¿Quieres estar informado diariamente con las últimas novedades del mundo del motor?

Ahora noPermitir
    Autobild.es
    José M. Zapico / Columnista Fórmula 1

    José M. Zapico

    Columnista Fórmula 1

    179 artículos

    Sobre mí

    Ni mi padre, ni mi abuelo, ni mi hermano, ni ninguno de mis amigos. A mi el que me hizo un enfermo de Formula 1 fue un mecánico un día paseando por el pitlane de Jerez al final de unos entrenamientos de motociclismo. La revista Solo Moto me había mandado para hacerle fotos a Sito Pons y Juan Garriga pero lo mejor, y lo que más tarde cambiaría mi vida, llegó al final de la jornada. Caminaba tranquilamente con mis cámaras colgando del cuello, y al pasar delante del box que ocupaba un equipo que rodaría al día siguiente desataron el infierno a dos metros de mi. Probando para los tests un anónimo mecánico arrancó un motor, y aquello no fue el encendido de un coche sino como una explosión que me heló la sangre. Un escalofrío me atravesó la espalda, casi me deja sin respiración, por poco no se me saltaron los empates de las muelas y puso el suelo a temblar como si el dios creador me hubiera enviado un terremoto personalizado. Del pavor inicial pasé al azoramiento, luego a la inquietud y más tarde a la curiosidad. Un par de ojos abiertos como nunca pudieron observar como un portón celeste semiabierto dejaba entrever apenas unas pocas piernas, la parte inferior de las ruedas delanteras y un pedazo de un morro azul y blanco en el que se leía “Canon”. Era un Williams. El primer Formula 1 que vi en mi vida, a apenas un par de metros, fue el coche de Nigel Mansell. De repente la persiana se acabó de abrir empujada por uno de los miembros del equipo y allí estaba: mitad insecto, mitad lata de sardinas, mitad cohete espacial… y sus tres mitades me resultaron fascinantes. Brillaba, relucía, era el vehículo de corte aeroespacial más avanzado que había visto en mi vida. Aquello no era un coche, era lo más parecido a una nave de La Guerra de las Galaxias con lo que probablemente tropezaría jamás. Aquella atmósfera de quirófano, las luces blancas justo encima, cables que salían por todas partes y técnicos trabajando en silencio a su alrededor… Ese día me dije: esto es la hostia, quiero estar aquí. Y desde aquel día mi existencia ha jodido de manera sistemática comidas familiares, bodas, comuniones, viajes, excursiones y eventos cercanos de diverso tipo con un nexo común: ver las carreras de F1.

    ¿Un ejemplo? El tipo de aquella venta de carretera manchega alucinó bastante cuando a principios de los 90 le di quinientas pesetas para que me pusiera en aquella televisión cochambrosa, y como espectador único, la Formula 1. Sonrío al pensar que el Pay per View no lo inventó Bernie Ecclestone sino yo. Ahora, cuando el calendario me calza medio siglo, echo de menos aquella primera vez. Después ha habido momento mejores, pero ninguno como aquel. Por eso cada vez que escribo una línea sobre este deporte viajo en el tiempo a aquella tarde en Jerez. La Formula 1 es lo más parecido a una máquina del tiempo que existe sobre la faz de la tierra. Y no hay muchas más, no al menos para mi.

    Contenido de José M. Zapico

    Todas las noticias, pruebas y vídeos de José M. Zapico

    Últimos artículos

    Las asignaturas del cursoNovedades
    Hace 8 horas15 min. lectura

    Virutas F1 Las asignaturas del curso

    Ganar títulos de pilotos es una aventura compleja que depende de parámetros volátiles y poco previsibles, pero el mundial de constructores sí que atiende a un guión más...

    Soylent GreenNovedades
    Hace 1 semana11 min. lectura

    Soylent Green

    El jaleo que se ha liado en las últimas fechas en el seno de Alpine está dejando un sabor raruno en una de las escuderías de las que...

    El dinero del futuroNovedades
    Hace 2 meses14 min. lectura

    El dinero del futuro

    La frase apócrifa dicta que «el verdadero combustible de la Fórmula 1 no es la gasolina sino el dinero». Huérfana de padre y madre muestra una realidad que...

    El criaderoNovedades
    Hace 2 meses19 min. lectura

    El criadero

    En el Siglo II, en tiempos del emperador Adriano, Hispania estuvo regada de circos romanos, los circuitos de carreras de cuadrigas. La rima aparece cuando eres consciente de...

    Vida tras la muerteNovedades
    Hace 3 meses17 min. lectura

    Virutas F1 Vida tras la muerte

    Con sombrero y bigotillo el militar retirado con el ABC bajo el brazo ralentizó su marcha al traspasar el portal y poder observar la escena. La señora mayor...

    El juego del calamarNovedades
    Hace 4 meses16 min. lectura

    Virutas F1 El juego del calamar

    Van ataviados con uniformes de colores, llevan un dorsal pintado en el lomo, pelean entre ellos a cambio de una pimporrada de millones, se van eliminando de forma...

    26 escalonesNovedades
    Hace 4 meses14 min. lectura

    Virutas F1 26 escalones

    Doce de septiembre. 15:41 horas. Max Verstappen y Lewis Hamilton se atizan en el circuito de Monza. A los 16.000 pares de ojos que pasaron por taquilla y...

    Sir Lewis traga salivaNovedades
    Hace 4 meses11 min. lectura

    Virutas F1 Sir Lewis traga saliva

    Lo están notando hasta los aficionados más cenizos y críticos con la especialidad: este año está siendo, de largo, el más divertido y apasionante de toda la era...

    El equipo de SilverstoneNovedades
    Hace 4 meses18 min. lectura

    Virutas F1 El equipo de Silverstone

    Recibió la llamada, que fue breve. «Quiero que vengas aquí mañana mismo, vas a hacer algo nuevo, distinto, mejor y más grande». Al colgar supo que le habían...

    Carlos Alatriste, pero contentoNovedades
    Hace 5 meses11 min. lectura

    Virutas F1 Carlos Alatriste, pero contento

    Carlos Sainz se despierta cada mañana antes de las ocho en su casa italiana, situada entre Maranello y Modena. Acto seguido se toma un café. Se ducha, se...

    1 de 18