MINI Cooper S Roadster. Puro nervio

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Dicen que las cosas divertidas despeinan, y yo con este coche me he despeinado muchísimo, sobre todo con el botón ‘sport’. Por norma general, me gustan los modelos MINI, pero éste me ha encantado y eso se debe a que ofrece una sensación de conducción mucho más racing. No sé si es el hecho de conducir descapotada o el sonido del motor en modo deportivo, pero algo tiene este convertible que me ha enganchado por completo.

El Roadster es el segundo descapotable de la gama MINI junto al Cabrio. A simple vista, la principal diferencia entre ambos es el número de plazas, dos y cuatro respectivamente, y la carrocería –más deportiva en el protagonista de nuestra prueba-. Pero al ponernos a los mandos de este biplaza, comprobamos que no solo difiere de su hermano en cuanto a diseño, sino también en el estilo de conducción. Este Roadster lleva al extremo conceptos tan identificativos de los modelos MINI como pueden ser deportividad, rapidez y diversión.

Este pequeño capricho está disponible con cuatro motores. Hay tres propulsores de gasolina que se corresponden con las versiones Cooper de 122 CV, Cooper S de 184 CV y John Cooper Works de 211 CV de potencia. Por otra parte, MINI nos ofrece además una opción diésel denominada Cooper SD con 143 CV. De serie, incorporan un cambio manual de seis marchas que se puede sustituir por uno automático de seis relaciones también en todas las versiones salvo en el modelo tope de gama, el John Cooper Works.


Nuestra unidad de pruebas, el MINI Cooper S Roadster, monta una mecánica 1.6 turbo gasolina, con una potencia de 184 CV que se deja ver a las 5.500 rpm con un par máximo de 240 Nm. Acelera de 0 a 100 km/h en 6,7 segundos, alcanzando una velocidad punta de 226 km/h y con unas cifras de consumo muy muy ajustadas que sobre el papel nos prometen tan sólo 6 l/100 km.

La capota es de lona y, de serie, su accionamiento es totalmente manual. En nuestro modelo era semi-automático, opción cuyo precio oscila entre los 815 y los 850 euros, dependiendo de la versión.

Si se trata de aerodinámica, este MINI tan deportivo no podía olvidarla. Ofrece menos resistencia al aire que cualquier otro modelo de la gama debido a la mayor inclinación de la luna delantera –la misma que en el Coupé-. Además, a ello hay que sumarle un pequeño alerón activo que se despliega cuando alcanzamos los 80 km/h y vuelve de nuevo a su posición original al rodar por debajo de los 60 km/h, aunque también podemos accionarlo manualmente.

Exterior

¿Qué decir de la estética? Las formas musculosas de la carrocería, los cromados, la baja altura al suelo… Este Roadster puede presumir de ciertos rasgos que, manteniendo el estilo de la marca, lo hacen único en la gama. Y es que su diseño no pasa desapercibido, ¡y eso os lo puedo asegurar! En Barcelona fui objetivo de muchísimas miradas pero, ¿a quién le sorprende? Si hay un diseño con descaro dentro de MINI, más que el del Paceman, es éste.

Las dimensiones son contenidas -3,73 metros de largo, 1,68 de ancho y 1,39 de alto-, lo que le convierte en un coche perfecto para el tráfico urbano y, sumado a los 2,46 metros de distancia entre ejes, le proporcionan una mayor estabilidad.

En el frontal, destacan sus ópticas redondeadas, ya tradicionales en toda la gama MINI. Éstas se encargan de custodiar una parrilla central pintada en color negro y enmarcada en un cromado, al igual que los faros. También llama la atención una pequeña entrada de aire que el Roadster luce en el capó y que le otorga un carácter más deportivo y pasional.

En la vista lateral se diferencian claramente los tres volúmenes que conforman la carrocería: frontal, zona central y maletero. La línea de cintura va paralela al suelo en todo momento, no asciende ni desciende en ningún punto del recorrido. Destaca, en el conjunto, su escasa altura. Y es que el Roadster es 20 centímetros más bajo que el Cabrio, lo que le proporciona de nuevo un toque más deportivo al experimentar una conducción más pegada al suelo.


En la zaga, de aspecto muy compacto, la tapa del maletero continúa marcada por las líneas rectas del resto del conjunto. En la parte superior de ésta, encontramos el ya mencionado alerón retráctil, que –según MINI- aporta al vehículo un apoyo de 40 kg en el eje trasero. Esta parte trasera del vehículo también alberga las luces con el típico diseño de MINI y una doble salida de escape central, característica ya de l versión Cooper S. Todo esto montado sobre unas llantas opcionales de 17 pulgadas.

