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Coches Rarunos“Vermont”, el primer viaje por Estados Unidos de costa a costa

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Una apuesta llevó al doctor Jackson y a su mecánico Crocker a realizar el viaje de sus vidas. A los mandos de un Winton apodado “Vermont”, en 1903 ambos fueron los primeros en cruzar Estados Unidos en una gesta épica.

El doctor Horatio Nelson Jackson llevaba varios años ejerciendo la medicina, una actividad que le permitía vivir de manera lujosa. Cuando se casó con la hija de uno de los hombres más ricos de Vermont su fortuna alcanzó un nivel inimaginable que le permitió comprar algunos automóviles, una de sus pasiones. Por aquella época los coches aún daban sus primeros pasos y muchos pensaban que aquellos cacharros sólo serían una moda pasajera pero Jackson, un auténtico entusiasta, estaba convencido de que no iba a ser así.

Corría el 18 de mayo de 1903 cuando, estando de vacaciones en San Francisco, se encontraba en pleno debate asegurando que los coches eran el futuro y se apostó 50 dólares a que un coche podría cruzar Estados Unidos en menos de 90 días. Nadie había realizado ese viaje transcontinental en un automóvil, algo lógico: suponía un larguísimo y agotador recorrido, superando montañas y desiertos prácticamente sin carreteras, gasolineras o mapas. Una locura.

Jackson, de 31 años, comenzó inmediatamente los preparativos para su impetuoso periplo decidido a ganar la apuesta. En un arrebato de sensatez fue consciente de que no podría superar esa empresa él solo así que contrató los servicios de Sewall K. Crocker, un joven de 22 años que haría de mecánico, se repartiría la tarea de conducir y le haría compañía durante el largo viaje.

Apenas había carreteras asfaltadas. El barro, la arena y las rocas suponían una dura prueba a superar

Necesitaban un coche y Crocker recomendó a Jackson la compra de un Winton de 1903 que, aunque era de segunda mano, apenas había sido usado. Es posible que nunca hayas oído hablar de esta marca de coches fundada en Estados Unidos por el escocés Alexander Winton. Tanto Winton como Jackson eran dos pioneros del automovilismo en Norteamérica, quizá por ello el destino les había unido.

Comenzó fabricando bicicletas para después meterse en el negocio de los carruajes sin caballos como Winton Motor Carriage Company. En 1898 se convirtió en el primer fabricante norteamericano en vender coches, entregando sus 22 primeras unidades. Un año después creó el primer concesionario automovilístico de Estados Unidos.

Jackson enseguida apodó a su Winton como “Vermont” en honor al estado donde había crecido y residía. El precioso biplaza de color rojo costó 2.500 dólares y se propulsaba con un motor de dos cilindros que desarrollaba una potencia de 20 CV. Con coche y compañero de viaje, sólo faltaba abastecerse de provisiones.

Algunos elementos del equipaje se perdieron por el camino, incluyendo un abrigo con mucho dinero en su bolsillo

En el vehículo se colocaron todos los suministros básicos: sacos de dormir, mantas, abrigos, guantes de goma, cantimploras, un hacha, una pala, un telescopio y una cámara Kodak. También un rifle, una escopeta y pistolas, eran tiempos duros. Por supuesto también latas de gasolina y aceite, muchas herramientas, un neumático de repuesto, piezas de recambio y un aparejo de poleas.

Una aventura de 6.800 kilómetros

El punto de partida fue San Francisco. Jackson se despidió de su esposa Bertha -en realidad la fortuna de ella pagaba el viaje- y la expedición arrancó apenas cinco días después de formalizarse la apuesta, el 23 de mayo. Tras sólo 24 kilómetros recorridos pincharon un neumático y tuvieron que poner el único de repuesto que llevaban. Las cosas no habían empezado bien y quedaban muchos miles de kilómetros por recorrer hasta llegar a Nueva York.

Al tercer día, en Sacramento, decidieron quitar las luces del Winton por la luz tenue que daban e instalaron un potente faro en el centro del frontal. También buscaron neumáticos de repuesto pero fue imposible encontrar unos de la medida necesaria por lo que se hicieron con cámaras de aire usadas como repuesto. Menos da una piedra.

La ruta seguida por el "Vermont"

Poco después las indicaciones de una señora les hicieron dar un innecesario rodeo de 170 kilómetros. Fueron informados mal deliberadamente con la inocente intención de que pasaran junto a la casa de un familiar de la informante y así tuviera oportunidad de ver aquel insólito carro con motor. Aunque en las grandes ciudades los automóviles ya empezaban a tomar las calles, en muchas zonas de América aún eran artilugios inéditos.

En aquel momento sólo había 250 kilómetros de carretera asfaltados en todo Estados Unidos. En la costa Oeste apenas existían vías pavimentadas así que en muchas zonas era fácil perderse. Además de preguntar a los lugareños, los dos hombres seguían las pistas de los senderos y los ríos. Para dificultar las cosas, el cuentakilómetros se estropeó cuando apenas llevaban unos días de viaje. A partir de ese punto los dos aventureros no tenían forma de saber ni a qué velocidad circulaban ni cuánta distancia habían recorrido.

Uno de los puntos más complicados fue el momento de atravesar las escarpadas Montañas Rocosas. Los dos conductores debían explorar la zona para encontrar una senda transitable, lo que les llevaba a recorrer muchos kilómetros sin éxito. La desesperante tarea de encontrar un paso montañoso se agravaba cada vez que el coche quedaba encallado en los agujeros entre los peñascos. Mediante un sistema de poleas liberaban el “Vermont” para seguir avanzando lentamente.

