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    Virutas F1Autopsia al pesimismo

    Autopsia al pesimismo
    No corren buenos tiempos para Sainz, Alonso y Hamilton.
    José M. Zapico
    José M. Zapico11 min. lectura

    En el Siglo XVIII el escritor Charles Dickens publicó su novela “Historia de dos ciudades”. En ella narraba la diferencia entre Londres y París, una ciudad ordenada y esperanzadora a sus ojos mientras que veía a la otra devorada por el caos de la revolución francesa.

    La curiosidad literaria estriba en que la historia se presentó por capítulos en una revista llamada All year round. En una traducción libre y velocística bien podría interpretarse como «Toda la temporada». Pues esta temporada adquiere para muchos el aspecto de la revolución francesa, pero para otros está lejos de ser la ciudad vibrante y luminosa que Dickens creía palpar en el Londres victoriano.

    La fábula de las dos ciudades de hoy estriba en el abismo que separa a dos situaciones distintas, que dejan mal sabor de boca a sus vecinos, aunque vistas al microscopio bien pueden tener finales en algunos casos mejores, y sin duda alguna, distintos: Carlos Sainz, Fernando Alonso y Lewis Hamilton. Tras lo ocurrido en Imola, resultados en mano , ninguno de estos tres sale bien parado y para poder analizarlo necesitamos retrotraernos al origen de los jaleos actuales.

    Si Lewis se encuentra en medio de su particular revolución francesa, nuestros ibéricos de pata negra habitan una zona más confortable

    El drama del británico comenzó a labrarse una mala mañana en Baréin. La tragedia se venía mascando desde los test de Barcelona pero fue sobre asfalto petroárabe donde los peores augurios se certificaron. El problema no es que el W13 no corriese: era que estaba a casi dos segundos de las simulaciones y expectativas. Cuando la ahora decepcionante flecha plateada saltó a pista aquella mañana corrió el rumor como la pólvora, «los de Mercedes creen tener una ventaja de casi un segundo», se escuchó en el boca-oído. Muchos esperaban lo peor porque no entraba en las previsiones de nadie que los ocho-veces-seguidas-campeones diseñaran un coche fallido. Por eso, cuando su vista alcanzó esa especie de ovni plateado se echaron a temblar. Era tan distinto al todo lo visto antes que ese segundo sería insalvable para el resto de vecinos. La realidad es tozuda y se muestra de manera dramática cada fin de semana cuando el gato se ve convertido en ratón, aquejado de una palmatoria de entre las siete y diez décimas con respecto a los mejores registros. Recuperar esto les va a costar como mínimo veinte carreras… si es que lo consiguen.

    A nivel interno las tensiones entre su primer espada y la dirección son voz populi e incluso Toto Wolff pide disculpas públicamente —que se vea y oiga en pantalla— por no dar al heptacampeón un coche digno. Queda claro que no lucharán por este campeonato y es algo asumido por las dos partes… a pesar de ello George Russell sonríe. Lewis partió decimocuarto en Imola y decimocuarto acabó la prueba. Russell, sin embargo, arrancó undécimo y firmó un cuarto puesto. En cuatro carreras y con el mismo material se ha colado entre los cinco primeros en sus cuatro participaciones, así que habemos un elefante en la habitación de Toto. Este año está echado por tierra y todo apunta a que será un año laboratorio para una teórica mejora contundente en 2023 si aciertan con las recetas. Lewis tiene contrato hasta finales de la temporada venidera y de él depende cumplirlo o buscar nuevos retos si le disgusta la situación. La imaginación de muchos ya lo han llevado a Aston Martin, al hipotético nuevo equipo de Andretti, o a un acuerdo con Audi. A saber, pero HAM no es de los que se achican y va a dar zarpazos hasta el final a pesar de que nadie le arriende las ganancias. No al menos las que logre sobre el asfalto, que lo de la pasta es otra cosa.

