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Dirigentes indignos, aunque sobradamente pagados

En una época en la que los directivos están mejor pagados que nunca, debería haber un mayor compromiso ético por parte de las cúpulas. Aunque no incurran en ilegalidades, sí lo hacen en inmoralidades. Varios ejemplos ilustran esta falta de relación.

Los máximos responsables del "Big Three" de Detroit (2009)

Cuando los directivos cobran sumas escandalosas en relación a lo que cobran los empleados de una empresa, es posible que algo no se esté haciendo correctamente. Si, además, esos directivos no hacen una buena gestión, resulta muy dudoso que las altas remuneraciones sean como mínimo convenientes.

En noviembre de 2008, a las puertas de que Chrysler, Ford y General Motors necesitasen un rescate millonario en Estados Unidos, los directivos Alan Mulally (Ford), Robert Nardelli (Chrysler) y Richard Wagoneer (GM) fueron a pedir ayuda al Gobierno de Estados Unidos. Los tres viajaron en aviones privados a Washington D.C.

En su momento esa actitud de cara de cemento dio que hablar. No hay nada como derrochar para pedir dinero al contribuyente. ¿Fue legal? Sí. ¿Fue estético? No. Ford al final se las apañó por su cuenta, pero rescatar a Chrysler y GM costó decenas de miles de millones de dólares al país y sus contribuyentes. En Canadá más de lo mismo.

Herbert Diess (izquierda) y Matthias Müller (derecha), CEOs recientes de Volkswagen

Los últimos titulares de prensa económica arrojan dudas sobre la honorabilidad de algunos directivos. Herbert Diess y Hans Dieter Poetsch, dos de los máximos responsables de Volkswagen, están siendo investigados por manipulación de valores bursátiles.

Vamos, que no informaron a los accionistas de que la EPA podría crujir al fabricante al conocerse las programaciones tramposas de los TDI en Estados Unidos. De momento son presuntos, pero están en fase de investigación judicial otros cargos, por no hablar de dos que han pisado la cárcel en EEUU (uno de ellos Oliver Schmidt, alto cargo en VW North America) y un ex CEO de Audi, Rupert Stadler, está arrestado desde hace más de un año.

De hecho, hay unos cuantos dirigentes de Volkswagen que no deberían pisar suelo estadounidense ni países con acuerdos de extradición con ellos, so pena de acabar metidos entre rejas durante una buena temporada por su implicación en el escándalo de las emisiones de los motores diésel. Entre ellos está Martin Winterkorn, que también se está enmarronando en Alemania.

Carlos Ghosn, ex CEO de Renault Nissan Mitsubishi

Otro que da que hablar es Carlos Ghosn, que acumula ya 10 meses de calvario judicial en Japón, desde que las autoridades niponas le arrestaron por presuntos cargos de corrupción y enriquecimiento ilícito. Cayó con él Greg Kelly, un estrecho colaborador. Estuvieron cautivos meses hasta obtener la libertad condicional, y esperan juicio para el año que viene.

Si bien ambos son inocentes, ya que no hay sentencia en su contra, lo suyo huele un poco. Ghosn y Kelly han aceptado pagar sanciones al supervisor bursátil de EEUU, la SEC, por no haber comunicado a las autoridades ni los accionistas planes para recibir remuneraciones extraordinarias, que no llegaron a cobrar. También aceptaron años de inhabilitación para empresas cotizadas en ese país.

En el caso concreto de Carlos Ghosn, no estaba precisamente mal pagado, ganaba casi 2 millones de dólares al año. Para colmo, el directivo que le sucedió, Hiromu Saikawa, tuvo que dimitir por ocultar otra remuneración extraordinaria. Parece que no hubo delito, pero también fue un movimiento muy poco estético.

Martin Winterkorn, ex CEO de Volkswagen

Parece meridianamente claro que en esta industria los desmanes serían más graves si no hubiese reguladores que comprobasen que los directivos "se portan bien" o que se cumplen las normativas de seguridad y emisiones. Vamos, que no se les puede dejar solos y a su antojo haciendo y deshaciendo.

En el top de la ignominia habría que mencionar a todos esos directivos, en múltiples fabricantes, que permitieron que miles de sus clientes muriesen en accidentes de tráfico por causas conocidas o se hayan infestado las grandes ciudades de polución extra en base a un cálculo económico: si nos pillan nos cuesta X, y si no, eso que nos ahorramos.

Menos mal que hablamos de empresas con consejos de administración y vigilancia interna, que si nadie vigilase por dentro qué podría pasar... Como haber ocultado a las autoridades 25 años que no se habían hecho bien unas homologaciones. Esperad, pasó en Mitsubishi, no es un ejemplo al azar. En todas partes cuecen habas, visto lo visto.

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