miramos las ventas hay un modelo que destaca por encima de todos, el BMW X1. El pequeño de la casa tira del carro gracias a que siempre ha ofrecido muchas cualidades por un precio parcialmente asumible. Es el modelo de acceso a la gama, y eso es un aliciente.

El X1 ha dado un salto estético significativo. Más robustez y apariencia SUV

Comprarse un BMW es una meta para muchos conductores. Penetrar en una marca premium te hará dejar de lado cualquier opción generalista para siempre, y posicionar un coche como el X1 al alcance de muchos bolsillos ha hecho de él el éxito que es hoy. Sus rivales: Audi Q3, Jaguar E-Pace, Volvo XC40 y Mercedes GLA tratan de darle caza. Para mantener las distancias BMW presenta una tercera generación que profundiza los éxitos del X1. Un SUV al que no sólo he podido acercarme, también he podido probar por primera vez.

La historia del X1 arranca en el año 2009. Por aquél entonces los de la Bayerische Motoren Werke querían ofrecer un modelo por debajo del X3 con el cual facilitar el acceso de clientes a la marca. El primer trabajo fue bueno y el X1 ganó rápidamente popularidad, aunque estaba demasiado alejado de sus hermanos en térmicos de calidad o rendimiento. La segunda edición se presenta años más tarde, en 2016, con considerables mejoras a la vista. Ahora sí el X1 era un digno miembro de la familia BMW y su éxito siguió en aumento.

Aunque parezca todo lo contrario, el tamaño apenas crece con respecto al pasado

La última edición, la tercera, se ha presentado este mismo año rompiendo las reglas de la casa. BMW está cambiando su enfoque en cuanto a diseño y presentación. En los últimos meses hemos asistido al lanzamiento de renovaciones como la del BMW X7 o el BMW Serie 7, además de novedades eléctricas como el BMW iX. Todas ellas guardan ciertos paralelismos de diseño que no vemos aplicados al X1, ¿por qué? Pues porque BMW sabe que puede jugársela en coches de poco volumen como los anteriormente mencionados. Coches cuyo destino principal son mercados como el chino, pero el X1 es el producto global más demandado de la casa, así que riesgos los justos.

A nivel estético está claro que el X1 no evoluciona de una forma tan exagerada como otros hermanos, ni falta que le hace. El trabajo creativo es bueno, muy bueno, tanto que se puede decir que ha dejado en evidencia a sus más inmediatos perseguidores. El BMW X1 luce un aspecto ideal para los compradores de la categoría. Musculoso como un todoterreno, pero lo suficientemente refinado como para considerarse un coche de BMW. Un fino equilibrio estético que gusta y convence a simple vista y que mejora, lo justo y necesario, lo ya conocido.

Más calidad, pero sobre todo más equipamiento para el nuevo X1

Siguiendo esa línea de mínima invasión el X1 se acompaña por primera vez de una versión 100% eléctrica, el BMW iX1, que sigue los mismos patrones de diseño. A simple vista resulta difícil distinguirlos, aunque los alemanes ponen su granito de arena incluyendo detalles específicos en su ya autodesignado color eléctrico; el azul. BMW espera que el iX1 sea el eléctrico más popular de la gama, y para lograrlo lo he dotado de un claro aroma de normalidad. ¿Es eléctrico? Sí, pero no por eso tiene que ser extravagante. Los grandes volúmenes están enfrentados con los diseños rompedores, y el iX1 tiene que romper las listas de ventas.

Volviendo al X1, la gama presenta tres acabados diferentes con tres estéticas diferentes: Base, xLine y M Sport. En cada una de ellas se entrega un modelo diferente, partiendo de la sobriedad y la sosez del acabado base, pasando por el estilo aventurero del paquete campero hasta llegar al formato más agresivo y estéticamente deportivo. Sin duda alguna el más atractivo es el xLine, y en BMW piensan que será el más vendido aunque eleve la factura final. Todo ello se completa con una paleta de colores nueva y rejuvenecida y con juegos de llantas entre las 18 y las 20 pulgadas.

