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Prueba BMW X1 sDrive18d 2020, compra lógica

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Actualmente el BMW X1 es el producto más vendido de la marca alemana. Los SUV copan las mayores ventas dentro de cada casa, y aunque muchos no tengan sentido a veces sus planteamientos te dejan sin argumentos para no recomendar su compra.

Que a BMW le ha cambiado el ADN en los últimos años no es decir nada nuevo. La otrora marca deportiva ha transformado su gama para adaptarse a los gustos mercantiles que como ya sabemos demandan ante todo SUV. Los alemanes responden a la llamada con una gama que va desde el BMW X1 hasta el excesivo e impresionante BMW X7. Esa gama se ha convertido en el pilar básico sobre el que se apoya la estrategia actual y venidera, y entre todos ellos el X1 sDrive18d es el más pedido y demandado.

El X1 se hace mayor. No en tamaño, pero sí en comportamiento y sensaciones

Por ese motivo esta prueba versa sobre esa versión, pero sobre la última que ha tocado el asfalto. El X1 cumple 10 años a la venta, fue el primero de la terna premium en hacer acto de presencia y eso le supuso un fuerte arranque gracias a la nula presencia de rivales. Eso sí, las marcas enemigas no tardaron en actuar, y desde entonces el pequeño de la casa tiene muchos más: Audi Q3, Mercedes GLA, Range Rover Evoque, Volvo XC40 y Jaguar E-Pace. Entre todos ellos se reparten ahora el pastel, aunque el X1 sigue ocupando los primeros puestos de ventas.

Y es que aunque no sea muy de SUV debo reconocer que entiendo perfectamente a quien se compra un X1. Lo entiendo porque al fin y al cabo entrega todo lo que promete y un poco más. Sí que es cierto que no es una compra asequible porque BMW ha marcado un precio de salida para el nuevo X1 de 33.400 euros. Es un coste de acceso bastante razonable, no lo voy a negar, pero el problema llega a la hora de querer meter equipamiento opcional. Que claro, siendo un BMW cómo no le vas a meter alguna que otra chuchería.

Y es que fácilmente se te puede calentar la boca al pedir cosas, porque todo lo que creas lo tiene y más. El X1, como buen BMW moderno, dispone de un amplio catálogo de elementos opcionales, entre todos ellos cabe destacar faros Full LED, Navegador profesional con pantalla de hasta 10,25 pulgadas, asientos y volantes calefactables, asientos con reglaje eléctrico, acceso y arranque sin llave, cámara trasera, amplio equipo de asistentes a la conducción y elementos de seguridad activa, carga por inducción, WiFi, asistente personal, Head Up Display...etcétera, etcétera, etcétera. Lo único que no lleva es un cuadro de instrumentos digital, pero que tampoco se le echa en falta.

Así que si eres de esos que busca tener la última novedad del mercado estarás encantado. Obviamente la mayoría de elementos de esa lista no llega de serie, para sumarlos habrá que rascarse el bolsillo y es ahí donde el precio empieza a subir rápidamente. También es cierto que no son necesarios todos y que muchos irán agrupados en paquetes de equipamiento. Estos paquetes no debemos confundirlos con los paquetes estéticos, porque no van unidos de la mano. Con unos cambiaremos el contenido tecnológico y con otros cambiaremos el aspecto general del coche.

El acabado xLine le confiere un toque a medio camino entre lo deportivo y lo campero

Cinco son los paquetes estéticos disponibles: De serie, Advantage, Sport, xLine y M Sport. A cada paso que demos en el escalafón el X1 va ganando un poco de carácter y personalidad. De esta forma en el acabado base nos topamos con un coche algo soso, mientras que por el contrario en el acabado xLine tenemos un aspecto más campero. Los toques deportivos se obtienen con los paquetes Sport, el primero de ellos algo más light porque con el M Sport el X1 parece transformarse en un M de verdad, pero como ya sabemos eso no existe.

Dado que el X1 ha sido renovado, el pequeño lavado de cara que ha sufrido le ha hecho mantener el mismo estilo pero con toques más modernos. Los faros se han modificado, el tamaño de los riñones ha crecido, y también se han sumado esos paquetes que ya he mencionado. Lógicamente no solo la parte delantera ha sufrido cambios, también la trasera los padece pero con mucha más sutileza. De hecho los cambios más radicales están en las nuevas pantallas de los faros y en que el símbolo de X1 ya no está junto a la luneta, si no abajo, en el borde del portón.

