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Amores de juventud: el Opel Manta

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El Opel Manta estuvo 19 años en el mercado.wheelsage.org

El sucesor del Opel GT y predecesor del Opel Calibra se basó en el Ascona y permaneció en el mercado durante 19 años.

Nació como rival del Ford Capri y coincidió con el Volkswagen Scirocco, el Toyota Celica o el Renault Fuego, que protagonizaban el mercado de coupés deportivos.

El éxito del Ford Capri, que fue lanzado al mercado a finales de 1968, animó a General Motors a crear un modelo que sirviera de competencia sobre la base del Opel Ascona, un turismo del segmento D que, al igual que nuestro protagonista, nació con el inicio de la década de los años 70.

El Manta utilizaba una carrocería coupé y contaba con un diseño deportivo que dejaba espacio suficiente en el interior para cuatro personas, aunque sin excesivas alegrías para tratarse de un coche que medía más de 4,3 metros de largo.

El Opel Manta A

A lo largo de sus 19 años de existencia, el Manta se comercializó en dos versiones más un restyling adicional, comenzando con la versión A en 1970 que se lanzó al mercado dos meses antes que el modelo en el que se basaba: el Ascona. Contaba con motor delantero posicionado longitudinalmente y tracción trasera, teniendo como rivales en el mercado a modelos relevantes de la época como el Volkswagen Scirocco, el Renault Fuego, el Toyota Celica o el Alfa Romeo Sprint, además del ya mencionado Ford Capri.

Esta primera versión del Manta se ofreció en un inicio con motores gasolina de 1.2, 1.6 y 1.9 litros de cilindrada, así como una caja de cambios manual de cuatro velocidades o automática de tres relaciones. En aquel momento se convirtió en uno de los vehículos más manejables de su segmento, compitiendo también en rallies internacionales.

Entre las versiones limitadas lanzadas al mercado, destacaron la SR/Rallye, que contaba con un motor de 90 CV, un interior de vinilo negro, una instrumentación más completa y llantas específicas; la GT/E con spoiler frontal y suspensión mejorada con muelles deportivos y amortiguadores Bilstein de gas; o la Turbo, de la cual se fabricaron únicamente 33 unidades con una potencia de 156 CV con carburador modificado, escape deportivo y una aceleración de 0 a 100 km/h en sólo 7,6 segundos.

El Opel Manta B

En 1975, Opel presentó la segunda versión del Manta, también sobre la base del nuevo Ascona B. Su carrocería adoptaba un diseño más deportivo que el anterior y contaba con motores que ofrecían desde unos modestos 1.2 litros de capacidad hasta el 2.0, que se llegó a ofrecer en tres versiones de cuatro cilindros e inyección L-Jetronic de Bosch en la denominada 20E. Gracias a ello, la potencia ascendía hasta los 109 CV con 162 Nm de par máximo.

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Ya en 1982, Opel optó por realizar una revisión del Manta que se denominó B2 y que presentaba numerosas modificaciones estéticas entre las que destacaban paragolpes en termoplástico, alerón posterior y spoilers laterales, así como motores de 1.3, 1.8 y 2.0 litros de cilindrada, aunque este último tuvo una vigencia limitada principalmente en el Manta GSI.

El último modelo de Manta comercializado fue el «Exclusive», que se lanzó en 1986 con un gran equipamiento entre los que destacaban los asientos RECARO en rojo, el interior en cuero gris, ópticas dobles en cada faro, paragolpes posterior más bajo y un alerón de tres piezas que aumentaba la carga aerodinámica. Dos años más tarde, la comercialización del Opel Manta cesó tras haberse vendido casi dos millones de unidades, dando paso al exitoso Opel Calibra, que marcaría una época en los años 90.

El Opel Manta B i200

Esta versión, junto con las GT/E y GSI, fue la más popular del Opel Manta, pues no en vano fue mejorada por el preparador alemán Irmscher y sirvió de acceso a la serie completada con los i240, i300 e i400.