Algunas secciones del túnel central podrían tener una mejor finalización

Saltando al interior, aquí sí vemos un salto más significativo con respecto al X1 que dejamos atrás. Hace ya unos meses, mi compañero Alberto Pérez pudo conocer de primera mano el aspecto interior. Durante su toma de contacto destacó dos cualidades: tecnología y calidad. Un BMW debe tener calidad en sus acabados y en su fabricación. El X1 da un pequeño salto en cuanto a calidad percibida, pequeño porque lo anterior ya era bueno. Sin embargo, donde da un salto considerable es en tecnología y en sistemas embarcados, disfrutando ahora del último software de la casa alemana.

La presentación se basa en dos panales digitales juntos al más puro estilo Mercedes. El tamaño es bueno, suficiente aunque no me terminan de convencer la forma de los gráficos. La lectura no es tan intuitiva como cabría esperar en un principio, pero sí me convence las opciones de personalización, significativamente mejores que en otros modelos con sistemas antiguos. La otra novedad que yo destacaría es la consola central flotante, una pequeña concesión a la normalidad que tanto abunda en el X1, y debo reconocer que no me termina de gustar.

La desaparición del módulo del iDrive es para mí un punto negativo

Puedes llamarme tradicional o anticuado, pero esa zona me parece mucho más correcta en el X1 saliente que en el nuevo. El cambio electrónico permite no tener que depender de una arcaica palanca, hasta ahí de acuerdo, pero el compilar tantos mandos en una zona tan concreta no me termina de convencer. Tampoco el espacio para dejar espacio bajo la pantalla multimedia donde todo queda a la vista. Una pequeña tapa corredera como la del modelo anterior sería mucho mejor solución a mi modo de ver. Sobre todo, lo que más se echa de menos es el módulo de la climatización.

Está claro que el X1 mejora en esos apartados donde se había quedado obsoleto. La tecnología es amplia aunque una vez más BMW abusa de la confianza de sus clientes para entregarla con un alto coste -problema endémico de las marcas premium-. Lo que también mejoran son los índices de habitabilidad. Aunque las medidas apenas han variado, las nuevas cotas nos llevan a los 4,5 metros de largo, 1,84 metros de ancho y 1,64 metros de alto. La distancia entre ejes ha aumentado cinco centímetros hasta los 2,72 metros, y eso se traduce en más espacio para los pasajeros posteriores y en un mayor volumen de carga, hasta los 540 litros de capacidad mínima.

Las puertas traseras abren generosamente para facilitar tanto la entrada como la salida del coche para todo el mundo

Concebido para un uso familiar, BMW no solo ofrece espacio para pasajeros y carga, también versatilidad. Opcionalmente la segunda fila de asientos puede incluir un sistema de raíles que permite ajustar longitudinalmente las plazas para así poder ofrecer más espacio de carga o más espacio para los ocupantes según las necesidades. El ajuste también puede ser en la vertical, permitiendo regular la inclinación de cada uno de los asientos. Por supuesto no faltan detalles como la red divisoria, el doble fondo o los ganchos en el maletero.

Llegando al apartado mecánico es importante destacar un pequeño detalle. Dentro de la gama X1 la versión más vendida es la unidad sDrive18d. Es decir el modelo diésel de acceso con tracción al eje delantero. BMW sabía que si eliminaba esta unidad del catálogo muchos compradores podrían irse a la competencia, así que ahí está, una vez más situándose como la unidad de acceso por precio. La oferta se completa con otra versión diésel, tres unidades de gasolina y dos híbridos enchufables con la etiqueta CERO de la DGT.

Las plazas traseras ofrecen mucho espacio longitudinal y vertical

Las unidades más eficientes y con etiquetas favorables son los híbridos enchufables. La gama pasa de ofrecer uno a dos: X1 xDrive25e y X1 xDrive30e. El esquema es muy similar: bloque de gasolina de tres cilindros y 1.5 litros y un motor eléctrico trasero con batería de iones de litio de 14,2 kWh de capacidad útil. El motor térmico siempre ofrece la misma potencia, pero cambia el rendimiento del bloque eléctrico. Con potencias máximas de 245 y 326 caballos son las unidades más potentes de la gama, y aun así se las apañan para ofrecer hasta 90 kilómetros de autonomía eléctrica.