En líneas generales hablamos de un coche mejor presentado y más maduro que en el pasado. El restyling le ha sentado bien

En cuanto al interior, si bien ya ha quedado claro que es más completo en cuanto a tecnología, hay que reconocer que no cambia gran cosa con respecto a lo que había. La estructura y la presentación son exactamente iguales. El diseño no cambia pero sí que lo hacen los detalles. Molduras, tapicerías, colores, iluminación y materiales. En todos los casos la sensación de calidad se ha incrementado ligeramente. Digo ligeramente porque la que había ya era alta, así que ahora lo es un poco más. Uno de los mejores de su categoría junto con el Land Rover y el Volvo.

También hay que reconocer que el ambiente es más sobrio que en el pasado. Cuando el X1 salió a la venta quería atraer a un público más joven con el que poder fidelizar y que en un futuro diera el salto a un BMW X3 o un BMX X5. Ahora mismo la estrategia sigue siendo la misma pero también se da la mano a que un cliente más maduro quede seducido por un X1. Puede que BMW se haya dado cuenta que el precio de venta solo es accesible a un público maduro, o que también para eso han sacado el BMW X2. Sea como fuere hay un X1 para muchos tipos de compradores.

Con el restyling el X1 no cambia su interior, que se centra en recibir más equipamiento

Y es que como decía antes es normal que la gente se compre un X1, no solo por su calidad, equipamiento o diseño, también porque es válido para muchos tipos de usos. Su habitabilidad interior, con una banqueta trasera desplazable longitudinalmente, está tan bien pensada que puede valer para una familia con uno o dos hijos, para un matrimonio que suelan ocupar asientos con amigos o familia, o con un matrimonio mayor que quiere disponer de un coche más grande para esas ocasiones del por si acaso.

La realidad es que cuatro pasajeros irán muy cómodos en el interior del X1. El espacio para las piernas de los ocupantes traseros es muy grande, lo mismo que para la cabeza. Todas las plazas son cómodas, y la única que resulta menos práctica es la del centro. Como viene siendo ya habitual este asiento queda relegado a un uso meramente puntual porque no ofrece las mismas ventajas que sus aledañas. La banqueta y el respaldo son duros y cómo no hay que lidiar con un túnel de transmisión algo intrusivo por culpa de las versiones de tracción total.

El volumen del maletero tampoco supondrá ningún problema ya que cuenta con un baúl muy aprovechable y de grandes dimensiones. Como los salones, tenemos dos alturas, un doble fondo inmenso que nos permite dividir la carga y poder guardar objetos de tamaño medio sin que vayan dispersos por el maletero. También tenemos espacios portaobjetos y perchas para colgar bolsas. En cuanto a los volúmenes oficiales BMW nos dice que disponemos de un mínimo de 505 litros que podremos ampliar o bien desplazando hacia delante la fila trasera o bien echándola abajo. De esta última manera conseguiremos obtener el máximo de capacidad; 1.550 litros.

Fila trasera con espacio de sobra para piernas y cabeza. Ajustable longitudinalmente

Mecánicamente hablando el X1 nunca ha sido un dechado en virtudes. Tira de lo que funciona y de lo que necesita sin grandes alardes o exageraciones. Presenta, de hecho una de las gamas mecánicas más sobrias dentro de la casa, junto con los monovolúmenes BMW Serie 2 Active Tourer. Cuatro versiones diésel, tres versiones gasolina, y una híbrida enchufable xDrive25e que se sumará a partir del año que viene. Las potencias oscilan entre los 116 y los 231 caballos y asociadas a esas mecánicas tenemos cajas de cambios manuales o automáticas de doble embrague y convertidor de par.

Prueba BMW X1 sDrive18d 2020

De entre todos los X1 que se venden la versión sDrive18d es la más comercializada de todas, y es que una vez más resulta ser el complemento suficiente para el coche. El sDrive18d entrega 150 caballos de un motor diésel de cuatro cilindros y dos litros de cilindrada turboalimentado. Es una medida estándar, sin grandes lujos y con poca personalidad. Con él podemos optar por un cambio manual de seis velocidades o un cambio automático de convertidor de par de ocho marchas.

Para mi gusto, y mi recomendación personal, es optar encarecidamente por el cambio automático. Es caro sí, son 2.278 euros más que sumarle a la factura final, pero realmente merece la pena. Lo merece porque con él conseguimos hacer al coche más refinado, más cómodo, más prestacional y también incluso más ahorrador. Poco se puede decir que no se haya dicho ya de la caja ZF de ocho velocidades. Es, posiblemente, a día de hoy uno de los mejores cambios automáticos que existen en el mercado, y es normal que tanta cantidad de modelos diferentes la usen.

