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    Soylent Green

    Soylent Green
    Alpine está haciendo muchos cambios antes de iniciar una temporada crucial para su futuro.
    José M. Zapico
    José M. Zapico11 min. lectura

    El jaleo que se ha liado en las últimas fechas en el seno de Alpine está dejando un sabor raruno en una de las escuderías de las que más avance se espera de cara a la temporada entrante. Todo tiene explicación… y soluciones.

    El equipo de Enstone, como se les conoce en el paddock, es una suerte de empresa-franquicia que cambia de manos al ritmo de la llegada de aquellos que estén interesados en meterse de cabeza en la categoría. Toleman, Benetton, Renault, Lotus, Alpine… Son muchas las vidas que ha tenido la formación y andan ahora metiendo un ruido incómodo con la salida, «con efecto inmediato», de Marcin Budkowski y de una forma poco natural del asesor, consejero y sostén de la tricolor francesa Alain Prost. Pero llegan más cambios y dentro de ellos la explicación de lo que está por venir, que promete ser mejor que lo actual, si es que acaba confirmándose.

    Lo más llamativo y vistoso ha sido la inesperada salida de Alain Prost. El tetracampeón es una voz importante en el paddock, y aunque su presencia apenas tenga peso en lo técnico se pierde un puntal mediático y de imagen francesa en un equipo medio francés, con un motor francés, nombre de marca de coches francesa, y apoyado abiertamente por el gobierno francés. La firma Alpine es una filial de Renault, pero se trata de un producto de nicho. Con el beneficio que han obtenido de la venta de los 2.659 coches que colocaron en 2021 (más que los 1.343 de 2020 pero menos de los 4.376 de 2019) malamente van a poder costear los superlativos gastos de una escudería de Fórmula 1, y es por esto que cualquier ayuda es bienvenida.

    Marcin Budkowski llegó a Renault haciendo ruido y se marcha de la misma manera

    Prost ejercía de director no ejecutivo, al menos sobre el papel, pero de facto era más un relaciones públicas, de imagen de marca, consejero, opinador interno y a veces asesor de Esteban Ocon… porque de Fernando Alonso va a ser que no. Los dos se juraron enemistad, por llamarlo de una manera suave, allá por los principios de este siglo. El asturiano militaba en la F3000 cuando él y su padre llegaron a un acuerdo verbal, de los que se dan los hombres cuando aprietan sus manos, para irse a la por entonces escudería Prost. La idea era irse más tarde, saltar hacia la Ferrari dirigida por Jean Todt, en un trayecto similar al que hiciera Felipe Massa desde Sauber.

    De aquella un tal Flavio Briatore supo ver el diamante en bruto de a tonelada dentro de aquel discreto y poco expresivo jovenzuelo, y se lo llevó a Benetton-Renault. Desde entonces las relaciones Prost-Alonso nunca han sido más allá que las correctas y educadas por ambas partes, pero sin simpatías mutuas; si podían no saludarse, mejor, algo que dicen le ocurría con Todt. Toma nota de otro detalle que hace sólida esta historia: Alonso solo pisó Maranello cuando el ahora ex presidente de FIA salió por la puerta, y nunca antes. Con toda seguridad el asturiano no ha sido el que ha dado el empujón que despeñó a Prost del monte Alpino, pero si a algo podría haberse agarrado es seguro que no era a su poderoso pescuezo.

    El otro que se pira

    Marcin Budkowski llegó a Renault haciendo ruido y se marcha de la misma manera. El diseñador de los coches de Enstone procedía de la Federación Internacional de Automovilismo, donde ostentaba un cargo técnico. Muchos pusieron el grito en el cielo porque soportaban mal que un ex-FIA pasase de forma inmediata de crear las reglas a aplicarlas en beneficio de su contratante. Las aguas tuvieron que ser calmadas, nadie sabe muy bien cómo ni a cambio de qué, pero el chillerío cesó. Ha estado un tiempo en Renault-Alpine, y el actual coche, el que toque el suelo el 23 de febrero en Montmeló, será producto de su trabajo.

    El problema es que llevaba mal lo de tener no uno sino incluso dos jefes. Laurent Rossi y Davide Brivio eran demasiados para él y ganas de pirarse no le faltaron, pero en caso de irse con anterioridad a fechas recientes su indemnización costaba poco menos que un túnel de viento. Al parecer esa causalidad ha desaparecido, debido a fechas, acuerdos o cláusulas diversas y aunque el polaco dejase palabras correctas en el comunicado de su antigua formación, el aderezo «con efecto inmediato» incluido en el texto, sonó como un cañonazo a medianoche en una pedanía de provincia de interior.

