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EEUU podría resucitar su particular "Plan PIVE" para estimular la demanda

1994 Ford Explorer en un desguace con el motor inutilizado 83RS (Youtube)

Según se acerca la recesión que el COVID-19 ha acelerado -pues ya íbamos camino de ella- empiezan a recordarse las fórmulas que, hace 10 años, sacaron poco a poco la economía del desastre (o al menos intentaron hacer algo al respecto).

En el verano de 2009 se puso en marcha en Estados Unidos una medida durante la "recién estrenada" administración de Barack Obama. Como las ventas de coches se habían desplomado a causa de la escalada del barril del petróleo hasta casi 150 dólares, la caída de Lehman Brothers y otros bancos, se buscó una fórmula para acelerar las ventas. Ahí nació el programa Car Allowance Rebate System (CARS).

No se trataba de otra cosa sino un programa de ayudas a la compra o al leasing (mínimo a 5 años) de un coche nuevo que fuese más eficiente que otro que iría al desguace. Se anunció un presupuesto de 1.000 millones de dólares, y el programa duraría del 1 de julio hasta el 1 de noviembre de aquel año.

Los consumidores tenían que entregar a cambio de la ayuda del "tío Sam" un coche de menos de 25 años con una eficiencia de 18 millas por galón o peor. En otras palabras, debía consumir más de 13 l/100 km. Además, debía funcionar, haber estado asegurado y dado de alta durante el año entero. El motor sería destruido mediante un proceso de gripado controlado.

El modelo que más se benefició del programa fue el 2009 Toyota Corolla

El vehículo nuevo debía tener un precio inferior a los 45.000 dólares, haber sido fabricado en el país, recorrer al menos 22 millas por galón (hasta 11 l/100 km) y mejorar la eficiencia del coche a desguazar en al menos 2 mpg. Para los pickup y comerciales daba igual si eran más eficientes que los antiguos, eso sí tenían un mínimo de 10 años de edad.

Las ayudas a la compra del vehículo nuevo o leasing podían llegar a 4.500 dólares. El efecto de la medida fue inmediato, antes de terminar julio fue necesario inyectar en el programa otros 2.000 millones de dólares, acabándose el dinero antes de terminar agosto. Se realizaron casi 700.000 operaciones a cambio de esos 3.000 millones de dólares.

En principio parecía una buena idea, pero con el tiempo se demostró que provocó un aumento de ventas a corto plazo que no se compensó por la caída posterior, retiró coches usados que solían ser adquiridos por gente de menos recursos y económicamente no tuvo ningún sentido (incluso algunos compraventas cerraron). El país se recuperó solo, incluyendo el sector del automóvil.

Impacto real del programa de ayudas vs tendencia esperada del mercado en aquel entonces

Coloquialmente se conoció a este programa de ayudas como "Cash For Clunkers", que se puede traducir libremente como "dinero a cambio de cacharros". Uno de los múltiples errores del programa es que se podía mandar al desguace un coche de un año a cambio de otro más eficiente. Y de hecho, ocurrió. Además, desaparecieron cientos de clásicos cuyo valor de mercado era superior al de la ayuda.

Las lecciones de aquel programa de ayudas deberían tenerse en cuenta en el caso de que el Gobierno federal decida repetir la jugada para enfrentarse al país una vez que el COVID-19 haya matado a cientos de miles de estadounidenses (100.000 bajas fueron consideradas por Trump como aceptables) y la economía haya casi colapsado por el confinamiento de la población durante varias semanas o un par de meses.

Mark LaNeve, el vicepresidente de marketing de Ford en el país, ha declarado a Bloomberg que un sistema de ayudas podría beneficiar a la industria del automóvil a varios niveles, y eso incluye a los compradores. Es de esperar que otros fabricantes nacionales (o extranjeros con fábrica en el país) se posicionen a favor de una medida similar.

Con un tope de 45.000 dólares podrían beneficiarse las versiones básicas del Tesla Model 3 (Standard con pocos extras)

En el caso de que se plantee, deberá hacerse con un poco de miras, no para inflar artificialmente las ventas durante unos meses. Por ejemplo, las ayudas deberían ir encaminadas a la adquisición de modelos eficientes, y que no acabe siendo una excusa para poner más SUV en las carreteras: ¿qué tal coches eléctricos?

Además, la industria del automóvil norteamericana debería enfocarse a modelos de alta tecnología. Ahora mismo su modelo de éxito son los crossover, los SUV y los pick-up. Los modelos más eficientes se fabrican fuera y tanto Ford, General Motors y Fiat Chrysler se están mostrando como poco competitivos en ese aspecto. Esa tarta se la comen europeos, surcoreanos y japoneses.

Pero ante todo los gobernantes deberían mirar por la eficiencia de la medida. Sí, CARS estimuló las ventas, pero fue contraproducente. Sí, mejoró la eficiencia media y bajó el consumo de petróleo, pero no fue una forma eficiente de hacerlo. Sí, el mercado se habría recuperado por su cuenta de no existir tales ayudas.

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