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Prueba Audi RS 6 Avant, la excusa perfecta para formar una familia

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Conocido en el mundillo como "la bestia", el RS6 es uno de los coches más potentes y locos que existen en el mercado. Un apelativo que bien se ha ganado y que trataré de corroborar en esta prueba del Audi RS 6.

Míralo bien, no engaña a nadie. Esa cara agresiva se corresponde con su carácter

Antes de nada, antes de empezar a hablaros sobre la prueba del Audi RS 6, he de decir que siempre he sentido una tremenda afinidad con este coche. Siempre me ha parecido una locura, una creación genial a la par que insensata. Es por ello que cuando me comunicaron que iba a disponer una unidad de pruebas durante una semana me asaltaron varias sensaciones. La primera de ellas de ilusión claro está, y las siguientes de miedo.

El problema de los amores de juventud, sea en este caso el Audi RS 6 Avant, llega a la hora de verse las caras años después, a la hora de comprobar si esa imagen mental se corresponde con la realidad. Así que como no hay otra manera de saberlo que poniéndose tras el volante, vamos a comprobar si la chica del instituto que tanto me gustaba sigue estando a la altura de mi imaginación.

Siempre tachamos a Audi de conservadora, de arriesgar poco en los coches que fabrica o en los diseños que crea. Sin embargo, años atrás, la marca alemana quiso sacudirse de encima esas críticas dando inicio a una generación de modelos que se han ganado el respeto y la admiración de todos. El RS 6 es un buen ejemplo de ello. La primera vez que lo vimos fue en 2002, y durante muchos años fue el coche más potente jamás producido por Audi. Un honor que mantuvo hasta la llegada de diversas versiones del deportivo más puro de la firma, el Audi R8. En las primeras generaciones, entre 2002 y 2010, el RS 6 presentaba dos carrocerías posibles, la berlina convencional y la versión Avant. A día de hoy Audi solo produce la unidad familiar lo que ha hecho elevar la locura de su estilo y concepto.

Y es que con el paso de los años, y con la ganancia de seguidores, el RS 6 ha ido mutando su diseño. Al principio éste se mostraba como un coche poderoso, dejaba notar su rendimiento y potencia, pero lo hacía de una manera bastante discreta la verdad. Sin embargo Audi ha sabido contentar a los seguidores y ese estilo tímido se ha transformado en una imagen poderosa, agresiva y violenta. Un diseño que con solo mirarlo te indica que esta mole de casi cinco metros de largo y más de dos toneladas de peso puede arrancarte la cabeza si te descuidas. A toda esta locura se suma el hecho de que Audi ya no fabrica la versión berlina. ¿El familiar más agresivo y poderoso del mundo? Seguramente amigos.

Cinco metros de largo muy bien aprovechados, con mucho espacio para ocupantes y carga

Su precio mínimo es de 132.800 euros. Está claro que el Audi RS 6 Avant no es barato, pero está en consonancia con el precio del resto de sus rivales

Sin embargo hay un problema con esta generación, y es que esta se muestra anticuada con respecto a la competencia, al menos su interior. Si lo comparamos con sus rivales más directos, que no son muchos la verdad, como el BMW M5 (que no tiene versión Touring), o el Mercedes-AMG E63 Estate (cuya ultima generación está a punto de llegar al mercado), el Audi se muestra no más viejo, pero sí más visto. A día de hoy la evolución de los interiores va supeditada a la cantidad de tecnología que se puede incluir. Y la verdad es que el RS 6 es capaz de disponer de casi todos los elementos que a día de hoy son tomados como referencia tecnológica, pero los muestra de una manera más analógica que sus rivales.

La consola central, y sobre todo la botonera de la climatización se me antojan demasiado viejas para un coche de esta categoría. Además, el Audi RS 6 no es capaz de contar con el último sistema MMI o el más sofisticado Audi Virtual Cockpit, y en ese caso sale perdiendo. Lo peor de todo no es esto, sino el hecho de que Audi no piensa renovar el modelo por el momento, así que si ahora se muestra en cierto modo anticuado, no quiero ni imaginarme cuando sus rivales más directos lancen pronto sus unidades competidoras. Es algo que la marca debería mejorar, ya que tras este coche existe una importante colección de acólitos y un mercado sumamente exclusivo.

