750 km de autonomía en un coche eléctrico: por qué ya no tiene sentido

Buscar autonomías homologadas superiores a los 700 km se ha convertido en la obsesión de muchos compradores, pero los números en carretera demuestran que cargar con baterías gigantescas encarece el coche, aumenta el peso innecesariamente y apenas aporta ventajas reales frente a la carga ultrarrápida actual.

750 km de autonomía en un coche eléctrico: por qué ya no tiene sentido
Vehículo eléctrico recargando en lo que cuesta tomar un café

Publicado: 12/10/2026 10:00

7 min. lectura

Todavía me encuentro a menudo con conductores que descartan pasarse a la movilidad eléctrica porque ningún modelo asequible promete 700 u 800 kilómetros del tirón. Es una cifra casi psicológica, heredada de los depósitos de gasóleo y del miedo a quedarse tirado en una autovía sin un enchufe cerca.

Sin embargo, quienes llevamos años haciendo viajes largos por carretera sabemos que ese planteamiento parte de una premisa equivocada. El reto del viaje eléctrico nunca ha sido emular la autonomía de un camión cisterna, sino acompasar las paradas naturales de descanso con la potencia que admite el vehículo.

Las tres horas de viaje caben de sobra en 80 kWh

Por pura seguridad vial, conducir más de tres horas seguidas sin parar a estirar las piernas y tomar un café es una mala idea. A ritmo legal de autovía, en esas tres horas cubres entre 350 y 400 km. Si miramos los consumos reales en vía rápida, que en turismos y SUV eficientes rondan entre 17 y 19 kWh/100 km, completar ese trayecto exige gastar entre 66 y 74 kWh.

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Eso significa que un paquete de batería de unos 80 a 85 kWh cubre perfectamente cualquier tirada razonable entre paradas. En el mercado actual encontramos modelos como el Kia EV6 con 84 kWh y 582 km WLTP, el BYD Seal con 82,5 kWh y 570 km, el Volkswagen ID.7 Pro S con 86 kWh y 709 km homologados, o el Xpeng G6 Long Range con 80,1 kWh y 535 km de homologación. Ninguno de ellos necesita una batería monstruosa de 100 o 110 kWh para llevarte hasta tu siguiente parada de descanso.

La verdadera diferencia está en los minutos, no tanto en los kWh

Infografía comparando potencia de carga de varios vehículos eléctricos
Infografía comparando potencia de carga de varios vehículos eléctricos

Arrastrar una batería descomunal no solo penaliza la dinámica y la eficiencia del vehículo por exceso de masa, sino que a menudo enmascara una arquitectura de carga deficiente. Lo que verdaderamente transforma la experiencia de viaje no es el tamaño del "depósito", sino los minutos que pasas enchufado.

Los datos de carga actuales lo ilustran con claridad si comparamos modelos con capacidades casi idénticas. El futuro Kia EV4 Long Range monta 81,4 kWh y necesita 31 minutos para pasar del 10% al 80%. En cambio, el Xpeng G6 Long Range, con un paquete prácticamente gemelo de 80,1 kWh gracias a su arquitectura de 800 voltios, despacha el mismo tramo de carga en apenas 12 minutos. Otro ejemplo lo tenemos en el Zeekr 7X que con 75 kWh solventa la recarga en 13 minutos, o en propuestas como la plataforma del nuevo Mercedes CLA, que con unos 85 kWh deja la detención en torno a los 22 minutos.

Con la llegada de nuevas químicas y arquitecturas, como las baterías Blade 2 de BYD, o las últimas celdas de CATL capaces de recuperar entre 300 y 400 km en 10 o 15 minutos o incluso menos, la necesidad de almacenar energía carece de sentido práctico.

El sobrecoste de comprar kilómetros que casi nunca usas

El exceso de batería tiene un precio directo que paga el comprador en el concesionario. Fabricar celdas sigue siendo el componente más costoso de cualquier coche eléctrico, y sobredimensionarlas dispara la factura final para un beneficio marginal en carretera.

Un caso muy claro lo encontramos en el Renault Scénic E-Tech. El salto a la versión de gran autonomía con 87 kWh y 625 km WLTP supone pasar de los 39.990€ de la variante de acceso a 46.990€. Son 7.000€ más de desembolso para ganar unos 200 km teóricos, con un peso en vacío que se planta en 1.842 kg y una potencia de carga limitada a 150 kW de pico.

Es cierto que los modelos de segmentos más accesibles todavía presentan cifras algo más modestas en potencia de recarga, pero la curva de mejora de la industria es implacable. En cuestión de meses, no años, las velocidades de carga reservadas hasta hace poco a los vehículos de gama alta van a ir llegando hacia los segmentos generales.

Qué balance conviene buscar al elegir coche eléctrico

Para poner las cosas en perspectiva, viajar lejos en eléctrico no requiere esperar al futuro ni gastar una fortuna. Con un modelo ya obsoleto como mi e-Niro, con una curva de recarga que hoy consideramos desfasada, he podido viajar de Zaragoza a París con cuatro paradas de no más de 35 minutos. Hoy, cualquier modelo equivalente o incluso más económico mejora ampliamente esas cifras y recupera kilómetros a un ritmo muy superior. Incluso el compañero Carlos González ha podido realizar un tour por toda Europa con un Renault 5 E-Tech cómodamente y con unos tiempos de carga razonables.

Empeñarse en buscar cifras de 750 u 800 km WLTP suele traducirse en pagar miles de euros de más por un lastre de peso que vas a pasear a diario por la ciudad. Para viajar con tranquilidad por España y Europa, la combinación ganadora no es una batería gigantesca, sino una capacidad equilibrada en torno a los 75 u 80 kWh unida a una buena curva de potencia en corriente continua.

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