Al igual que el Capri, el Manta era un coche de la vieja escuela, con el motor delante, la tracción atrás y el eje posterior carente de suspensión independiente. Este modelo derivaba del GT/E de 1983, pero contaba con una inyección mejorada, una nueva curva de encendido y un árbol de levas modificado que permitía subir más de vueltas y otorgaba una ganancia de potencia cifrada en 15 CV, dejando la cifra final en 125 CV con un par máximo de 160 Nm. Como contrapartida, el Manta i200 perdía algo de brío a bajas revoluciones.

El Opel Manta i200 era una de las versiones más apetecibles.

Respecto al exterior, el Manta conservaba la estética del modelo base con el característico color blanco y la banda amarilla, gris y negra de la división deportiva de Opel (para el mercado español), así como un relativamente discreto alerón situado sobre el portón trasero que le otorgaba un aspecto más «racing».

Suficiente motor

Con algo menos de 1100 kg, el Manta se movía con brío gracias al motor de dos litros y 125 CV a 5900 rpm, aunque el par máximo aparecía en el i200 1300 vueltas más arriba que en el GT/E, por lo que se hacía necesaria una conducción más alegre para sacar partido al propulsor y compensar la menor elasticidad.

Así pues, el i200 era un vehículo con aires deportivos que exigía mayor uso del cambio y un conductor más avezado, con más ganas de «marcha». Eso sí, las prestaciones no permitían tampoco grandes alardes, por lo que el Manta basaba su éxito en una excelente relación entre la calidad, el rendimiento y el precio, superando este último por poco los dos millones de pesetas de la época.

El interior

El Manta i200 destacaba por un interior bien acabado que contaba con dos puntos fuertes principales. El primero, los asientos RECARO heredados del GT/E que sujetaban a la perfección y contaban con un mullido ideal para viajes largos sin cansar a sus ocupantes.

Los asientos firmados por RECARO eran excepcionales.

El segundo, la palanca de cambios, que era suave, precisa y rápida, convirtiendo la frecuente operación de cambio de marchas en una delicia. La pena era que la relación de cambio no ayudaba en absoluto a obtener unas buenas recuperaciones al ser las marchas demasiado largas en general. Adicionalmente, el volante de tres radios era atractivo y agradable al tacto, aunque su posición era algo alta, lo que solía ser habitual en los vehículos alemanes de la época.

Estable y eficaz

Su eje trasero rígido dotaba al Manta de un marcado carácter sobrevirador, pero noble y predecible, por lo que el conductor podía estar tranquilo a la hora de exprimir sus prestaciones. El subviraje no aparecía en ningún caso y el sobreviraje no acababa fácilmente en derrapaje, especialmente en curvas amplias en las que la velocidad es más alta.

A alta velocidad, el alerón trasero ejercía su papel con eficacia dotando al Manta de mayor estabilidad y seguridad de marcha, aunque lógicamente a costa de penalizar ligeramente la velocidad punta. La dirección era precisa y la carrocería no balanceaba apenas con dos robustas barras estabilizadoras como aliadas, aunque los frenos quizá eran excesivamente progresivos y exigían una pisada enérgica en momentos en los que había que detener el coche con eficacia.

En el siguiente vídeo podemos observar con todo lujo de detalle un Opel Manta GSI de 1986.

En resumen, en el Opel Manta encontrábamos a un coupé deportivo de precio muy atractivo, prestaciones razonablemente buenas y comportamiento dinámico noble y divertido. Entre sus puntos fuertes principales encontrábamos la dirección, la caja de cambios, el acabado interior y el precio. ¿Cosas a mejorar? La escasa elasticidad del motor y los frenos algo insuficientes.

El Opel Manta i200 no era el último grito en cuanto a innovación y tecnología, pero ofrecía sensaciones deportivas muy interesantes, buen acabado, espacio razonable para un coche de su segmento y una estética muy atractiva que sin duda contribuyó a convertirlo en uno de los iconos de los años 70 y 80 que siempre es un placer recordar en nuestra sección «Amores de juventud».

Fotos: Wheelsage.org

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