Por lo demás, tengo que reconocer lo evidente. El interior del Audi RS 6 no difiere mucho del de cualquier otro coche familiar. Es espacioso, está perfectamente acabado, es cómodo, e incluso silencioso (sí lo es) y presenta un espacio de carga inmenso y realmente utilizable con formas rectas y una boca de carga muy ancha y baja, algo que va a juego con el resto del coche. El único pero que le pongo en este término es el hecho de que se ofrezca como opción la banqueta trasera con capacidad para solo dos asientos. No tiene sentido la verdad. Puede que desde un punto de vista deportivo sí, pero desde un punto de vista familiar y práctico no.

El interior se ve un poco viejo ya, los cambios de la industria hacen que esto sea así

Y ahora sin más dilación creo que toca que os hable un poco sobre el por qué el RS 6 se ha ganado la fama que tiene. Y esa no se debe a otra sencilla razón que su motor. Desde siempre Audi ha empleado un V8 biturbo para movilizar a sus bestias más grandes, a excepción del R8 claro que emplea un V10. Estamos ante un bloque de cuatro litros fabricado en aluminio con sistema de inyección directa de gasolina, dos árboles de levas en cabeza y sobrealimentación mediante dos turbos capaces de elevar la potencia hasta unos impresionantes 560 CV y 700 Nm de par motor.

Prueba Audi RS6. Tras el volante de la bestia

Es hora de ponerme a los mandos y saber si el RS 6 es capaz de colmar mi imaginación y las ideas preconcebidas que de él me he hecho. El arranque mediante botón hace las cosas un poco más sencillas a la vez que espectaculares. Nada más pulsarlo entra en acción el alma de este coche, su motor V8 biturbo de 560 CV. Un rugido espectacular que puede despertar a cualquiera de tus vecinos. El corazón ya me late con fuerza. Esto pinta bien.

Tras los cientos de kilómetros que he recorrido a lo largo de la semana de prueba, el RS 6 ha sabido demostrarme que tiene un doble carácter. Es civilizado cuando lo necesitas y es un animal cuando lo quieres. Por ciudad, o por cualquier carretera, circulando a un ritmo tranquilo y sosegado, es un coche como cualquier otro. Incluso él mismo entra en una especie de paz y reposo desactivando cuatro de sus ocho cilindros cuando el rendimiento es bajo. La desconexión y conexión es inmediata, no se percibe una sola vibración o ruido.

Aquí se esconde el verdadero secreto de la fama y el reconocimiento del Audi RS 6

Volviendo a una conducción tranquila, ya habrá tiempo de pisar el acelerador, la verdad es que es sorprendentemente cómodo. No es un Audi Q7, pero para tener la configuración que tiene no te agota estar tras su volante, pudiendo recorrer grandes distancias sin apenas inmutarte. Su manejo por ciudad es tres cuartas partes de lo mismo, es como un Audi A6 Avant, sin más. Con un radio de giro correcto, con una visibilidad perfecta y un control absolutamente normal. Eso sí, alguna miradita cae. Si no es por lo agresivo de su diseño es por lo violento de su sonido, aunque dentro apenas se filtra.

Y es que como ya he dicho antes, el RS 6 desprende mucha calidad interior, de una manera un poco anticuada vuelvo a decir, pero con mucha calidad. Y en parte ésta te impide disfrutar del sonido atronador de su escape. No deja de ser un coche familiar, y dudo que a ningún padre le guste que sus hijos se despierten con un sonoro petardeo del escape a la hora de reducir. Y si estáis pensando que este solo se produce cuando conduces como un loco, estáis muy equivocados.

El RS 6 ha sido el primer miembro de la familia RS de Audi en disponer de suspensión neumática, y se agradece

Es aquí donde sale el carácter innato del RS 6. Ya he dicho que es civilizado y correcto cuando nosotros así lo tratamos, pero él mismo se nota como un animal enjaulado, no se queja de circular de forma tranquila pero no le termina de gustar. Siempre está buscando bajar una o dos marchas y salir escopeteado hacia el horizonte. Te pica en todo momento, y eres tú y tu pie derecho los que deben responder a la provocación o dejarla pasar. Aunque creerme cuando os digo que la mayoría de las veces aceptaréis el reto.

