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Prueba Mitsubishi L200 300 DI-D, ocio y trabajo no están reñidos

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Aunque el segmento de los pickups tiene poca tradición en España, el Mitsubishi L200 es uno de los modelos más importantes y exitosos de la marca japonesa a nivel mundial. Probamos su versión tope de gama, el L200 300 DI-D Kaiteki.

El Mitsubishi L200 300 DI-D sólo se comercializa con cabina doble

Ha caído en nuestras manos el Mitsubishi L200, uno de los modelos más importantes en la historia de la marca japonesa. Mitsubishi tiene una larga experiencia en pickups pues lleva nada menos que cuatro décadas fabricando este tipo de vehículos y en total ha vendido más de cuatro millones de unidades en todo el mundo.

El papel relevante de la quinta generación del L200 queda en evidencia al conocer que se trata de un vehículo que se comercializa en más de 150 países -en algunos con la denominación Mitsubishi Triton- y juega, por tanto, un papel fundamental en la estrategia comercial de la marca. Al igual que sucedía con el modelo precedente, el nuevo L200 se fabrica en la planta tailandesa de Laem Chabang.

En nuestro país, el Mitsubishi L200 se comercializa con dos tipos de carrocería: Club Cab (cabina extendida) y Double Cab (cabina doble). También son dos las opciones mecánicas, ambas de gasóleo con bloque de aluminio: por un lado está el 250 DI-D de 154 CV y en el tope de gama el 300 DI-D de 181 CV.

Muy bien equipado

En nuestra prueba hemos disfrutado del propulsor más potente, que va asociado exclusivamente a un cambio automático y al acabado Kaiteki, el más completo. Sin duda todo el conjunto está pensado para un enfoque más recreacional que laboral y eso se aprecia en un equipamiento que poco tiene que envidiar al de cualquier SUV medio.

El diseño general del L200 es bastante discreto, dejando de lado la tendencia general de ofrecer una imagen más contundente como sucede en varios de sus competidores directos como el Nissan NP300 Navara, el Toyota Hilux, el Ford Ranger o el Volkswagen Amarok. Mitsubishi quiere destacar por una personalidad única y original donde hay espacio para un aspecto elegante y dinámico.

Una vez dentro comprobamos que el habitáculo no tiene nada que ver con los espartanos pickups de antaño. Su calidad general está a la altura de muchos SUV de tamaño medio y, de hecho, algunos componentes son los mismos que los que están presentes en el ASX y el Outlander. A pesar de la mejora, algunas partes siguen siendo poco refinadas, como el material de la parte inferior del salpicadero o los mandos de ajuste de los retrovisores.

El pickup japonés tiene 5,2 metros de longitud

Está claro que la marca japonesa ha dado prioridad a la robustez y a la durabilidad de los materiales, conscientes del trato duro al que será sometido el L200. La función antes que la forma. La solidez de construcción está fuera de toda duda y se aprecia, por ejemplo, en detalles como los útiles agarraderos en el interior del pilar A que no vibran ni un milímetro aunque trotemos por caminos muy bacheados. Tampoco se oyen crujidos o ruidos entre los diferentes componentes.

Hay que destacar el abundante equipo de serie de este modelo japonés. Ni siquiera en las versiones destinadas al trabajo encontramos un equipamiento rudimentario. Son de serie en todas las versiones elementos como los airbags frontales, laterales de cortina y de rodilla para el conductor, el control de crucero y limitador de velocidad, el asistente de arranque en cuesta (HSA), los elevalunas eléctricos, el radio CD, los estribos laterales o el bloqueo del diferencial y trasero.

El sistema multimedia del acabado Kaiteki tiene una pantalla táctil de siete pulgadas e incluye un práctico sistema de navegación, conexión bluetooth manos libres y radio digital. Sus funciones son bastante completas pero hay detalles de funcionalidad mejorables como algunos iconos de tamaño demasiado pequeño o que si los rayos del sol inciden directamente sobre ella no se ve adecuadamente.

Muchos elementos del L200 son comunes a la gama SUV de Mitsubishi

En general, el ambiente interior es acogedor y algunos elementos son comunes a otros turismos de Mitsubishi, como es el caso de la consola central. La altura libre al suelo es de 205 mm así que el umbral de acceso está muy alto para disgusto de personas de baja estatura o con dificultades de movilidad. Los estribos laterales son muy útiles en estos casos.

El puesto de conducción queda muy elevado así que podemos dominar nuestro entorno sin problemas. El volante es regulable en altura y profundidad y está forrado de cuero, al igual que el pomo de la palanca de cambios. La tapicería también es de cuero y los asientos delanteros no sujetan mucho el cuerpo en las curvas pero cuentan con regulaciones eléctricas y son calefactables.

