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Amores de juventud: el Renault Fuego

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En los años 80 nacieron muchos coches que no nos dejaban indiferentes y este rompedor coupé francés es un buen ejemplo de ello.

Los Lancia Beta, Alfa GTV, Porsche 924, Ford Capri u Opel Manta tuvieron su respuesta gala: el Renault Fuego diseñado por Robert Opron.

Durante la década de los años 70, el coche comenzó a ser visto como algo más que un mero medio de transporte, lo que obligó a los fabricantes a evolucionar y completar sus gamas con modelos más específicos y/o dotados de personalidad.

Ya en los 80, los vehículos de corte familiar y deportivo fueron los que más popularidad ganaron y la generación que creció con Mecano, Barrio Sésamo, Mazinger Z y el Frigo Pié tuvo la suerte de vivir de pleno el nacimiento de muchos de los coches de ensueño que ahora recordamos con cariño y nostalgia.

Cambio de concepto

Con la presentación del Renault Fuego en 1980, la marca gala escenificó un punto de inflexión en su historia, rompiendo con el concepto tradicional de diseño de sus modelos y apostando por una línea mucho más innovadora gracias al singular, pero sencillo, diseño de Robert Opron.

El dibujante automotriz francés ha puesto su firma en clásicos como el Renault Alpine A310 y el Renault 25, los Citroën CX, SM, DS21 y GS o el Alfa Romeo SZ. Para el Fuego, Opron debía concebir una carrocería coupé 2+2 sobre la base del Renault 18, una berlina de la que se aprovechó el chasis, elementos mecánicos y el salpicadero.

Así se publicitó en televisión el Renault Fuego.

El secreto del éxito del Fuego estaba en su rompedor diseño que, sin embargo, no era excesivamente complejo: volúmenes definidos a partir de líneas redondeadas y aerodinámicas que propiciaban un coeficiente aerodinámico (Cx) de 0,34.

Longitudinalmente, los 4,36 metros del Fuego eran recorridos por una banda negra sólo interrumpida por las ventanas laterales y los faros delanteros. Además, la visibilidad en el interior era considerable gracias a su gran superficie acristalada. Para rematar, contaba con varios modelos de llantas rebosantes de personalidad, entre las que destacaban las de doble banda central combinadas con dos rectángulos a cada lado.

12 años de vida

Tras su debut comercial de 1980, el Fuego llegó a España un año más tarde como sucesor de los Renault 15 y 17. Con su carrocería de corte deportivo, este modelo pretendía ofrecer una alternativa mixta a medio camino entre la deportividad y el confort gracias a sus cuatro cómodas plazas y su voluminoso maletero. En esencia, era una berlina con carrocería coupé.

En nuestro país la producción del Fuego cesó en 1985, extendiéndose hasta 1987 en Europa y hasta 1992 en Argentina, donde fue un modelo muy popular y apreciado. Tras esos 12 años de vida, Renault acumuló 260 000 unidades vendidas.

Comportamiento equilibrado

El Fuego recordaba mucho al Porsche 924 presentado en 1976, pero a diferencia del modelo alemán inicialmente desarrollado para Volkswagen, el modelo francés huía del espíritu netamente deportivo para apostar por una combinación equilibrada dotada de confort y prestaciones.

Los motores Renault de la época eran sobradamente conocidos por su fiabilidad y buen comportamiento, algo que los ingenieros del Fuego combinaron con unas suspensiones cómodas que hacían que el coche fuera algo subvirador, pero lo suficientemente ágil para desenvolverse bien en carreteras secundarias acompañado de una frenada contundente. Con asientos cómodos y una relación de marchas larga, el Fuego devoraba kilómetros con facilidad y ofrecía consumos contenidos, haciéndolo apto para viajes largos.

Renault dotó al Fuego de un notable equipamiento para lo que era habitual en la época

Para completar el conjunto, Renault dotó al Fuego de un notable equipamiento para la época, incluyendo aire acondicionado, dirección asistida, elevalunas eléctricos, cierre centralizado, pintura metalizada, 5 velocidades, lavafaros, faros antiniebla delante y detrás, apertura remota del maletero y llantas de 14 pulgadas, entre otras cosas.

El interior contaba con opciones muy lujosas.

Sin embargo, su principal punto débil fue el habitual en estos casos: el precio. Los 1,5 millones de pesetas que costaba en aquella década de los 80 -unos 9500 euros al cambio-, supusieron un escollo a la hora de convertirlo en un éxito total de ventas en el mercado español, limitando su periodo de venta a sólo cuatro años.

El diésel loco

Renault sorprendió al mundo de la automoción cuando, en 1981, presentó su motor diésel turboalimentado de dos litros de cilindrada que disponía de intercambiador de calor por aire de admisión. Con 88 CV, este novedoso bloque fue utilizado para lanzar el Fuego Turbo Diésel en 1982, convirtiendo la combinación de este tipo de motor con la carrocería coupé en todo un acontecimiento, lo que la marca francesa aprovechó para apodarle «El diésel loco, capaz de poner la carretera al revés» en una de sus campañas publicitarias

A nivel estético, esta versión disponía de un capó algo más abultado y tomas de aire bajo las ópticas delanteras, todo ello para dar mejor acomodo al propulsor. Con un par máximo de 185 Nm a 2000 rpm y un consumo combinado de 6,7 litros a los 100 km, el Fuego ofrecía una interesante combinación de prestaciones y economía, destacando también por la suavidad de su motor.

CARACTERÍSTICAS GENERALES

El Renault Fuego turbo era el modelo más deseado.

ESPECIFICACIONES TÉCNICAS

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