Si crees que te ha pasado un tornado, tranquilo, solo ha sido el Audi RS 6 Avant

Y si lo haces, ateneros a las consecuencias. Corre y corre mucho, y aunque lo diga con la boca chica, puede que demasiado. Si pisas el pedal derecho, aunque no sea hasta el fondo, la caja automática tiptronic rápidamente buscará la marcha más correcta para lanzarte hacia adelante. Revisa que no haya tráfico al frente y que tus hijos no están bebiendo, porque antes de darte cuenta estarás circulando a velocidades muy altas incluso sin proponértelo. Es una locura de coche.

Como ya he dicho el ruido apenas se filtra al habitáculo, el doble acristalamiento de las ventanas, sumado a un buen aislante permiten que esto pase. Eso sí, cuando pasa al lado tuyo es como si un tornado lo hubiera hecho, deja sin palabras. Ni siquiera el ruido aerodinámico es alto, el RS 6 va a 170 como otro coche cualquiera a 90. Su aplomo en carretera es impresionante, el mismo carácter dinámico que presenta en una zona de curvas reviradas, esas que tanto nos suelen gustar.

Otra recomendación, si entras en una carretera que solemos llamar de tramo, más vale que lo hagas sin niños o sin personas de mareo fácil, pues provocarás más de una arcada y alguna vomitona. Me explico. La tracción quattro hace que el RS 6 esté constantemente pegado a la carretera. Es como un misil tierra-tierra, nunca pierde la compostura, siempre va por la trazada que tú le marcas y siempre sale disparado a la salida de la curva. Es impresionante, nada, y repito nada, tiene que desmerecer al R8.

Las dos salidas de escape esconden en realidad cuatro tubos, dos por cada lado

A pesar de su elevado peso el RS 6 se nota ágil y rápido en los cambios de dirección. Los grandes discos carbocerámicos de la unidad de pruebas permitían una frenada poderosa, aunque sí que en ciertos momentos sacaba a relucir ese peso, nada incontrolable por otro lado, pero imagino que unos discos de acero, por muy perforados que estos sean, acabarán sufriendo tras una serie de frenadas contundentes. El peso es en definitiva el mayor enemigo del RS6.

Aunque no afecta a la hora de conducir a altas velocidades y a la hora de acometer un tramo de curvas reviradas, sí que se deja ver en el consumo. Bien es cierto que estamos ante un bloque de ocho cilindros con cuatro litros de cubicaje, pero me parece que su gasto es excesivo dados los estándares modernos de hoy en día. Fue tremendamente difícil bajar de los 12 litros de consumo medio, se puede hacer ojo, pero la verdad es que no tiene ningún sentido intentarlo. Nadie se compra un RS 6 para buscar consumos. Si tienes el dinero para pagar el coche, que no sale barato ojo, tienes dinero para acercarte a la gasolinera cada dos por tres.

Conclusiones

Ahora bien, es hora de responder a la pregunta inicial de esta prueba: ¿está el Audi RS 6 a la altura de mis ideas preconcebidas? Sí, con creces. Es uno de los coches más pasionales que he conducido últimamente. Puede que mi amor hacia esta berlina familiar de altas prestaciones me esté nublando la visión, pero es tal la locura de este coche que no puedo evitarlo. ¡Una ranchera con 560 caballos! ¿A quién no le puede gustar eso? Pero no es solo el concepto del coche lo que me gusta, es mucho más.

Todo en el RS 6 es excesivo, desde su imagen hasta su precio, pasando por su motor y potencia

Desde su aspecto imponente, a su sonido atronador. Una pena que sean los espectadores los que más disfruten de él, pero siempre queda la opción de bajar las ventanillas y dejar que ese gorgoteo dominante penetre en tus oídos. Es espectacular. Al igual que su conducción. Firme y preciso, pegado al asfalto. Aunque obviamente no hay nada perfecto en esta vida. Su interior anticuado, su consumo y su precio se me antojan como los grandes defectos. Aun así tengo que reconocer que si me tocara la lotería, el RS 6 sería uno de los primeros coches en pisar mi garaje, igual el primero. Una excusa perfecta para formar una familia.

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