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    Virutas F1Halo: Sobre mi cadáver

    José M. Zapico
    José M. Zapico11 min. lectura

    Es fácil. Muy fácil. Es tremendamente sencillo apostar la vida de otro. La sorprendente y contra-todo-pronóstico aceptación del Halo como sistema de seguridad en los monoplazas ha contado con la oposición de casi todos… pero La Guadaña sonríe un poco menos desde su aprobación.

    El automovilismo es un deporte de riesgo pero dentro de sus funciones básicas su obligación, y más según se ahonda en el futuro, es reducirlo lo máximo posible. Cuando las carreras de carros saltaron de la antigua Grecia a Roma nadie esculpió en piedra unos tuits cuando los aurigas comenzaron a usar el casco de las legiones a modo de protección en lugar de una toga por encima de los hombros.

    Al final los carros, con una alarmante siniestralidad congénita, corrían igual, la competición no mermó y sin embargo en el peor de los casos al protagonista se le escayolaba una pierna y no se le enterraba con más o menos honores. Hablamos de seguridad, de vidas humanas, un bien cada vez más preciado, apreciado, caro, costoso, respetable y de un valor superior.

    Ni la FIA, ni el automovilismo, ni el aficionariado pueden quedarse tranquilos con muertos encima de la mesa

    Cuando se estrenaban en el cine las pelis de Tarzán, si se despeñaba un negro cuando iban cargado en plena ascensión de una roca la reacción, era mirar para abajo y encogerse de hombros. Hoy día, a un soldado muerto en combate se le cuida una vez fallecido, se le pone un avión, y se le honra con una ceremonia militar. La vida cada día vale más, y hacia ello gira el mundo y dentro de ello y de forma paralela el de las carreras.

    Ni la FIA, ni el automovilismo, ni el aficionariado pueden quedarse tranquilos con muertos encima de la mesa. Con orgullo y durante más de veinte años la Fórmula 1 dijo con el pecho bien henchido eso de “desde Senna aquí no casca nadie gracias a un trabajo bien hecho”, y llevaron razón hasta que un maldito día un joven repleto de vida y futuro llamado Jules Bianchi abandonó su existencia subido en un monoplaza.

    El Halo fue el primer artilugio en probarse en la pista, pero los que han venido después no han convencido a los legisladores de la Fórmula 1.

    En el Siglo XXI y ante esto ha de haber una respuesta técnica, política, normativa y mediática. La FIA se puso manos a la obra como es su obligación y propuso a técnicos e ingenieros que pensasen en cómo proteger aún más al tripulante de un monoplaza que por reglamento ha de ir poco menos que cara al aire. FIA no ponía pasta sino que abría la mano a que ideólogos, ingenieros y técnicos expusieran sus ideas, las desarrollaran y las dejasen encima de la mesa con un “yaveremos”. Tras la acción, la reacción, y asomaron el rudimentario Halo, el cockpit cerrado de un caza de combate o el nonato sistema de protección eyectable de Enrique Scalabroni, vagamente inspirado en el de los asientos de los descapotables más avanzados.

    Tras diversas pruebas y tests se adopta a partir de 2018 el Halo, un chirimbolo que a nadie gusta pero pocos piensan en sus posibilidades a la hora de salvaguardar la vida de los que se la juegan. Que si es feo, que si con Photoshop se va a borrar, que si solo sirve para publicidad, que se tarda más en la extracción de un corredor o que no porque no me da la gana Pero apenas se expone que ese chisme, un trasto horroroso a la vista, pueda ayudar a proteger al tripulante de los monoplazas.

    Esto no se puede valorar de un vistazo. Ni desde casa. No puede apreciarse debidamente ni siquiera desde dentro del cockpit. Virutas era niño cuando se obligó a poner cinturón de seguridad en unos coches de calle que no los traían de fábrica. Cuando se hicieron obligatorios se escucharon quejas, lamentos y se escuchó el chillerío de los echaban la libertad de ir con la barriga menos apretada.

