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    La crisis del AdBlue por falta de urea podrá afectar al sector del transporte, sobre todo a los camiones

    La crisis del AdBlue por falta de urea podrá afectar al sector del transporte, sobre todo a los camiones
    Javier Costas
    Javier Costas6 min. lectura

    Para cumplir las normativas anticontaminación los motores diésel modernos necesitan un aditivo compuesto de urea y agua -solución acuosa-. Existe una crisis de suministro que puede acabar teniendo graves complicaciones para todo aquel que use motores diésel en aplicaciones industriales.

    Aquellos que tengáis un coche o furgoneta diésel desde hace pocos años tendréis que preocuparos por tener suficiente aditivo AdBlue -o similar- en un depósito separado. Este aditivo se utiliza para neutralizar óxidos de nitrógeno en el escape y así contaminar menos. Si se acaba el AdBlue, el motor ya no arrancará de nuevo hasta que se reponga.

    Para los particulares esto no es un gran problema, a veces el depósito aguanta de una revisión a otra, y si se agota, basta una botellita para seguir circulando. Pero los operadores de camiones y autobuses tienen consumos mayores de este aditivo, por lo cual una posible escasez resulta muy problemática.

    A raíz de la pandemia hemos visto varias disrupciones en el suministro de materias primas y bienes terminados como mascarillas, bicicletas, microchips, videoconsolas, etc. También está pasando con la urea, el compuesto químico principal para la producción de solución acuosa de urea y otros productos como son los fertilizantes agrícolas.

    El problema viene de Rusia y de China

    Por un lado tenemos a Rusia, principal productor de urea, que emplea el gas natural como insumo. La escalada en el precio de este recurso afecta por lo tanto a la producción de urea. De hecho, en octubre os contamos que los productores europeos más importantes dejaron de fabricar el aditivo por el alza de precios.

    Por otro lado tenemos a China, segundo productor mundial, que tiene problemas al limitar el uso de centrales de carbón para no pasarse de contaminación, por lo que hay restricciones de energía. Estas restricciones han provocado apagones masivos. También afecta a la producción de urea, así que se han limitado las exportaciones para no afectar al consumo interno y a la agricultura.

    Con 100 toneladas de urea pueden producirse unos 325.000 litros de solución acuosa de urea

    A una restricción de exportaciones le tenemos que sumar el coste incremental de los fletes marítimos, por lo que transportar por barco es mucho más caro. La combinación de ambos efectos produce una escasez cada vez mayor de urea, lo que produce automáticamente un incremento de los precios internacionales del 60-70% en solo un año.

    Algunas alertas de falta de urea

    A comienzos de noviembre Corea del Sur se vio acorralada por la falta de urea que venía de China, su principal proveedor, así que acordó con Vietnam importar 200 toneladas de urea. Los surcoreanos han acabado sorteando el problema de la escasez de urea con un acuerdo firmado con Indonesia, 120.000 toneladas al año durante tres años.

    Más o menos en las antípodas, desde Australia también llegan noticias preocupantes. Un representante de la Asociación del Transporte por Carretera Nacional del país dijo en la cadena ABC que en febrero podrían acabarse las existencias de este aditivo y provocar que los camiones modernos se queden parados, pudiendo provocar un efecto de colapso en su economía.

    La economía mundial no puede permanecer aislada, así que tarde o temprano estos problemas se van a ir propagando, cual caída de fichas de dominó, si los países productores no consiguen dejar el suministro a los niveles previos a la crisis. Y lo peor de todo no es que los motores diésel se acaben parando -que también-, es el impacto en la agricultura.

    No se puede entender la agricultura a gran escala sin el uso de fertilizantes, y la urea es un componente fundamental. Si sube la aurea, aumenta el coste de los fertilizantes, y por tanto el coste de producción de los alimentos. Al menos en España, muchos agricultores protestan por producir perdiendo dinero, y esto puede ser para ellos el remate final; tendrán que trasladar los precios a los intermediarios y estos al consumidor.

    Una vez más vemos cómo nuestro estilo de vida se sostenía sobre la ilusión del suministro estable e indefinido de ciertas materias primas. Esta vez es la urea. Existe la alternativa de producirla a partir de hidrógeno y no de gas natural, pero el cambio llevaría años y unas inversiones enormes. Sin duda, esta crisis puede estallarnos en la cara en 2022.

    Para los particulares no resulta especialmente complicado tener un par de garrafas extra de AdBlue para hacer frente a una crisis de suministro puntual, pero las empresas de transporte no tienen fácil acaparar grandes cantidades. Y el acaparamiento solo consigue agravar el problema, así que muchos se van a ver tentados a anular los sistemas SCR para no consumir urea, lo cual es simple y llanamente ilegal.