En cuanto a habitabilidad hay que decir que el espacio es adecuando tanto delante como detrás. Merece la pena fijarse en la fila trasera, donde no encontramos un respaldo demasiado vertical como en otros pick-ups sino unas plazas cómodas, especialmente para los dos pasajeros de los extremos. La plaza central es más incómoda y además pierde espacio para las piernas por el túnel de transmisión.

En la caja se echan en falta ganchos y guías de sujeción

En la caja trasera puede cargarse hasta una tonelada y tiene 1,52 metros de largo por 1,47 metros de ancho. El volumen es generoso aunque se echa en falta un sistema de guías en el que sujetar cómodamente la carga, elemento que sí tienen algunos modelos de la competencia.

Con aires de SUV

El motor diésel de 2,4 litros e inyección directa desarrolla 181 CV a 3.500 rpm y mueve con alegría a este pick-up en toda circunstancia. Emite un sonido áspero y se deja notar en el interior sin llegar a ser molesto. El par motor máximo es de 430 Nm y se entrega a 2.500 rpm, aunque a un régimen menor no se le nota falto de fuerza.

La transmisión automática INVECS-II tiene cinco marchas y su funcionamiento es correcto. Realiza los cambios con suficiente rapidez y las transiciones entre marcha son suaves así que nos regala un buen confort que siempre es de agradecer. Se puede seleccionar la velocidad engranada de manera secuencial a través de la palanca o unas prácticas levas tras el volante.

El cambio automático permite un manejo secuencial

Con el L200 no hay límites. El sistema de tracción Super Select 4WD del L200 300 DI-D es el mismo que lleva el todoterreno Mitsubishi Montero, lo cual es una garantía de eficacia offroad. Tiene cuatro modos: tracción trasera (2H), tracción 4x4 permanente (4H), tracción 4x4 con bloqueo del diferencial central (4HLc) y tracción 4x4 con bloqueo del diferencial central y reductora (4LLc).

El sistema Super Select 4WD es más interesante que el Easy Select 4WD de la variante con motor 250 DI-D principalmente porque podemos circular con la tracción total conectada todo el tiempo, incluso en carretera. De esta manera tenemos un plus de seguridad circulando en asfalto mojado, por ejemplo.

Durante los días que estuvo conmigo tuve oportunidad de probar el pick-up japonés sobre zonas rocosas, arenosas e incluso algún lodazal. En este último terreno es donde encontré más dificultades aunque los límites venían impuestos los Bridgestone Dueler HT que calzaba esta unidad. Cuando la cosa se complicaba bastaba con pulsar el botón de bloqueo electrónico del diferencial trasero y listo.

El mando giratorio cambia el tipo de tracción de manera sencilla

La suspensión del L200 300 DI-D es cómoda y tras conducirlo por caminos y pistas muy irregulares puedo decir que absorbe bien los baches. Atrás lleva la clásica configuración de suspensión trasera de eje rígido con ballestas. No es un coche ágil debido a su tamaño pero su carrocería no se mueve demasiado en curvas y la dirección tiene un tacto acertado así que resulta agradable de conducir en todo momento.

Además, la visibilidad en todas direcciones es muy razonable y ayuda a maniobrar este Mitsubishi con suma facilidad para su enorme tamaño. Tanta que a veces se me olvidaba que estaba a bordo de uno de los coches más grandes del mercado con sus 5,2 metros de longitud. Por supuesto, la cámara trasera resulta el mejor aliado para estos menesteres.

Teniendo en cuenta el tamaño, peso y potencia del vehículo el consumo de combustible de 8,5 l/100 km es muy razonable. Esta cifra es la que hemos recogido haciendo una conducción tranquila, principalmente por carretera, con algunas incursiones urbanas y offroad. El pickup de Mitsubishi carece de un sistema de parada y arranque automáticos -sólo disponible con cambio manual- por lo que en la conducción en ciudad el consumo se resiente y se superan los 10 l/100 km.

Conclusiones

La versión más potente del Mitsubishi L200 está pensada tanto para un uso profesional como recreacional. Poco tiene que ver ya con aquella primera generación del L200 que no era más que una hosca herramienta de trabajo. Sí puede resultar una buena opción para personas con un estilo de vida activo, aquellos aventureros a los que les guste perderse lejos de la ciudad y del asfalto.

Pero ojo, aunque haya mejorado su equipamiento y tenga elementos compartidos con un SUV no es un SUV. Es un vehículo duro y confortable a partes iguales. Olvídate de un uso urbanita frecuente con este japonés, con sus dimensiones será más fácil aparcar encima de otros coches que encontrar un espacio de estacionamiento suficientemente grande.

El Mitsubishi L200 300 DI-D cuesta 36.395 euros, un precio algo por encima de la media si tenemos en cuenta las alternativas. Por ese precio viene muy completo de serie, con todo lo que podemos necesitar y más, aunque para quien quiera una unidad más personalizada tiene un interesante catálogo de accesorios con embellecedores cromados, barras, hard tops y protectores inferiores, entre otros elementos.

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