    Laurent Rossi y Fernando Alonso, durante la firma del contrato que une al español con Alpine hasta finales de 2022.

    Su salida, debido a la inapetencia por tener que rendir ante tantas cabezas, debería haber sido pactada con anterioridad aunque ha tenido que ser ahora por los contratos establecidos. Rossi y Brivio se pusieron de acuerdo, tiraron de teléfono, y al otro lado de la línea Otmar Szafnauer sonrió, y con esta jugada tiene pinta que muchas cosas pueden cambiar… porque el rumano-yankee llega con tres regalos bajo el brazo: a sí mismo, pasta y un acólito fundamental en el futuro de Alpine.

    La carrera de Szafnauer está repleta de cosas interesantes. Ha sido piloto en la Fórmula Ford, ha trabajado para Honda, BAR, creó una aplicación de cronometraje para el iPhone y en 2009 aterrizó en Force India. De su mano los indios, ahora Aston Martin, pasaron de ser penúltimos aquel año a ganar carreras, quedar cuartos en 2020 y sumar 195 puntos como su mejor resultado en su iteración como Racing Point. Otmar no es un añadido técnico a los equipos en los que milita, pero resulta obvio que conoce el suelo que pisa, y gestiona bien teniendo poco a la mano. Si el ruidoso rumor se hace tangible, bajo el brazo traerá un sobrecito de color rosa con 40 millones de euros en patrocinio procedentes del gigante austriaco del procesamiento de aguas BWT. Los que de rosa pintaron a los actuales verdes Aston Martin hacen las maletas y no hace falta ser un lince para pensar que en Renault/Alpine se acabarán ahorrando ese dinero.

    Pero el regalo clave de toda esta jugada no está en estas dos piezas de caza mayor, que también, sino en una de las cosas más caras, de queridas y deseadas, en la Fórmula 1 actual: el tío del lápiz. Se dice, y al parecer andan negociando, que de escolta de Szafnauer llegará Andy Green, hasta ahora responsable técnico en Aston Martin. Green es uno de los grandes diseñadores de la Fórmula 1, muy reconocido y copiado por otros, y que posee varias características especialmente valiosas en una época de limitación de gastos: recauda buenos resultados con recursos limitados, siempre trae ideas frescas, y sus creaciones tienden a crecer, evolucionar, porque deja espacio libre para el desarrollo.

    Esto último es algo muy bueno porque con limitaciones presupuestarias, horas de túnel de viento capadas, y con recortes de dinero en caja aporta un elemento técnico-financiero imbatible. El problema para Alpine es que en caso de llegar mañana mismo su huella raramente sería visible antes de 2023. El monoplaza que estrenen Esteban Ocon y Fernando Alonso en febrero será marca Budkowski, y modular su ADN será casi imposible si se tienen en cuenta los parámetros tiempo-presupuesto-límites técnicos reglamentarios.

    ¿Y que se sabe de ese coche, el de este 2022? Pues que en el simulador ha perdido mucha carga aerodinámica con respecto al año anterior, cosa que les va a pasar a todos, pero nadie sabe a ciencia cierta dónde está cada uno; posiblemente ni siquiera los mismos equipos. Alpine parte de la base de que tienen, o al menos tenían el año pasado, el motor menos dotado de la parrilla. Quien crea que ese motor va a mejorar está en lo cierto… pero quien piense que el resto también lo va a hacer, también acertará.

    Epílogo

    Esta viruta, titulada «Soylent green», adquiere el nombre de una mítica película protagonizada por Charlton Heston y rodada en la temporada de 1973. Soylent green era la comida que daban a los habitantes de un mundo postapocalíptico y que estaban hechas de cadáveres de la misma gente que ahora se las comía. Aquel año, 1973, el título fue para Jackie Stewart… encaramado en un Tyrrell, equipo que ahora se llama Alpine. De manera presumible esta formación será dirigida en lo técnico por Andy Green, y su aún por confirmar director a un polaco-americano que sale de una escudería que pinta sus coches de verde. Es el antónimo cromático al color rojo de los semáforos, el que impide que las cosas avancen.

    Fotos: Alpine F1 Team