Virutas F1 Alonso, la Indy y el futbolín travestido

​El futbolín era de Tomás, un empresario de los juegos recreativos, que estaba dispuesto a realizar cualquier concesión para no perder la plaza. Por eso, cuando las propietarias de aquel bar de lesbianas de Pueblo Blanco, en Torremolinos, le propusieron cambiar los jugadores por jugadoras… vio el cielo abierto.


El cielo quedó abierto de par en par el miércoles 3 de Mayo de 2017 para muchos de los que sustentan los pilares de la velocidad, un negocio que lleva un tiempo aletargado y encarnado en una historia que se desapasiona a ritmo de cualifáin. Sus gestores no dan con la tecla para reenganchar a aficionados perdidos y no encandila a unas nuevas generaciones a las que esto de las carreras se la trae al pairo.

Con la jugada, ganó una IndyCar que palma audiencias de forma paulatina hace años, ganó un Fernando Alonso que no tiene posibilidad alguna de tocar madera en la Fórmula 1 a corto y medio plazo, ganó la F1 al estar en boca de los americanos como pocas veces, y ganó la velocidad en general debido a la expectación sin precedentes levantada. ¿Por qué ha ocurrido esto? Un test para rookies, de un tío rodando solo en una pista oval, sin adelantamientos, sin buscar cronos, sin competir contra nadie, y en una retransmisión de casi cinco horas a través de Internet que cifras oficiosas de IndyCar apuntan a los dos millones de Youtubemirones. Porque ha sido un cambio, algo nuevo, un cambio de los paradigmas.


En un bar solo para chicas tener un futbolín, un deporte tradicionalmente de chicos y protagonizado por chicos, era un contrasentido y las clientas no quieren jugar. “O pones chicas futbolistas, o te lo llevas”, ultimatizaron las propietarias al amo de la máquina. Fue escuchar esa frase y el concesionario del aparato salió corriendo en busca de unas turgentes jugadoras, del mismo tamaño que sus homónimos masculinos pero con más curvas… como en los circuitos.

A las pistas de la Fórmula 1 sería complicado añadirles más curvas pero si se pudiera lo más interesante no sería que hubiera más asfalto. Lo más atractivo de ese cambio no sería la fisonomía de sus territorios sino el producto de ello. Con otra geografía del trazado, cambiaría la emocionalidad de las carreras. Esto es algo de lo que carece hace tiempo la Fórmula 1. Las carreras tienden a ser aburridas, hay menos adelantamientos de lo deseable, las luchas cuerpo a cuerpo apenas existen, los campeones del mundo se olvidan con facilidad, y las figuras heroicas del ganador adquieren la futilidad de un jugador de torneo de barrio jugando a las chapas.

El experimento

El paso de Fernando Alonso por donde Trump, aunque sea fugaz y puntual (ni siquiera se haya medido contra ni un sólo enemigo) ha agitado no las cabezas sino el alma de los que se sientan a mirar. Durante cinco horas se han cambiado los paradigmas, las referencias y con ello, las sensaciones. Con la jugada, llega la mezcla de categorías, el intercambio, la variabilidad del entorno, la llegada del colonizador, del llamado a añadir el lustre perdido, o el explorador que puede añadir la especia necesaria a unas categorías en decadencia puede traer resultados más que inesperados, deseables y necesarios.

Tras el necesario cambio en la oferta de entretenimiento del bar solo para chicas las clientas del garito, con mucho sentido del humor, empezaron a feminizar el estadio. Les pintaban los labios a las jugadoras, sujetadores, tangas, tacones. Como en el terreno de juego, de forma nada sorprendente, chocaban Barcelona y Madrid, eran éstos últimos con los que se cebaban al ir vestidos de blanco; su feminización era más sencilla.

En las carreras todo añadido suma, y poco resta, y uno de ellos bien podría ser, por poner un ejemplo, precisamente la feminización. Con ello se aportaría la diversidad que caracteriza este género. Los tíos se visten de traje, de paisano, o de deportista, y poco más. Las mujeres son más complejas y variadas: vestidos largo, cortos, minifaldas, monos, trajes, regionales o de chaqueta, tacones altos, bajos, gruesos, o en zapatillas deportivas. Tiene menos complejos, menos ataduras.


Otra posible movimiento en este sentido lo van a protagonizar los eSports y de momento los únicos que lo han entendido, vagamente, han sido los de McLaren. Más en una jugada publicitaria que práctica, pondrán a un chavea a estrellar bits contra una pantalla y con ello van a introducir un pie en una actividad que tiene bien poco que ver con el deporte, pero que arrastra cada vez a más gente a su terreno. Lo hace en base a una potentísima industria, un mercado explosivo, dispositivos móviles o estáticos, y chirimbolos que vender con su particular maquinaria de marketing.

Si los equipos de carreras vendieran videojuegos y simuladores ganarían más que vendiendo publicidad en sus coches. Los niños del Siglo XXI ya no dicen a sus padres “papá, llévame a las carreras a ver los coches”. Les dicen “papá, cómprame un Playseat para mi consola que se lo he visto a un Youtuber”. Es tan sencillo que al igual que en el bar de las lesbianas, el producto empieza a estar donde no debe, o no está donde debería. O cambiamos el paisaje, o lo que viene dentro de la caja y esto es lo que ha hecho ALO. En la performance del asturiano se vio nuevo coche, nuevo entorno, nueva vía de acceso… como si cambiásemos la primera curva de todos los circuitos: nuevas emociones.


El bar de Torremolinos cerró, el futbolín de Tomás se disfruta ahora en otros destinos, pero en el garito gozó de su época de mayor gloria tras la transformación de aquella suerte de videoconsola vintage. Al parecer era una de las maquinas que más dinero recaudaban del empresario, las colas que se liaban para poder jugar rozaban la lista de espera, y hasta montaron una liga eliminatoria parecida en su estructura deportiva a la Champions League. Ahora, sin futbolín femenino, decenas de parejas de chicas cogidas de la mano deambulan con la mirada perdida por la ciudad costasoleña buscando un bar donde poder acabar su animado campeonato. El ambiente… ya no es igual. Como ellas nos vamos a ver, cual almas en pena, en busca de las emociones perdidas si no se comienza a pensar en el futuro. Lo de Alonso en USA debería dar que pensar a las cabezas, porque ha meneado el músculo cardiaco de demasiada gente como para no reparar en ello.

Fotos: IndyCar | McLaren

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