Interior

Una vez que entramos en el interior de nuestro MINI Roadster, advertimos que el cuero es el gran protagonista. En cuanto abrí la puerta de mi pequeño descapotable, quedé maravillada con el interior: en rojo y negro, con elementos cromados y el emblema de John Cooper Works salpicado por el habitáculo. En definitiva, un interior muy ‘racing’ que me ganó desde el primer momento.

El salpicadero y la consola son prácticamente iguales a los que encontramos en el resto de la gama MINI; con el cuentavueltas, el ordenador de viaje y el cronómetro que mide el tiempo que circulamos descapotados situados tras el volante multifunción de tres radios. Y el velocímetro en la consola central. Además, los botones son muy pequeñitos y están situados muy juntos -como en el resto de modelos de la marca-, por lo que hasta que no nos acostumbramos a su uso, no podremos confundir con facilidad. Respecto a éstos, en la consola hay un conjunto de botones fabricados en plástico negro mate que no combinan muy bien, en mi opinión, con el resto del salpicadero.


El interior de este coche es algo reducido para personas de talla alta, a partir de los 1,80 ò 1,85 metros de altura puede que la cabeza roce con las barras de la estructura del techo. Aún así, el acceso al interior es cómodo, ya que las puertas son largas y se abren mucho. Los asientos no son extremadamente bajos, sólo lo suficiente para que podamos disfrutar de la maravillosa sensación de rodar cerca del asfalto. Y tienen mucho recorrido longitudinal, por lo que no ha problema en cuanto a espacio para las piernas.

Los asientos de nuestra unidad de pruebas eran muy cómodos y deportivos, sin dejar de lado la calidad que ofrece un coche de estas características. El tapizado en cuero negro con las inserciones en rojo –típicas en el acabado John Cooper Works- combinaba a la perfección con el resto del interior y exterior del vehículo.

Los mandos están divididos en dos zonas: la mayoría están situados en la parte inferior de la consola central, y hay varios en el arco del parabrisas –accionar las luces, el alerón, o la capota-. Respecto a la iluminación interna, ésta era en color rojo en nuestra unidad de pruebas. Encontramos puntos de luz delante de la palanca de cambios, en el techo y en las puertas.


El maletero ofrece una capacidad menor que en el Coupé y bastante mayor que la del Cabrio. Además, tiene una trampilla que comunica el maletero con el habitáculo, muy útil a la hora de portar objetos largos. Esta apertura tiene unas medidas de 36 cm de ancho y 20 cm de alto.

La zona ofrece 240 litros de volumen y, un aspecto muy muy muy positivo, es que al plegar la capota, no disminuye la capacidad, ya que el techo se aloja sobre la carrocería.

En marcha

Cuando vi este pequeño biplaza descapotable, me llamó la atención desde el primer momento. Tenía muy buena pinta y destilaba deportividad por cada centímetro de su carrocería. Solo quedaba esperar que la mecánica estuviera a la altura, aunque con la firma ‘Cooper S’, estaba prácticamente garantizado. Cuando me subí en él, el interior me pareció muy atractivo, pero más seductora aún era la combinación de gasolina, cambio manual y botón ‘Sport’: ¡era el cocktail perfecto!

Sus 184 CV de potencia y sus 1.260 kg también prometen y, en efecto, conducirlo es una maravilla. Es un coche con genio, con carácter, guerrero. Un vehículo muy ágil y rápido cuyo chasis intensifica esa sensación de estar conduciendo un kart. Si, además, rodamos a cielo abierto… ¿qué os voy a decir que no os haya dicho ya sobre conducir descapotados? El viento golpeándote la cara y el fuerte sonido de su motor, hacen que el Roadster cree adicción.

El ruido del propulsor no es molesto, aunque por encima de los 100 km/h y a revoluciones altas, puede oírse bastante más. Eso sí, dejaré claro que el sonido de guerra de este pequeño biplaza es muy bonito. En cuanto a la suspensión, ésta es dura pero confortable. Aunque si atravesamos tramos donde el firme esté en mal estado, la respuesta empeora; algo que comprobé en mi viaje a Barcelona al pasar por la Nacional II, donde el estado del asfalto era verdaderamente horrible.

