Newey desvela la nueva frontera de Aston Martin: «Intentamos enseñar a la IA a tener intuición»

El gerente técnico y director de Aston Martin F1 explica cómo el equipo usa el aprendizaje automático para procesar datos de túnel de viento y CFD, y por qué reproducir la intuición humana sigue siendo el reto pendiente de la inteligencia artificial en la Fórmula 1.

Newey desvela la nueva frontera de Aston Martin: «Intentamos enseñar a la IA a tener intuición»
Adrian Newey observa el diseño del Aston Martin antes de que salga a pista

Publicado: 13/08/2026 08:00

7 min. lectura

La Fórmula 1 ya no se decide solo en la pista. Detrás de cada décima ganada en clasificación hay un ejército de servidores procesando simulaciones, comparando modelos aerodinámicos y filtrando telemetría a una velocidad que ningún ingeniero, por brillante que sea, podría igualar a mano. Ese campo de batalla invisible, el de los datos, se ha convertido en tan determinante como el propio túnel de viento.

En Aston Martin, esa transición tiene nombre propio. Adrian Newey, unos de los ingenieros más laureados de la historia, llegó a Silverstone precedido de una fama casi artesanal: la del diseñador que resuelve la aerodinámica a lápiz sobre el papel. Pero esa imagen convive hoy con una realidad mucho más tecnológica, y ha sido el propio Newey quien se ha encargado de explicarla.

Lejos de vender la inteligencia artificial como una herramienta mágica o de recurrir a las comparaciones fáciles con los asistentes conversacionales de uso doméstico, Newey ha preferido detallar dónde empieza y dónde termina el papel de esta tecnología en Aston Martin.

Sistemas de empresa e ingeniería, dos mundos separados

Newey reconoce sin rodeos que la parte corporativa de la inteligencia artificial que emplea Aston Martin escapa a su terreno. «Tenemos la suerte de contar con excelentes socios de IA que nos ayudan significativamente. Su contribución se divide en dos grandes áreas: sistemas empresariales e ingeniería».

«En el ámbito empresarial, seré sincero, no es mi especialidad. Sé que están marcando una gran diferencia en el funcionamiento de nuestros sistemas, pero no soy la persona más indicada para explicar los detalles», admite el ingeniero británico.

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Donde sí entra a fondo es en la ingeniería pura, el terreno que gobierna el rendimiento del coche. «En el ámbito de la ingeniería, sin embargo, es tremendamente útil y muy importante, sobre todo en la simulación», asegura.

«Trabajan en estrecha colaboración con nuestros ingenieros para superar los límites de lo posible», resume Newey. El mensaje es claro: existe una IA que hace más eficiente la oficina y otra que empieza a alterar la forma en la que se diseña un monoplaza.

El trabajo en el túnel de viento se combina con la simulación computacional y la IA para aportar mejores resultados.

Una inteligencia artificial que no necesita internet

La aclaración más reveladora de Newey llega cuando desmonta el malentendido más habitual sobre esta tecnología. «La mayoría de la gente piensa en la IA como reconocimiento de patrones combinado con una búsqueda en internet. Lo que hacemos es usar IA y aprendizaje automático en funciones muy especializadas que no dependen en absoluto de internet».

«Introducimos nuestros propios datos (túnel de viento, CFD, pista) y usamos IA para detectar patrones, correlaciones y tendencias que un humano podría no ver con la suficiente rapidez. Esto nos ayuda a tomar mejores decisiones sobre cómo desarrollar el coche», explica Newey.

Las palabras del británico sacan a relucir uno de los quebraderos de cabeza históricos de los equipos de Fórmula 1: la correlación entre lo que predicen el túnel de viento y el CFD y lo que realmente ocurre después en el asfalto.

Cuando ese cruce de datos falla, el coche llega a pista con un comportamiento distinto al previsto en fábrica, y ahí es exactamente donde Aston Martin ha puesto a trabajar sus algoritmos: en detectar antes esas desviaciones y en acortar el tiempo que separa una hipótesis de una respuesta.

El límite que Aston Martin todavía no ha cruzado

En cualquier caso, Newey no vende la inteligencia artificial como una solución sin fisuras. De hecho, identifica con precisión cuál es la frontera que la tecnología aún no ha logrado cruzar.

«Su principal ventaja es la potencia de procesamiento. Puede hacer en minutos lo que un humano no podría hacer en el tiempo disponible. El reto realmente interesante es intentar darle algo parecido a la 'intuición'. Los humanos son muy buenos en eso (ver patrones, deducir), pero es lo más difícil de definir y codificar. Esa es la frontera en la que estamos trabajando», sentencia.

Ahí está la paradoja: el hombre que más ha confiado tradicionalmente en su propio instinto para diseñar monoplazas ganadores es quien ahora dirige el intento de Aston Martin por enseñar a una máquina a tenerlo.

El calendario apremia. Con las modificaciones en el reglamento técnico ya dictando el diseño del nuevo AMR27, Aston Martin necesita que esa carrera contra el tiempo, la que libran sus servidores mientras los ingenieros duermen, empiece a dar ventaja en pista antes de que la competencia haga lo mismo.