    Después, la DGT vino y te explicó que en 2016 el 21% de los fallecidos en carretera no llevaban el cinturón, o que en la mitad de los accidentes sin víctimas los heridos estarían ahora criando malvas de no ser por este dispositivo feo, tosco, e incómodo.

    Cuando los cinturones de seguridad se hicieron obligatorios, se escucharon quejas y lamentos

    Cuando se impuso el casco para las motos más de lo mismo, y ahora te subes en una, para moverla cien metros por un parking, y te miran con cara de sospechoso o pueden llamar al 112 porque no vas tocado con un casco. Si el riesgo cero no existe en las carreras es una obligación de todos sus actores reducirlo en lo posible, porque si nos quedamos como estamos ¿cuántos muertos más son necesarios para hacer algo?

    Si las autoridades deportivas, los ingenieros expertos en seguridad, y un diseño cada vez más avanzado no hubiera ido tomando cartas en el asunto de forma paulatina aún veríamos a Verstappens, Hamiltons y Checos correr ataviados con una gorrita como la de los directores de cine y un polo de Fred Perry a modo de protección. La evolución de la seguridad es tan necesaria como la de los propios monoplazas y desdeñarla es despreciar justo a lo que resulta imprescindible, a lo que aporta valor al conjunto y precisamente a lo que se quiere dar más y más valor en detrimento de la técnica: el piloto.

    La estética del Shield gustó a mucha más gente, pero la prueba en pista fue un sonoro fracaso.

    Desde el inicio de la competición hemos ido viendo como el tripulante de los monoplazas ha ido enterrando su organismo más y más hasta casi dejarle sin apenas visibilidad en pos de su seguridad, y gracias a eso, están menos inseguros. Rubens Barrichello obtuvo un permiso especial para rodar sin el HANS desarrollado por Mercedes y hoy nadie, en ninguna categoría de monoplazas desdeña su utilización. Ayrton Senna no lo cuenta porque en 1994 a los F1 no se les hacía el ahora obligatorio crash tests. Pregunta a Max Chilton por la tira de Zylon que no protegió a Felipe Massa en 2009 porque no la llevaba, y sin embargo el que fuera piloto de Marussia lo cuenta gracias a ella tras su incidente en Nürburgring 2013. Hay más ejemplos, pregunta a Alonso por su horripilante castaña de Australia 2016

    Cuando hablan los ingenieros, los expertos en seguridad, y los que cuidan de estas cosas toca escuchar. Son ellos, y sólo ellos, los que están preparados para determinar si este invento, feo de cojones, sirve o no para cuidar de la existencia de los corredores. El único que se ha pronunciado públicamente del tema desde un ángulo plausible ha sido el argentino Scalabroni que ha sido muy claro y elocuente: “No estamos en un concurso de belleza. FIA trabaja para proteger a los pilotos. Algo se necesita para aumentar la seguridad de la cabeza de los pilotos en caso de accidentes. Hagan un Halo más simple”.

    Toca aceptar lo que digan los expertos a los que los pilotos, el automovilismo y los aficionados debemos tanto

    Si no eres de esos, como tampoco lo es el que esto escribe, sólo podemos opinar de los colores con los que están pintados, y toca aceptar lo que digan los expertos a los que los pilotos, el automovilismo, y los aficionados debemos tanto. Nadie sabe a ciencia cierta si el Halo hubiera salvado la vida de Jules Bianchi, pero si le hubieran preguntado antes del accidente si quería salir a pista con él o sin él, es muy posible que hubiera querido contar con toda la ayuda posible.

    Ok, te acepto "lo del Halo no", pero quietos tampoco, y si tienes una idea mejor no te quedes cacareando, ya sabes: [email protected] Te lo agradeceremos todos.

    Muchos diseñadores, como en el caso de Antonio Paglia, han fantaseado con monoplazas de Fórmula 1 futuristas ataviados con cúpulas protectoras.