BMW y MINI afrontarán el "Brexit", sea como sea

La industria del motor europea notará grandes cambios a partir de 2019, cuando el Reino Unido sea de nuevo un archipiélago separado del continente. BMW lleva tiempo preparándose para lo peor, de modo que el impacto en su negocio, proveedores y clientela sea lo más leve posible.

Falta menos de un año para la salida del Reino Unido de la Unión Europea, concretamente será el 29 de marzo de 2019. El pistoletazo de salida de la ruptura se dio el 23 de junio de 2016, cuando una mayoría por la mínima -52%- decidió en referéndum que los británicos seguirán a su bola en el futuro.

Este evento supuso un mazazo para los fabricantes que se habían instalado en el país, prácticamente todos extranjeros, ya que la industria británica estaba moribunda ya empezando el siglo. Uno de esos fabricantes afectados es BMW, que tiene tres marcas: BMW, MINI y Rolls-Royce. Las dos últimas tienen un origen genuinamente británico y son de los alemanes desde finales de los 90.

Hoy día MINI es un fabricante que tiene plantas a ambos lados del Canal de la Mancha, con una cadena logística que cruza a un lado y al otro varias veces antes de dar como resultado un coche armado. Es por eso que un "hard brexit" -salir de la UE sin acuerdo aduanero- afecta especialmente a su negocio.

Markus Duesmann, jefe de compras de BMW, ha explicado en una entrevista concedida a Automobilwoche que se está evaluando ese escenario, el peor de todos los posibles. No solo se trata de que se van a encarecer los componentes y los propios coches, también habrá cuellos de botella en los puntos fronterizos.

Eso obliga a MINI a replantear su cadena logística, trabajando con mayores cantidades en stock para evitar que las fábricas queden paradas por una remesa de piezas bloqueadas en la frontera, aunque no tengan que pagar aranceles. Obviamente almacenar más piezas también implica aumentar los costes.

La principal prioridad del plan de acción de BMW es evitar las interrupciones de la cadena logística, y en segundo lugar, mantener los empleos, tanto propios como de los proveedores. Si no se mantiene la libre circulación de personas, afectará sin duda a aquellos empleados que no tienen la nacionalidad británica y están trabajando allí. Tendrán que ser reemplazados por británicos.

Ante un escenario de ruptura aduanera con Europa, que es el escenario más probable, MINI podría replantearse qué modelos se fabrican y dónde. Por ejemplo, es relativamente sencillo producir en el mismo lugar modelos con la misma plataforma, como puede ser el MINI Countryman y el BMW X1, lo cual ya ocurre en VDL Nedcar (Holanda).

El año pasado se produjeron en el Reino Unido 220.000 coches por parte de BMW, mientras que las ventas en ese mercado (el segundo europeo) alcanzaron 243.000 unidades. Hilando fino, se podría llegar a ajustar la producción británica para atender fundamentalmente la demanda local, y producir en el viejo continente el resto, para los demás europeos y mercados de exportación.

No obstante, algunos modelos quedarían fuera de esa distribución ideal, y se podrán seguir vendiendo, simplemente su precio se encarecerá. BMW ya trabaja con proveedores del Reino Unido para que se puedan adaptar a esa situación de ruptura total, con unos aranceles genéricos del 10%, lo dispuesto por la Organización Mundial del Comercio en ausencia de tratados específicos.

Una posible salida a la problemática del "Brexit" sería que el Reino Unido lograse un acuerdo de libre comercio con un tercer país que ya tenga un acuerdo comercial con la Unión Europea, haciendo de puente. Eso reduciría los costes, pero alargaría los plazos de entrega.

Duesmann no ha hecho mención en la entrevista sobre posibles cierres de plantas, el fabricante pretende adaptarse a la situación que venga, sea la que sea, y aprovechar sus recursos existentes, de modo que el impacto en su actividad empresarial sea el menor posible. De todas formas, los clientes de MINI obviamente acabarán notándolo de alguna forma en el precio.

Por cierto, BMW también tiene que adelantarse a las consecuencias de la guerra comercial que el presidente estadounidense Trump ha empezado contra la Unión Europea y demás potencias. Si importar coches desde Alemania no es tan interesante, se puede pasar producción a Estados Unidos, lo problemático será el impacto en las exportaciones desde Spartanburg (Carolina del Sur) hacia Europa.

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