Sin proponérselo, el perro Bud también se hizo famoso

En Idaho se sumó un nuevo compañero de viaje, un pitbull llamado Bud que un hombre le ofreció a Jackson a cambio de 15 dólares. Como el automóvil no tenía techo ni parabrisas los ocupantes estaban muy expuestos a la suciedad del polvoriento camino y pronto vieron que los ojos del perro se irritaban en el trayecto. Jackson no dudó en comprarle unas gafas para su compañero canino y la pintoresca imagen del perro con las gafas puestas apareció en muchas fotos de noticias.

De hecho, para ese momento los tres expedicionarios ya eran famosos en todo el país. Avisados por medio del telégrafo, en cada parada una multitud de gente les recibía con honores y la prensa les entrevistaba. Tal era la expectación que Packard y Oldsmobile quisieron aprovechar la situación: pusieron en juego sus respectivos modelos para hacer el mismo camino saliendo desde California con la esperanza de superar al Winton y llegar antes a Nueva York para llevarse los honores y la publicidad.

En las mesetas de Wyoming siguieron las vías del ferrocarril de Pacific Union. La orientación era más sencilla, pero el trayecto seguía teniendo trampas. Esta zona desértica hacía que el Winton quedara atrapado en la arena habitualmente. Por suerte solían cruzarse con caravanas de carretas y los vaqueros les brindaban ayuda para remolcar el coche.

El trío de aventureros

Finalmente idearon un sistema para superar los terrenos de arenisca más complicados sin hundirse: crearon una base de 30 metros de largo a base de artemisa, una planta herbácea, que colocaban delante del vehículo. Circulaban sobre ella para evitar atascarse y, tras pasar por encima y dejarla atrás, volvían a ponerla delante. Laborioso y muy lento, pero lo más eficaz cuando no había ayuda en las proximidades a la que recurrir.

Por supuesto hubo que cambiar muchas piezas, unas por rotura y otras por el acusado desgaste. Crocker se encargaba de las reparaciones, muchas veces agudizando el ingenio como cuando tuvieron que emplear los rodamientos de una segadora para sustituir los del “Vermont”.

El riesgo siempre estuvo presente, aunque en muchas formas diferentes. Entre el 20 y 21 de junio, los dos expedicionarios y Bud se perdieron y estuvieron sin comer durante 36 horas. Por suerte un pastor acabó cruzándose en su camino y fue su salvación. En otro momento del viaje Bud enfermó tras beber agua estancada, pero se recuperó.

El viaje era muy duro para los conductores pero también para la máquina

Cuando llegaron a Nebraska las cosas fueron más fáciles ya que pudieron recorrer un par de carreteras pavimentadas. Viajaban más rápido, cada vez estaban más cerca de la costa Este y, por tanto, más cerca de conseguir superar el reto. No fue hasta que llegaron a Ohio cuando por fin pudieron descansar en un hotel. Hasta ese momento habían dormido al raso bajo el coche.

En su periplo recorrieron 11 estados: California, Oregon, Idaho, Wyoning, Nebraska, Iowa, Illinois, Indiana, Ohio, Pensilvania y Nueva York. Precisamente al poco de cruzar la frontera que les dejaba entrar en el último de ellos, al este de Buffalo, a punto estuvieron de acabar la aventura prematuramente.

Mientras circulaban chocaron con violencia contra un obstáculo en la carretera que hizo que tanto los dos hombres como el perro salieran despedidos del vehículo al suelo. Afortunadamente no resultaron heridos y el vehículo tampoco sufrió daños importantes. Éste fue el único accidente que sufrieron durante el largo recorrido.

En Nueva York fueron recibidos como héroes nacionales

Haciendo historia

Llegaron a la ciudad de Nueva York el 26 de julio. Jackson, Crocker y Bud cruzaron la línea de meta en la Quinta Avenida después de 63 días, 12 horas y 30 minutos. Miles de personas se congregaron a su llegada, parecía que todo Manhattan estuviera allí para verles. Por primera vez un automóvil lograba cruzar Estados Unidos de costa a costa. Épico.

El resistente Winton había recorrido unos 6.800 kilómetros gastando más de 3.000 litros de gasolina. Las ruedas delanteras eran las mismas que al comienzo, algo increíble. Los neumáticos traseros sí tuvieron que ser reemplazados en varias ocasiones debido a pinchazos y cortes con las rocas.

El audaz médico ganó la apuesta, pero nunca cobró los 50 dólares. Tampoco importaba: para ganarla Jackson se había gastado 8.000 dólares en el viaje, incluyendo el hospedaje, la comida, la gasolina, los neumáticos, piezas de recambio y el propio coste del Winton. También había perdido casi 10 kilos de peso durante el trayecto. El precio de entrar en la historia.

Una de las muchas portadas que contaban la increíble hazaña

Por su hazaña, Jackson y Crocker fueron aclamados como héroes e inspiraron a una generación de entusiastas de los automóviles. Su gesta tuvo mucha más importancia de la que ellos pudieran pensar inicialmente. El viaje fue muy publicitado y convenció al público acerca de las posibilidades de los viajes de larga distancia en coche como una alternativa a los ferrocarriles.

El doctor volvió a su casa con su mujer, adoptó definitivamente a Bud y continuó con sus negocios. Crocker, por su parte, quiso capitalizar la fama que le dio esta aventura buscando patrocinadores de una empresa mayor: dar la vuelta al mundo en coche. Nunca llegó a embarcarse en esta vertiginosa hazaña debido a problemas de salud.

En 1944 Jackson entregó su Winton a la institución Smithsonian del Museo Nacional de Historia Americana. Todavía hoy el “Vermont” descansa allí de su agotador viaje. En la actualidad todavía se recuerda la aventura y en 2003, con motivo del centenario del viaje, la cadena de televisión pública PBS estrenó la película documental Horatio's Drive: America's First Road Trip.

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