Virutas F1 Son la diez y cinco

Los taxistas de Cádiz acuden a las puertas de la prisión Puerto 2 a la hora de cenar. “La libertad la dan a las diez”, me dijo hace años uno que conducía un Mercedes automático. Hay un cierto paralelismo con la actual F1. En Cádiz está el Circuito de Jerez, tenemos conductores por las pistas, y un tercio de la parrilla lleva motor Mercedes.

Liberty ha otorgado la ídem a una Fórmula 1 que bajo el régimen de Bernie se encontraba en franca decadencia y con pautas empresariales obsoletas. Llega sangre nueva, nuevas ideas, una nueva visión, nueva forma de encarar ciertos aspectos sedientos de un volantazo a tiempo antes de que las audiencias y el interés se acaben de ir por el desagüe. 

El Siglo XXI requiere de otras entendederas a las que Bernie, un gestor que ya quisieran muchas startups, carecía o entendía mal. Los cowboys dijeron que la empresa podría ganar mucho más agitando árboles de un jardín que se encontraban desatendidos o directamente abandonados a su suerte. Ya hubo otro tono en las carreras previas del actual calendario, pero ha sido en Montmeló, primer capítulo europeo del año, donde la F1 ha empezado a mostrar su nueva cara.

Una de las primeras jugadas de Chase Carey fue irse a las oficinas de FOM y decirles: “quiero escuchar todas las ideas que tengáis y que Bernie no os dejaba hacer. Quiero verlas todas”. Algunas están en marcha, otras en estudio y otras desechadas, pero la medida fue tomada por los casi 300 empleados de la compañía como un mensaje de que "esto va a ser diferente en lo sucesivo", mucho.

De forma visible en la pista catalana se pudo ver un cambio interesante en la fisonomía de las instalaciones. El paddock de la Fórmula 2 —GP2 hasta hace un par de meses— está ahora pegado al de la categoría grande y no tiene tornos de acceso. Hasta la fecha estaba en un lugar recóndito, lejos de todos, de miradas curiosas, del ojo de los periodistas y sus cámaras. Estaban donde ahora hay un aparcamiento, y esos coches están ahora justo donde tienen que estar: en un lugar recóndito y lejos de un lugar preferente. Ahora tienen un lugar de acceso común y los pilotos de la categoría inferior adquieren más relevancia pública.

El Santander montó el jueves una pachanga fumbolera, un concurso de pitstops… y unas carrerillas de Karts en la calle de boxes. Vettel, Kimi y Marc Gené se lo pasaron de narices junto a Fernando Morientes, Christian Karembeu y Marcos Senna, jugadores de La Liga que también patrocina la entidad bancaria. Si, una actividad comercial-recreativa delante de los botes, algo inimaginable hasta hoy.

Dentro de las actividades paralelas en el llamado Fan Festival (y vienen más) un caricaturista creaba retratos de los pilotos, los mismos rostros que en otra zona se reproducían con cubos de Rubik, y la zona comercial parecía más llena de elementos, más simuladores, más tiendas, y más lugares donde comer. 

En el paddock Heineken tuvo una barra de bar en la que unas serviciales camareras te invitaban a cerveza sin alcohol y un robot de más de dos metros jugueteaba con los numerosos habitantes del paddock, muchos más que en años anteriores. Lo del robot fue toda una sorpresa, e hizo las delicias de todos, aunque lo novedoso era la cantidad de gente que rondaba los camiones. 

A los equipos eso no les hace mucha gracia, les resulta incómoda la muchedumbre, pero mucho más chungo es que no haya nadie y que su publicidad pase desapercibida; es una molestia necesaria. Hace un par de años el paddock se mostraba casi desértico. 

Fue producto de una rabieta de Bernie. Caminaba el año anterior por el pasillo superior del edificio de boxes, la llamada “mezzanine”, y le molestó avanzar eludiendo VIPs, niños, invitados y periodistas. Dijo, enrabietado, “el año que viene, menos pases”. El resultado fue que en la fiesta de las carreras no había apenas gente. El acceso al núcleo duro del espectáculo es ahora más abierto, las reglas parecen más laxas y la atmósfera mucho más relajada. 

A los cancerberos del show parecen haberles dado un buen filete y se da un paso atrás en lo riguroso del acceso y la atmósfera, en exceso opresiva a veces. Charlando en Monza con Olivier Panis se mostró a este escribano absolutamente sorprendido ante la actitud de los nuevos propietarios de la F1. “Antes te costaba mucho trabajo conseguir un pase. Tenías que molestar a amigos, mandar documentación, pedir favores (resopla y ladea la cabeza) Era realmente difícil. Ahora nos llaman y nos dicen ‘venid cuando queráis’. Esto es muy bueno para la Fórmula 1, se está abriendo, va a crecer mucho, es distinto, mejor”.

Al propio circuito se le ha abierto la mano, y mostraron plafones con un “Hola, Barcelona” en diversas zonas del circuito, algo impensable con la dirección anterior, que cubría, eliminaba o directamente liquidaba todo vestigio publicitario que no hubiera pasado por caja… por la de FOM obviamente.

La guinda mediática la puso un mocoso de seis años llamado Thomas Danel. Kimi abandonó, desencadenó un río de lágrimas del enano seguidor, y un avezado cámara de FOM TV lo sacó en pantalla. Los chicos de Liberty y la gente de Ferrari, no ha quedado muy claro de quién partió la idea, fueron en busca del chico para que se viese con su ídolo, lo que provocó una emotiva imagen en mitad de la carrera y una escena impensable hasta este mismo día. 

En la F1 ahora veremos más sonrisas y lágrimas, mayor emocionalidad, y más minutos de gloria de protagonistas ajenos al show principal. Bernie no quería que nada hiciera sombra a su producto estrella y los yankees, enormes conocedores del show business, saben que el apasionamiento por las carreras de coches apenas se puede incrementar, así que han dicho “pues vamos a incrementar la de alrededor”.

Estas cosas suman y no restan. La carrera fue buena, Lewis ganó no sin esfuerzo, Vettel lideró para acabar segundo, hubo adelantamientos, doblados… pero lo del crío, el androide, las cervezas sin alcohol, las caricaturas, la pachanga fumbolera y hasta los paseos en el F1 biplaza de F1 Experiencies llevan al deporte un poco más allá. Si el movimiento se demuestra andando, Bernie iba a la pata coja y estos parecen tener dos ancas de rana que dan pasos paralelos: carreras y show business. Si la libertad la dan a las diez, en el Rolex de Liberty acaban de dar las diez y cinco, y a partir de ahora toca crecer con campo abierto por delante. Esto se mueve; la puerta del talego se abrió.

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