El motor entrega la potencia muy rápidamente, casi de forma inmediata. Y si pisas a fondo, reduce un par de marchas para salir con fuerza. ¡Cuánto me he divertido al volante de este coche! Y más, con el modo ‘Sport’ accionado. Al pulsar este botón, cambia la respuesta del pedal del acelerador -ganado más inmediatez aún- y la dureza de la dirección, dando como resultado una conducción más “alegre”.


El Roadster, como el resto de modelos MINI, es perfecto para moverse por ciudad. Es muy ágil y rápido, y muy preciso en sus movimientos. Pero también es un juguete en carretera. En tramos virados –con el asfalto en buen estado- te lo puedes pasar realmente bien al volante de este biplaza. Aunque he de decir que cuando entras un poco fuerte en estas trazadas, tiende a irse un poco de morro.

Descapotarlo nos costó bastante. Promete un sistema de apertura automático pero lo cierto es que hay que hacer una parte del proceso manualmente. Lo primero es soltar la capota del marco del parabrisas; para ello hay que girar una manilla que está un poco dura. Después, empujamos el techo hacia arriba, en mi caso con ambas manos, y ya, por fin, accionamos el botón que se encarga de alojarlo automáticamente en su compartimento. Podremos abrir o cerrar el techo en movimiento, siempre que no sobrepasemos los 30 km/h.

Ficha técnica, precios y equipamiento

El equipamiento de serie incluye cuatro airbags, espejos retrovisores con regulación eléctrica, faros antiniebla, sensores de aparcamiento, control de estabilidad, barras de protección en caso de vuelco situadas tras los asientos y dirección eléctrica de asistencia variable en función de la velocidad entre otros elementos.

Por supuesto, como es habitual en la gama MINI, las posibilidades de personalización de la carrocería y el interior del coche son muchas. Esto se debe a las opciones decorativas que nos ofrece ‘MINI Yours’ o las franjas ‘Sport Stripes’ para el diseño exterior.

MINI Cooper S Roadster:

  • Cilindrada: 1.598 cc
  • Potencia: 184 CV a 5.500 rpm
  • Par máximo: 260 Nm entre 1.600 y 5.000 rpm
  • Situación: delantero transversal.
  • Número de cilindros: 4 en línea
  • Material del bloque / culata: aluminio / aluminio
  • Aceleración de 0 a 100 km/h: 7 segundos
  • Velocidad máxima: 227 km/h
  • Emisiones de CO2: 139 g/km
  • Tracción: delantera
  • Caja de cambio: manual de seis velocidades
  • Consumo urbano: 7,5 l/100 km
  • Consumo extraurbano: 5,1 l/100 km
  • Consumo mixto: 6 l/100 km
  • Capacidad del depósito: 50 litros
  • Largo / ancho / alto: 3734 / 1683 / 1390
  • Batalla / vía delantera – trasera (mm): 2.467 / 1.453 – 1.461
  • Peso: 1.260 kg
  • Número de puertas: 2
  • Número de plazas: 2

Conclusiones

Como he indicado ya en el título de la prueba, este MINI Cooper S Roadster es un cabrio con mucho nervio. La conducción es muy divertida, ágil, deportiva y, además, descapotada. ¿Qué más se puede pedir?

Este coche pide guerra desde la parte baja del cuentavueltas y el sonido del motor ya enamora antes de accionar el botón 'Sport'. Los amantes de la deportividad quedarán cautivados con este pequeño. Y es que cuando lo ves, llama la atención, pero dudas de las sensaciones de conducción que te pueda ofrecer. Sin embargo, una vez que ruedas con él, el Roadster crea adicción. No sé si es el hecho de conducir tan pegado al suelo, el interior con acabados John Cooper Works, el rugido ronco que escuchamos al pisar el acelerador o la conducción descapotada... pero este MINI tiene algo que engancha y una vez que lo pruebas, no quieres bajarte de él.

Durante la prueba, me lo pasé realmente bien al volante de este coche. Viajamos a Barcelona con él, al Salón Internacional del Automóvil, y en la ciudad condal fuimos el objetivo de muchas miradas, lo que demostró que este descapotable no es indiferente a nadie. Además el tiempo acompañó y pudimos rodar a cielo descubierto: una auténtica maravilla. Sigo defendiendo que comprar un cabrio es adquirir algo más que un coche (independientemente de las características de éste), es adquirir una sensación única al circular sin capota, sintiendo el viento golpeándote en la cara, despeinándote y con el rugido del motor -mucho más audible- como banda sonora de una experiencia en la que te sientes libre.

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