Su conducción no enamora, pero tiene toda la lógica del mundo

Como digo hace al coche mejor en todos los sentidos. Aprovecha todos y cada uno de los caballos que entrega el motor, lo lleva siempre en la marcha más óptima para el ahorro pero sin llegar a ahogarlo, y es rápido cuando solicitamos un extra de energía. En ese caso reduce las marchas que sean necesarias, hasta tres seguidas, para poder disponer de más par. Un par que llega a un máximo de 350 Nm entre las 1.750 y las 2.500 vueltas. No es un régimen muy grande, pero dado que la caja circulará siempre en rangos próximos es sumamente aprovechable.

A lo largo de la semana de pruebas no he tenido la sensación de echar en falta ni más potencia ni más par. De hecho me ha parecido más bien lo contrario. He podido probar ese motor en algún que otro modelo de la casa y me parecía corto o demasiado pobre según las circunstancias, pero en este caso no. 150 caballos de verdad, de los que están ahí cuando se les necesita. Así que no veo necesario optar por más potencia. Al final es gastarse el dinero en algo que no vas a usar, y por ende es preferible contar con algún elemento de equipamiento que sí podamos aprovechar.

Al tratarse de un diésel de nueva generación el motor sDrive18d es correspondido con el distintivo medioambiental C

Cosa curiosa es lo del consumo. A día de hoy estamos más que acostumbrados a que cuando una marca de un dato de consumo oficial, éste no sea del todo acertado. BMW anuncia que el X1 sDrive18d automático tiene un gasto en ciclo medio de 5,3 litros. Pues cual ha sido mi sorpresa que tras casi 1.000 kilómetros hechos en diferentes tipos de entornos, el ordenador de a bordo se ha quedado en los 4,9 litros por cada 100 kilómetros recorridos. No solo está por debajo de lo oficial, es que es un dato extraordinario se mire por donde se mire.

Sí que es cierto que no he abusado del coche en atascos, aunque sí por circuitos urbanos donde lógicamente el consumo tiende a subir por encima de los cinco litros. Pero se compensa rápidamente al encontrar carretera abierta y llevar un ritmo tranquilo. Para ayudar al ahorro BMW propone un modo de conducción especial, un modo ECO Pro que configura parte del coche para así apoyar los bajos consumos. Y lo mejor de todo es que, a diferencia de otros rivales, que el coche no se queda muerto. Reduce la respuesta de componentes como el acelerador pero sigue guardando una reserva para cuando sea necesario usarla.

Recomendación personal del cambio automático. Es más caro pero me lo agradecerás

También tenemos un modo Sport, aunque sinceramente no le veo mucho sentido. ¿Por qué? Pues porque no es un coche que despierte un instinto agresivo. Es un coche pensado para un uso tranquilo, rutinario e incluso aburrido. Su comodidad y calidad no dan ganas de hundir el pedal del acelerador a fondo y tomar cada curva como si no hubiera mañana. El X1 presenta un buen comportamiento dinámico, pero en este caso, en este sDrive18d todo transcurre de la forma más civilizada que uno pueda imaginar. Es un coche de montarse engranar la D y hacer cuantos kilómetros sean necesarios.

Es impresionante ver como el X1 ha ido ganando en calidad de rodadura desde sus inicios. Siempre ha sido un coche bien presentado y con calidad pero se notaba diferencia entre sus hermanos mayores, sobre todo con el X5. A día de hoy esas diferencias siguen presentes pero el X1 no tiene mucho que desmerecer. Es una pena que no pueda hacer uso de una suspensión neumática, pero claro de poder hacerlo entraríamos en terrenos de X3 y eso no puede pasar.

Ya que hablo de terrenos, tengo que decir que el X1 es un coche de carretera. Le gusta el asfalto, y si tiene que tocar tierra que sea sencillito y por poco tiempo. Sí, hay versiones de tracción total que se pueden unir a todos los motores, pero en ningún caso esos esquemas modifican la altura libre con respecto al suelo, que siempre será de 18,3 centímetros. Es una medida que nos permitirá ir por algún camino roto y poco más. Tampoco le ayudará el hecho de montar de serie unos neumáticos de verano.

La estrella de la casa, el producto más vendido de BMW en la actualidad. Y con razón

Conclusiones

Sé que no mucha gente puede acceder a comprarse un BMW X1 bien equipado, pero me reafirmo en mi titular. Personalmente no soy un hombre de SUV, pero en este caso entiendo perfectamente a quién se compre un X1 sDrive18d. ¿Por qué? Pues porque cumple a rajatabla con todo lo que se pide de él. Es un coche con calidad, con esa estética campera que está tan de moda, tiene mucho equipamiento, buena habitabilidad y un comportamiento sobrio pero muy ahorrador. No es un coche que enamore al ponerse tras su volante. Es caro, sí, pero salvo el precio la verdad es que no hay muchas pegas que ponerle.

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