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    Cómo la Fórmula 1 asalta Mónaco: miércoles

    Víctor Abad
    Víctor Abad7 min. lectura

    Con el mes de mayo llega la que probablemente es la carrera más especial de la temporada de Fórmula 1. No es la más emocionante ni la más entretenida. Probablemente, sea todo lo contrario. Pero como se dice de Sevilla, Mónaco tiene un color especial.

    La ciudad-estado no deja de ser lo que es: una ciudad con un número de habitantes parecido al de su pueblo o el mío. Y claro, cuando llega la Fórmula 1 la revolución en el Principado es notable. Ni siquiera sobrepasas la frontera legal cuando empiezas a notar un tráfico terrible. El cartel marca 5 kilómetros para llegar y la cola de coches, camionetas, camiones y autobuses hace que tengas que esperar en la carretera un buen tiempo para finalmente poder entrar. Las barreras están ya instaladas, las gradas montadas y ciertas calles cerradas al público.

    La enorme masa de gente, tanto trabajadores en el evento como aficionados asistentes protagonizan escenas características de las películas americanas con atascos en largas avenidas, provocando así que el cliente decida bajar del coche e ir a pie. Claro, con la diferencia de que en aquellas películas había varios carriles y en las calles de Mónaco hay uno, estrecho y constantemente inclinado en según qué dirección. Cuando consigues llegar a la parada de autobús deseada, te toca arrastrar tus trastos arriba y abajo con el sol pegando fuerte y cruzando calles esperando que los coches cedan. En según qué tramo, no hay aceras o son ocupadas en su totalidad. Todo repleto, eso sí, de señalizaciones que te guían hacia el circuito.

    Llegas sudando a recoger tu acreditación en un barracón bastante elevado: lo suficientemente bajo para llegar con vida y lo suficientemente alto para poder disfrutar al salir de estas vistas. Es ahí cuando en tu garganta se hace un nudo. Ahí está. Una costa repleta de edificios altísimos, a muy bajo nivel de un mar que baña la infinidad de barcos y yates que llenan el puerto deportivo del Principado. Entre ambos, el vallado que indica por dónde deben pasar los pilotos este fin de semana. Estás en uno de los escenarios más grandes y más pequeños a la vez de la Fórmula 1. Uno de los más emblemáticos (por no decir el que más), de los más históricos y de los más bonitos. Estás en Mónaco.

    La cuna del famoso glamour de la categoría reina la encontramos aquí. Se habla mucho de la elegancia del paddock de la Fórmula 1 cuando elegancia tiene poca. La gente lo imagina lleno de sponsors y grandes marcas, famosos, decoración elegante y un lujo al alcance de muy pocos, cuando la realidad es que en Barcelona entrábamos al recinto bajo el grito de "¡independencia!" de un periodista extranjero y un grupo de cantantes de flamenco. En Mónaco el glamour es real... pero fuera, no dentro. La ciudad en si es pequeña pero intensa, repleta de rincones hermosos y con edificios muy bonitos visualmente, con muchos coches deportivos de las marcas más solicitadas; en cambio, el paddock es lo que es.

    Al ser un circuito urbano, la Fórmula 1 se tiene que adaptar a lo que hay. Y lo que hay es un espacio pequeño en donde camiones y hospitalities se mezclan y se comprimen en la pequeña Avenue de la Quarantaine. Un paddock bastante curioso al estar rodeados en todo momento por los aficionados monegascos, convirtiendo así el recinto en una especie de zoo donde los pasionales pueden ver a sus ídolos y pedirle fotos y/o autógrafos. Además, al no tener recinto propio, la prensa acreditada debe abandonar el paddock para acceder fuera a la sala de prensa, algo muy poco común. El dispositivo policial vigila constantemente las entradas y salidas del paddock, pit-lane y cualquier zona restringida de los aficionados que se congregan en los controles de seguridad en busca de ver a alguno de los pilotos protagonistas.

    Vivir en Mónaco y tener que sacar el coche del garaje durante este fin de semana debe ser tremendamente estresante. En realidad, tanto sacar el coche como coger el transporte público o ir a pie. Mónaco es un auténtico caos durante todo el día hasta que cierran las calles para que se realicen las primeras sesiones cronometradas. El trabajo que realizan desde el Principado arranca muchos meses antes del evento para que la Fórmula 1 lo encuentre todo preparado desde el primer momento. Este año, además, ha sido un trabajo superior al de años anteriores, ya que este año se estrenan los nuevos boxes de dos plantas, los cuales le dan un toque moderno a este pequeño trozo de historia de la categoría que, como el vino, mejora más y más con el paso de los años.

    Lo dicho, un caos... pero bendito caos. La cantidad de dinero y el gran negocio que hacen en Mónaco convierte este fin de semana en el más importante del año para el Principado, equiparable con la temporada alta de la costa valenciana. Los balcones que dan al circuito se alquilan a precio de oro, cualquier alojamiento se eleva a cifras que poca gente es capaz de alcanzar, y hasta el transporte desde el aeropuerto más cercano al centro de la ciudad te puede costar hasta cuatro veces el precio de un Cercanías de dos horas y media de duración. Pero nada, para los que hemos atrancado el yate en el puerto deportivo no nos es problema. Ay, ojalá tener un yate.

    Fotos: Motor.es