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    Privacidad y datos en la nube, por qué debería preocuparnos

    Javier Costas
    Javier Costas

    El coche conectado ya está aquí. La información entra y sale de y hacia Internet, tanto la totalmente anónima como otra personal, ligada a nosotros. La tendencia es irreversible, por lo que tenemos que acostumbrarnos a ella, y a cuidar nuestra privacidad.

    Año 2017, las redes sociales, los teléfonos móviles "inteligentes", Internet y los ordenadores están íntimamente conectados. Disfrutamos de muchos servicios conectados por los que no pagamos nada, y nos parece de lo más normal. En realidad, sí estamos pagando: el producto somos nosotros, nuestros datos son la forma de pagar esos servicios.

    Este paradigma está llegando a los coches a una velocidad que nadie está pareciendo advertir. Los coches recaban y transmiten una importante cantidad de datos, a veces sin nuestro conocimiento, como pueden ser coordenadas de GPS, velocidad, utilización del cinturón de seguridad, kilómetros que faltan para la revisión, si alguna rueda va floja de aire o si se ha encendido alguna alerta en el tablero.

    Nada de esto es ciencia ficción, ya es real

    De esa forma se pueden avisar de atascos a los conductores, partiendo de la información que emiten los que ya se han metido en él. También se pueden mejorar las políticas de seguridad vial en ese sentido, tanto para bien como para mal. Es decir, se pueden detectar más zonas de alto riesgo, pero también zonas donde el incumplimiento de las normas es más generalizado.

    Esta imagen ya está obsoleta: un navegador des-conectado. Como mucho recibirá avisos de tráfico de la DGT, ni uno más

    Estos datos, cuando están desagregados -no ligados a personas concretas- no tienen nada de malo. El problema está en la información personal. Recordemos el prototipo Instinct de Peugeot, utiliza información personal para mejorar la experiencia a bordo, como gustos musicales, horarios habituales de llegada/salida, el código para abrir el garaje, etc. Esa información ha de viajar a través de la red.

    Los datos anónimos conformarán "big data" para usos estadísticos

    Soy muy pesimista respecto a la protección de la privacidad. La gran mayoría de la gente que usa redes sociales -sí, tú también- no se ha leído jamás los términos y condiciones de uso. Al utilizar los servicios, se ha dado una aceptación tácita, es problema de cada uno no haberlo leído. No creo que en el futuro cambie mucho eso, profesionales del derecho aparte.

    Aunque las distintas empresas que usarán nuestra información emplearán métodos para que esas comunicaciones sean confidenciales, siempre existe un riesgo de ser accesibles por terceros no autorizados. El único sistema conectado seguro es aquel que está apagado, es así desde los tiempos de la máquina Enigma (años 40), y antes incluso. Pero dejemos por un momento ese riesgo aparcado, ya que es inevitable.

    La información personal sirve para mejorar la experiencia a bordo -al menos en teoría. Esa es la cara. ¿Y la cruz?

    ¿Quiénes van a tener nuestra información? ¿Qué harán con ella? ¿Qué datos se comparten? ¿Se utilizarán para mejorar el servicio, para proponernos ofertas, o para tenernos controlados? Si hay algo que le da pánico a un automovilista, aunque sea el más pío con las normas, es que le espíe alguien. Imaginemos por un momento qué pasaría si nuestra aseguradora supiese lo que hicimos el último verano, otoño, invierno y primavera. Puede que nos suba la prima.

    Hay gente que, con su consentimiento, comparte esa información con su aseguradora, así se excluye de esa mínima porción de asegurados que más dinero consume en indemnizaciones o daños propios, y la prima se ajusta más a su grado de riesgo. El problema vendrá cuando, dando un consentimiento tácito (aceptar condiciones sin leerlas) se pueda saber dónde estamos y con quién. Todos vamos con un chivato llamado teléfono móvil. Nuestro coche será otro.

    La sociedad ya ha interiorizado que puede sacrificar parte de su privacidad a cambio de usar servicios gratis. Es posible que la publicidad que veas en Motor.es esté personalizada para ti por haber hecho búsquedas recientes sobre un producto o servicio. Nosotros no tenemos nada que ver, está automatizado, y no es con una mala intención. Todo lo contrario, se trata de ofrecer anuncios personalizados, no de saber qué os queréis comprar o qué deseáis. Así es Internet en 2017.

    La nube puede tener aplicaciones muy prácticas, como anticipar peligros mucho antes de que ocurran o de que el conductor pueda percibirlos

    Los consumidores estamos protegidos en España por la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal. Tenemos una serie de derechos de rectificación, actualización, cancelación... y se nos tiene que avisar de qué información se recoge, dónde se guarda, y para qué.

    La ley no nos protege si aceptamos algo sin leerlo antes

    Un consejo de amigo abogado, cuando mires un contrato de licencia, leelo entero, aunque sea un soberano coñazo. Si no estás de acuerdo con una sola cláusula, tendrás que tragar o decir que no y renunciar a ese servicio. Espero que los fabricantes se esfuercen en explicar bien a los clientes del mañana todo eso, y que no se lleven un día la sorpresa de que su información -personal y desagregada- ha estado campando a sus anchas por Internet.

    La conectividad ligará los vehículos con las personas y la infraestructura, en teoría para facilitarnos la vida. También nos la podrá complicar. Cada vez menos coches están aislados del exterior. Unos cuantos renegados elegirán estar desenchufados, pero el resto estará expuesto, así como su información. Es decisión tuya elegir en qué lugar quieres estar, si conectado, o desconectado. Cada elección tiene una consecuencia.

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