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    Al otro lado, en una situación muy distinta se encuentran los españoles. En uno de los fines de semana más chungaletas en años para la Formula 1 patria una vuelta duraron las expectativas de los dos carreristas, y en los dos casos por injerencias ajenas. El Ferrari de Sainz derribado antes de acabar el giro inicial, y unos metros más allá Mick Schumacher partió una de las patas del caballo de Alonso para verle abandonar poco después. Sin embargo estos dos lo tienen mucho mejor que el británico. Si Lewis se encuentra en medio de su particular revolución francesa, nuestros ibéricos de pata negra habitan una zona más confortable en el Gran Hermano de la velocidad. Nadie debería perder de vista que el madrileño viaja en el coche del líder, es muy apreciado en su formación hasta el punto de que le han renovado por dos años más, y sin ir más lejos el sábado sabadete arrancó el cualifáin al sprint décimo y lo acabó cuarto. De manera circunstancial, y gracias a los puntos recabados en la Sprint, fue durante casi 24 horas segundo en el mundial.

    Carlos es el verdadero smooth operator, el que obtiene réditos de manera silenciosa, el hombre eficiente. El F1-75 no le gusta demasiado, no se adapta a sus maneras más habituales, pero en su periplo por la categoría y tras pasar por cuatro formaciones, la adaptabilidad es una de las asignaturas que Sainz tiende a aprobar con nota. Prueba de ello es que jamás dio un paso a peor, y lógico sería que acabase solventando esta cuita. La celebérrima frase emitida por Alonso de «lo mejor está por llegar» bien podría salir por boca de Carlos. Si bien es cierto que ha cometido un par de errores que han lastrado sus resultados, no es tampoco falso que elude los problemas, siempre avanza en carrera y recaba puntos de forma constante. Que los resultados no te dejen ver su rendimiento, porque esto va a ir a mejor, o debería.

    El caso de Alonso es similar, pero con otros matices. Su formación presentó un coche decepcionante, que con leves retoques ha acabado mostrando una eficacia puntual inesperada. Sus problemas de juventud, y su fragilidad inicial parece ir puliéndose poco a poco y es bastante posible que el asturiano acabe disponiendo de un coche mejor que el del año pasado. Con cuatro carreras y en las que solo ha conseguido terminar una, poco se puede juzgar del Alpine en sus manos. Pero si el año pasado parecían el típico equipo ascensor que rondaba la zona de puntos más por fuera que por dentro, este año parece más proclives a estar por encima del listón impuesto por la décima plaza. De las veinte ocasiones que han saltado a pista, cuarenta si sumamos a los dos monoplazas de la formación en veinticuatro ocasiones los Alpine han estado por encima de esa fina línea. Es más, muchas veces de las que no estuvieron fue por avería, abandono o colisión. Ganar carreras les pilla lejos, pero acariciar el pódium está en un horizonte más cercano que en 2021. Lo que bramó Alain Prost al dar el portazo de salida, aquello sobre la fragilidad del motor era cierto, aunque en Viry-Chatillon tienen hasta después del verano para buscar soluciones a algo que resulta a todas luces más potente que el año pasado. Si Sainz amarró su asiento hasta la Nochevieja de 2024, el bicampeón tiene la puerta cogida por la mano y en su idea está quedarse, irse a su casa o a otro equipo, él sabrá.

    En Alpine dicen que le quieren, pero tienen otras opciones. No pierdes de vista que los Andretti están fritos por entrar en la categoría (y de golpe se han silenciado misteriosamente las noticias y rumores sobre ellos) Aston Martin no oculta su posible deseo de vender, y resulta muy previsible la nada discreta llegada de Audi y Porsche… puede haber regalitos en Navidad. Por todo ello muchos aficionados, con la imaginación disparada, están salivando cual perro de Pavlov ante el devenir de contratos. Lo que parece obvio es que van a ocurrir cosas. ¿Buenas o malas? A saber en que ciudad caerán, si en la caótica o en la luminosa. De lo que puedes albergar la certeza es que siempre serán cosas interesantes.