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Los SUV pueden evolucionar a "coches de padre" (o "de madre") y perder fuelle

Algunas modas son cíclicas, y los SUV pueden ser una de ellas. Analizando las causas del auge de este tipo de coches podemos entender por qué pueden acabar perdiendo el favor del público, sobre todo si su público va envejeciendo.

Seguramente has escuchado recientemente un anuncio en el que el protagonista dice las cosas que tiene en común con su padre, hasta que va a hablar del coche y dice que él tiene un SUV, no como su padre. Según ese anuncio, la elección de ese tipo de coche se convierte en una respuesta rebelde hacia lo establecido.

Tradicionalmente podríamos asociar los coches de padre o de madre (y todas sus variantes) a las berlinas, incluso los familiares, dada su mayor capacidad de carga cuando se trata de hacer viajes con varias personas. En los años 90 la asociación de monovolumen a coche típicamente de padres se hizo muy evidente dado su espacio interior ampliado.

Mientras tanto, los que no querían o no necesitaban un monovolumen eran más proclives a adquirir carrocerías menos prácticas como compactos de tres y cinco puertas, aunque finalmente las cinco puertas han acabado por imponerse. Tiempo después, comenzó a hacerse la asociación de SUV a lo contrario a un coche de padres.

Pero las tendencias van cambiando, y cuando un segmento pasa de ser minoritario a mayoritario las percepciones cambian. La clientela típica de los SUV se gasta más dinero del que se gastaría en un compacto o berlina/familiar por dos razones fundamentales: primero, el precio es más alto, y segundo, ese precio va un poco más inflado por ser coches más de capricho.

Esto es así porque uno de los motivos más esgrimidos para la compra de un SUV tienen que ver con su diseño (que gusta) o el estatus que se quiere lucir, y en segundo lugar van las consideraciones prácticas: mayor percepción de seguridad, más espacio interior, posición de conducción más elevada con más facilidad de acceso/salida, aptitudes todocamino...

Y dado que el segmento monovolumen va muriendo, los SUV van tomando su testigo, modificando su percepción para los demás

Además, la edad media de los compradores de SUV es más alta, sumando los factores de mayor poder adquisitivo, el capricho y la posición de conducción. De acuerdo a un estudio realizado por Clicars, el 61% de los encuestados mayores de 55 años prefiere un SUV, el 63% de los más jóvenes berlinas. Esto es revelador, porque la media del mercado está muy por debajo, casi el 40% de las matriculaciones nuevas. En 2016 eran el 44% de los mayores de 55 años los que querían SUV.

Y si empezamos a fijarnos en la edad media de los conductores de este tipo de vehículos (entendiendo como SUV por lo menos a los del segmento C, como Qashqai, RAV4 o Ateca) comprobaremos que lo más fácil es que superen la treintena, e incluso la cuarentena. En cambio, los conductores jóvenes, de ir en un SUV -más bien en un crossover, que es más turismo, como Captur, 2008 o Arona- es en un modelo más pequeño.

Y eso no debería sorprendernos. Los compradores jóvenes, de media, tienen un poder adquisitivo más bajo -dadas las transformaciones en el mercado laboral- que la generación precedente. Al haber mayor precariedad laboral y salarial, el coche pasa a ser una prioridad menor, especialmente en las grandes zonas urbanas, donde hay menos dependencia del coche. Y si hay que comprar uno, se gasta menos.

En las gamas Premium estas diferencias pueden ser más acuciantes, especialmente en segmento D hacia arriba

Por otra parte, los modelos pequeños tienen atributos que los pueden hacer más deseables, no solo un precio menor, sino la integración tecnológica, una imagen más joven, más posibilidades de personalización o menor necesidad de llevar niños -ya que la decisión de formar una familia está retrasándose también-, etc.

Esto nos lleva a que en algún momento se habrá dado la vuelta a la tortilla. El que quiera distinguirse de compradores de mayor edad verá más atractivo o un compacto o una berlina, sobre todo si no necesita más espacio ni tiene problemas de espalda, dada la evolución de los diseños. Los SUV se irán asociando más y más a gente mayor.

Ese factor puede acabar perjudicando a las ventas de los SUV y realzar el protagonismo de los segmentos clásicos, especialmente si introducimos otras variables como el menor coste de uso o que ecológicamente hablando son vehículos más eficientes que los SUV. ¿Puede acabar la moda de los SUV? Es posible.

Así lo cree Scott Keogh, director de Volkswagen North America, cuya empresa prevé una rebelión ante el fenómeno SUV y el relevo generacional hará el resto. La bomba demográfica es imparable, sobre todo si los jóvenes cada vez necesitan menos un coche, ganan menos dinero, retrasan sus hitos vitales (pareja, hijos...) y están más preocupados con aquello del medio ambiente. Además, habrá menos población y menos clientes. Quizás nunca se extingan, pero desde luego los SUV perderán bastante peso (nunca mejor dicho).

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