Prueba del BMW X1 2023

Hay que reconocer que el punto de partida para el desarrollo de esta nueva generación del X1 estaba muy alto. La generación anterior dejó muy buen sabor de boca en comportamiento y rendimiento, así que los ingenieros tenían la obligación de mejorar un producto cuyo margen de mejora no era muy amplio, pero lo han hecho. La nueva unidad X1 es más confortable que la anterior, no mucho, pero lo suficiente como para decir que es mejor, y no por ello comprometer el dinamismo. No es un M, pero sí el C-SUV premium más equilibrado de la categoría.

El motor diésel se muestra más refinado a bajas vueltas con un mejor aislamiento

Se ha diseñado para poder satisfacer cualquier necesidad, apto para recorridos urbanos, interurbanos y largos viajes. El aislamiento interior es mejor, lo que ahonda en la sensación de calidad general. La pisada es buena, estable y transmite seguridad. A pesar de ser el SUV de acceso a la gama muestra un aplomo digno de modelos de corte superior como el BMW X3. Los kilómetros se suceden sin inmutarse, aunque sigue sin ser el BMW con el que todos soñamos para coger una carretera de curvas. No es una queja, solo una obviedad.

Los cambios también han llegado a los tradicionales modos de conducción. A partir de ahora pasan a denominarse Personal, Sport, Efficient, Expressive, Relax y Digital Art. Estos tres últimos más bien parecen ambientes interiores porque a nivel estético no se traducen en un comportamiento diferente. El resto de los programas corresponden a los clásicos Confort, Sport y Eco Pro. En ellos sí que se aprecian cambios en el comportamiento, principalmente en respuesta del motor y sensibilidad del pedal del acelerador. La dirección apenas se modifica, y tampoco la suspensión, que siempre muestra ese comportamiento tan equilibrado entre comportamiento y confort.

Sus rivales tienen muy difícil alcanzar la polivalencia y versatilidad del X1. Estamos ante el mejor C-SUV del segmento premium

A pesar de que los motores ofrecen las mismas potencias y prestaciones, BMW asegura que el 90% de sus componentes son completamente nuevos. Bombas, pistones, turbos… Todo reconstruido y modificado para ser más eficientes y ahorradores, algo que logran de forma natural. Dentro de unos meses la gama se ampliará con dos unidades con etiqueta ECO, el sDrive20d y el sDrive20i con 163 y 170 caballos respectivamente. Traerán asociado un sistema Mild-Hybrid de 48 voltios que reducirán mínimamente los consumos, pero conseguirán incorporar el ventajoso distintivo medioambiental.

En todo momento los ingenieros han buscado introducir sistemas de ayuda al consumo, como por ejemplo la recuperación adaptativa basada en el radar frontal. El coche regula de forma automática la retención al levantar el pedal del acelerador en función de la distancia que le separe con el coche de delante. La última novedad destacable se centra en la caja de cambios. La transmisión de doble embrague presenta la opción de incluir levas tras el volante, algo que recomiendo. Esta opción además permite disponer de un modo Boost que se activa a través de la leva izquierda y otorga al conductor 10 segundos de máximas prestaciones.

El maletero tiene una capacidad muy generosa con muchos elementos de confort

Habiendo dejado claro que el entrante X1 es mejor que el anterior, llega el delicado momento de hablar del feo asunto del dinero. El nuevo BMW X1 tiene un precio de salida de 40.900 euros para la unidad diésel con acabado base. El X1 sDrive18i arranca desde los 44,817 euros, aunque personalmente no es una versión que me satisfaga por el motor de tres cilindros. Si etiqueta CERO es lo que buscas el más barato es el X1 xDrive25e de 245 caballos y casi 90 kilómetros de autonomía, aunque su factura mínima se dispara hasta los 51.900 euros. Todo ello sin ofertas o promociones ni opcionales, que como ya he dicho no resultan especialmente baratos.

Conclusiones

Estaba claro que BMW no iba a tomar muchos riesgos con su producto más vendido. El nuevo BMW X1 mejora a su predecesor en todos esos apartados donde se echaba en falta una actualización, sobre todo en tecnología y equipamiento. La estética es mejor, también las calidades y el espacio. En cuanto a conducción no se puede decir que haya un salto abismal, pero también reconozco la mejoría. Lo único que no me convence es la presentación de la consola central o el precio. Ya no resulta tan asequible como en el pasado, pero se sigue manteniendo como el X más barato de la casa.

Renovación de manual. El X1 mejora en los pocos detalles donde había que hacerlo

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