GP de Italia F1 2026: Kimi Antonelli, rey de Italia
Seguimos en el camino de despersonalización de los antiguos circuitos. Los de carácter propio, como Monza, que siempre fue el templo de la velocidad –junto con el viejo Hockenheim-. Ahora, por supuesto, ya no iba a serlo: la energía manda.

Aunque no fue tan grave como las peores predicciones, dolía ver algunas recargas y lentitudes. Pero se suplió con la tremenda alegría de ver a Pierre Gasly logrando una inesperada pole position. Justo al día siguiente de que le quitasen el podio de Mónaco y se le devolviese a Hadjar.
Eso provocó la ira del personaje más turbio y pendenciero que ronda por el paddock. Que Flavio Briatore tenga la falta de decoro de acusar de nada a McLaren o la FIA, tiene bemoles –y sostenidos y becuadros-. Él, el hombre que obligó a un piloto a chocar contra un muro para amañar un resultado de carrera. Él, que fue expulsado del deporte. Él, acusa a la FIA y a McLaren.
Y sí, nadie duda que, como intrigador, como conseguidor e incluso como director de equipo, hizo grandes cosas, viniendo de simple comercial de la marca Benetton. En su palmarés hay mundiales de Schumacher y Alonso, y muchos le deben su carrera a este señor. Pero, ¿saben?, sobra. Márchese, señor mafioso.
El Gran Premio
Pero vayamos a la carrera. Gasly salió bien, pero era obvio que no iba a durar. Antes, Hamilton y Leclerc se tocaron, con el monegasco sacando fuera de pista a su compañero. El mismo que había pedido a Ferrari priorizar a un piloto –léase, él– para ir a por Antonelli.
Leclerc completó una vuelta aciaga en la segunda, cuando, tras adelantar a Gasly siguiendo a Russell, se quedó sin energía y cayó al cuarto lugar. En otros tiempos, salir con ímpetu de la ‘variante del rettifilo’ era sinónimo de abrir espacio hacia la ‘variante della Roggia’. Ahora, como se vio, te quedas vendido.
Pero lo peor fue a la salida de la Parabolica, cuando se fue un poco largo y tuvo un espeluznante accidente, que recordó al de Derek Warwick en ese mismo punto en 1990. Ambos provocaron la bandera roja, pero sobre todo, ambos salieron ilesos. Obviamente, eso abría la ventana de cambiar neumáticos y no parar más. Había muchos duros y medios. ¿Sería una mejor carrera así?

La pole ahora era de Russell con Gasly al lado. Interruptus. Tsunoda estaba mal colocado. Otra vuelta de formación. Drama a la italiana. Russell salió perfecto y Gasly estuvo tras él, mientras Colapinto acababa con el sueño saliéndose en la primera de Lesmo. Y bueno, Antonelli, que salía atrás al principio de la carrera, estaba ya sexto, enmendando un supuesto mal día.
Hubo una bonita remontada de Verstappen y de Antonelli, y una divertida batalla de yoyó con Russell, hasta que se estabilizó y Russell y Antonelli abrieron hueco en cabeza. Eso ocurrió cuando desde el muro de Mercedes les dijeron que se había acabado el recreo, que guardasen el yoyo y que corriesen para alejar a Verstappen. Pero el coche de seguridad virtual provocado por Stroll motivó que Antonelli parase –llevaba medios– y Russell siguiera con el duro. El italiano volvía a ser sexto, a 15 segundos.
Un final de película
Pero el Mercedes es un gran coche y Antonelli un gran piloto, y comenzó a remontar. Con un error de Hamilton, se colocaba en el podio. Y al poco, segundo. Pero iba a por más en casa. Y sin la ayuda de que Russell fuera sancionado por infringir las banderas amarillas. Poco a poco, décima a décima, se iba aproximando a su compañero. Como un líder de equipo y de mundial. Como un italiano de talento buscando vencer en casa, sesenta años después de Ludovico Scarfiotti.
Hace 60 años, en Monza, también acababa la película Grand Prix, de John Frankenheimer, maravilla sobre el automovilismo. Y como si fuera puro celuloide, el final apoteósico se iba gestando. A falta de cinco vueltas, ya estaba a menos de un segundo. Y hubo drama: cuando lo intentó, se salió a la grava en la ‘variante del rettifilo’. Podía haberse quedado fuera. Italia se quedó sin aire.
Pero Italia se hundió cuando en la vuelta 50, Antonelli era líder de la carrera al fin. Esa Italia tan roja y ferrarista, tan plateada como el brillo de su piloto. Un joven de veinte años que había salido el decimonoveno. Nada, ni nadie, pudo parar a la fuerza de la naturaleza que fue Antonelli este domingo.
Russell se doblegó, otra vez, ante el líder natural de su equipo. Ya se verá quién gana el mundial, pero hay un vencedor este año. Es Antonelli. Y en el podio, con él, estaba el otro gran piloto de esta parrilla, un Verstappen que nadie esperaba que estuviese allí. Pero siempre está.
Y así se escribe la historia, con los gritos y el llanto de un piloto cuyo horizonte se antoja lejano. Un día, recordaremos haber visto pilotar a Kimi Antonelli. Como se recuerda a los más grandes. Así que, si todavía no han sintonizado con el canal Antonelli, no se lo pierdan. Es un joven rey que aspira a ser el emperador del automovilismo. Grazie, Kimi, sei già un grande.
