Los gadgets inútiles que invaden el coche moderno solo son la excusa perfecta para hacerte pagar de más
Probar decenas de coches al año te vuelve inmune al postureo digital. Resulta alarmante comprobar cómo proliferan los extras absurdos que cuestan una fortuna pero que el conductor medio termina desactivando al segundo día. Repaso la tecnología automotriz pensada para impresionar pero que no soluciona ningún problema real.

Hubo un tiempo no muy lejano en que la innovación en un automóvil se medía en metros de frenada, refinamiento de la suspensión, eficiencia o ergonomía. Si comprabas un extra, era para viajar más seguro o más cómodo. Hoy, me da la impresión de que el departamento de marketing le ha ganado la partida al de ingeniería llenando los habitáculos de funciones superfluas e innecesarias que se cobran a precio de oro pero que el conductor medio no saca provecho.
Si entras en el configurador de cualquier marca premium (y de unas cuantas generalistas que juegan a serlo), da la sensación de que compras un smartphone de dos toneladas con ruedas. Te venden la «experiencia inmersiva» o el «ecosistema digital». Traducido al cristiano: una colección de fuegos artificiales pensados más para asombrar al vecino en el garaje pero que no aportan un solo momento de utilidad real cuando estás al volante.
Después de probar decenas de novedades cada año, uno acaba desarrollando cierta alergia a la pirotecnia tecnológica. La conectividad bien entendida, los asistentes de conducción pulidos o la iluminación matricial son avances fantásticos pero a mí me parece que algunos gadgets se venden como si fueran una revolución pero en realidad son prescindibles o incluso absurdos.

Luces de discoteca, flechas 3D y perfumes a precio de oro
Te pongo como ejemplo los sistemas de iluminación ambiental presentes en cada vez más modelos. Empezó como algo discreto. Una sutil luz LED en la zona de los pies o un hilo tenue que recorría el salpicadero para dar sensación de espacio durante la noche. Elegante, agradable, funcional y con un puñado de colores a elegir.
Las marcas muestran su «innovación» en este campo tratando de convertir el habitáculo en la zona VIP de una discoteca en Ibiza. En algunos casos tiene una lista de más de 200 colores, muchos de ellos prácticamente iguales entre sí, con la posibilidad de que la iluminación parpadee al ritmo de la música o cambie de color según el botón que toques del climatizador.
Me encanta poder personalizar el ambiente para hacerlo más acogedor pero mi experiencia es que el primer día vas a elegir un color que te guste y nunca jamás volverás a cambiarlo. Que el salpicadero cambie a rojo pasión a juego con un solo de batería es algo en lo que te fijas en la primera semana por la novedad. Después hasta te pasa desapercibido o incluso desactivas la función para evitar reflejos molestos en la ventanilla.
Otro extra cada vez más frecuente que raras veces merece la pena es la realidad aumentada en las indicaciones de navegación. La idea en sí es buena porque en la pantalla del navegador o el head-up display (HUD) se proyectan flechas flotantes en tres dimensiones que se mueven, se hacen grandes, señalan el carril por el que debes ir y se superponen sobre el asfalto.
En la práctica, cada vez que he llevado un coche que lo tenía lo he acabado desactivando. Es mejor recibir indicaciones sencillas y claras porque tanta flecha azul o roja bailando en tu campo de visión termina sobrecargando la vista más que ayudando. Quizá en el futuro, cuando las imágenes superpuestas estén mucho mejor integradas sean útiles pero hoy por hoy no pagaría por esta tecnología.
De las cosas más superfluas que me he encontrado son los purificadores de aire con frascos de perfume integrados. Algunos modelos de cierto caché incluyen cartuchos de fragancia intercambiables en la guantera que dosifican olor por las rejillas del aire acondicionado.

Para mí, es la solución a un problema que nunca nadie tuvo. El difusor de fragancia es un sistema innecesariamente rebuscado y, encima, caro. Cuando el cartucho se agota ahí tiene la marca otra excusa para volverte a sacar los cuartos y venderte uno nuevo que huele a «brisa marina de bote» a precio de perfume de lujo.
Reconozco que igual soy yo, que no tengo un olfato muy fino, pero nunca me ha aportado nada. No te digo yo que vuelvas al clásico pino de cartón colgando del retrovisor pero sí que estaría bien volver a la sana costumbre de mantener el coche limpio para que huela a... coche limpio.
Aparcamiento remoto y videojuegos en la pantalla: cuando el coche quiere ser un smartphone (spoiler: sale mal)
Venga, más cosas. El aparcamiento remoto mediante el móvil es uno de los gadgets más futuristas que hay. Te bajas del coche en un hueco estrecho, sacas el teléfono móvil, deslizas el dedo por la pantalla y el vehículo aparca solo. Poder mover el coche a distancia es algo casi de película de ciencia ficción.

He probado los sistemas de muchas marcas y te aseguro que no lo vas a utilizar porque la realidad suele ser bien distinta. Te bajas del coche. Sacas el móvil. Abres la aplicación. Espera a que se conecte por Bluetooth. El coche detecta un papelillo en el suelo y clava los frenos de emergencia como si fuera a colisionar contra un muro de hormigón. El sistema tarda unos cinco minutos de reloj en realizar una operación de tres maniobras que tú habrías completado en diez segundos.
Mientras tanto, se ha formado una cola de varios coches detrás de ti cuyos conductores te miran con una mezcla de lástima e ira contenida mientras ven cómo parece que estás jugando con tu teléfono. Es la maniobra infinita. No lo vas a usar nunca, ya te lo digo.
Voy con la última tecnología. Pocas cosas hay más inútiles que los videojuegos integrados en la pantalla multimedia. Como si la cantidad de distracciones y pantallas no fuera suficiente, a los departamentos de desarrollo software se les ha ocurrido que el coche es el lugar ideal para echar una partida a algún juego clásico. Te lo presentan como la solución definitiva para amenizar las esperas mientras cargas la batería de un eléctrico y cosas así.

Para jugar a muchos de estos títulos en la pantalla del salpicadero el sistema te pide escanear un código QR para que te descargues una app en tu smartphone para usar tu propio móvil como mando a distancia. Cuando tienes tu móvil en la mano es cuando te das cuenta de que algo falla. Gracias, industria del automóvil, pero que alguien me explique para qué querría hacer todo eso si puedo jugar directamente en el teléfono con mil veces más catálogo, sin tener el contacto del coche dado y con mucha más comodidad.
En tu móvil tienes procesadores capaces de mover videojuegos de última generación con gráficos súper realistas, pero la industria del automóvil te sugiere que lo vincules al salpicadero para jugar al Pac-Man, al Buscaminas o al Uno. Han convertido la pantalla del coche en una consola de los noventa usando la tecnología de la NASA que llevas en el bolsillo.
El triunfo del postureo digital o cuando las marcas prefieren venderte lucecitas antes que buena ingeniería
Podría poner un puñado más de extras que sobran totalmente pero creo que ya se entiende la idea. Es genial que la tecnología avance pero ha perdido el sentido de la orientación. Las innovaciones tienen que ser realmente útiles, no solo algo llamativo de lo que presumir en redes sociales. A este paso no debería extrañarnos que el catálogo del año que viene alguna marca incluya una máquina de palomitas en la guantera.
El comprador, fascinado por el impacto visual en el concesionario, cae en la trampa del postureo digital y acaba comprando un capricho inservible en el mundo real pagado a precio de oro. Quizá, en su afán por vendernos el coche como un dispositivo inteligente sobre ruedas, las marcas han olvidado que la verdadera magia de un automóvil siempre ha estado en la carretera, no en los extras superfluos.

