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    Paul Walker y la responsabilidad de los muertos

    Javier Costas
    Javier Costas

    Porsche Cars North America tiene en estos momentos dos demandas en los tribunales de homicidio por negligencia. La viuda de Roger Rodas y la hija de Paul Walker exigen responsabilidades al fabricante, pero los abogados de Porsche entienden que no tienen por qué responder.

    Paul Walker y su hija Meadow, la única heredera de su legado (archivo)

    Hac casi dos años que Paul Walker y Roger Rodas murieron en un accidente de circulación. El 2005 Porsche Carrera GT, conducido por Rodas, colisionó contra un poste tras una pérdida de control difícil de evitar. El coche no estaba en un estado mecánico óptimo, y por lo menos circulaban a 140 km/h en una zona limitada a 75 km/h. El incendio posterior a la colisión completó la tragedia.

    Las partes demandantes consideran que el coche no iba tan rápido, algo más de 100 km/h, y que el coche tenía fallos de diseño que lo hacían inseguro. Concretamente, citan la falta de control de estabilidad y un diseño defectuoso de los cinturones de seguridad. Por ende, el coche no fue controlable, ni las víctimas pudieron salir del coche antes del incendio.

    Por su parte, el fabricante se defiende en dos frentes:

    • En primer lugar, conductor y ocupante corrieron un riesgo voluntario e imprudente; sabían lo que hacían
    • En segundo lugar, el coche había sido modificado y no tenía el mantenimiento al día. Los neumáticos tenían nueve años, aunque el dibujo estuviese en buen estado, la goma a buen seguro perdió sus propiedades originales

    Rodas y Walker están muertos, y eso ya no tiene remedio. Que Porsche gane o pierda depende de cómo interprete el jurado y el juez quién fue responsable de qué. De momento el informe del sheriff del condado da la razón al fabricante: no hubo ningún fallo mecánico y circulaban a una velocidad claramente excesiva.

    Además, debemos considerar evidente que tanto Rodas como Walker eran conscientes de que el Porsche Carrera GT no tiene de control de estabilidad. No solo eso, ese coche era todo menos una montura dócil. Quien lo ha conducido describe su conducción como difícil, con poco margen para equivocarse, y salvaje.

    Por lo tanto, debemos entender que tanto Rodas como Walker sabían lo que hay, es un coche para la conducción pura y sin ayudas electrónicas. Los errores se pueden pagar muy caros, especialmente a 140 km/h en una zona residencial. Dentro de un circuito de carreras, con sus escapatorias y medidas de seguridad, el resultado habría sido distinto.

    ¿Qué hay acerca de los cinturones de seguridad? Cumplieron su función, los ocupantes permanecieron en sus asientos, evitando que saliesen despedidos o sufriesen una segunda colisión dentro del habitáculo. Posiblemente sufrieron graves heridas por la deceleración, es lo que tiene darse una torta tan rápido contra un objeto que daña tanto el coche, un obstáculo lateral muy rígido.

    A mucha gente le parece mal que se eche la culpa a los que ya no están ni se pueden defender, pero el caso parece bastante claro, y lo avala la policía. Las víctimas corrieron riesgos totalmente voluntarios, a menos que Rodas tuviese intenciones suicidas y de llevarse a su amigo al otro barrio, sin pedirle permiso. Puede parecer una teoría absurda, pero, ¿acaso es imposible?

    No hay sentencia en este caso, y seguramente lo peor que le pase a Porsche es que tenga que desembolsar unos millones en un acuerdo extrajudicial, aunque no admitan responsabilidades. Apuesto por un fallo a favor del fabricante y la desestimación de ambas demandas.

    ¿Qué puede hacer un fabricante si sus clientes hacen un mal uso de sus coches y no los mantienen correctamente? No hablamos de un coche que haya sido mantenido en un servicio oficial, con todo al día. Si así hubiese sido, los abogados de Porsche lo tendrían realmente difícil, pero tampoco es el caso que nos ocupa.