Bugatti restaura el Veyron de aluminio pulido que Fernando Alonso condujo por Mónaco
Bugatti ha vuelto a recuperar un Veyron y ha creado la quizás restauración más estrambótica que vas a ver. Su carrocería sin pintar convierte al hiperdeportivo francés en una joya completamente única, y Fernando Alonso puede dar buena cuenta de ello.

Las marcas de lujo están viendo un auténtico filón en sus programas de personalización y restauración. Un nuevo negocio que está elevando sus márgenes de beneficio, ya que hay muchos conductores dispuestos a pagar lo que sea por tener un superdeportivo único y exclusivo en todo el mundo.
En el caso de Bugatti, que se acaba de separar oficialmente del Grupo Volkswagen tras varias décadas de unión, nos encontramos con su programa oficial “La Maison Pur Sang”, que se dedica a certificar la autenticidad, restaurar y reconfigurar modelos históricos y modernos de la marca. Esta es su última creación.

El chasis 8.100 vuelve a Molsheim
De nuevo podemos volver a hablar del regreso del Bugatti Veyron, un hiperdeportivo que hizo historia. Los franceses crearon 450 unidades entre los años 2005 y 2015, pero ahora parece que muchos de ellos están teniendo una segunda vida.
Es el caso de este Bugatti Veyron Grand Sport Vitesse que es el auténtico protagonista, chasis número 8.100 y que fue encargado, según la marca, por un «cliente reconocido por su aprecio por los modelos raros y altamente personalizados», y ubicado actualmente en la Riviera Francesa.
De hecho, como vas a ver en el vídeo de más abajo, el vehículo ha sido visto conducido por nada más y nada menos que Fernando Alonso por las calles de Mónaco. No hay certeza oficial de que él sea el propietario, pero las imágenes son claras y se ve al asturiano saliendo del famoso túnel de Montecarlo.
Con esta última restauración, Bugatti ha querido rendir homenaje a una de sus obras maestras «más excepcionales» como es este Veyron roadster, que ha sido devuelto a sus especificaciones originales y envuelto en una carrocería única. Pero no solo eso.
Bugatti reconoce haber realizado «exhaustivos estudios» previos antes de dar forma a los elementos que iban a dar la nueva personalidad al Veyron. Se documentó cada etapa del coche y se estableció un registro de lo que es para ellos «uno de los proyectos más ambiciosos de la era Veyron».

Aluminio pulido y, sí, motor W16
La Maison Pur Sang quiere dar un servicio especial a los coleccionistas, ayudándoles a identificar y adquirir el Bugatti que encaja perfectamente en sus garajes. En el caso de este chasis 8.100, se eliminaron los elementos de personalización posteriores para crear una carrocería diseñada con aluminio pulido a la vista.
Esto implicó, entre otras cosas, que se enviasen a las instalaciones de Molsheim unos bloques de aluminio que pesaban hasta 20 toneladas. El acabado en este roadster, como puedes ver en las fotos, es como si vistiera un espejo esculpido y sin pintar.

Y que además, contrasta con el elegante interior en “Rojo Carmín”, acompañado por unas «texturas exquisitas, fibra de carbono a la vista, aluminio pulido y detalles artesanales». Una obra de arte tanto por dentro como por fuera, con una mecánica muy especial.
En la era de los coches eléctricos y del “downsizing”, Bugatti ha vuelto a traer a sus talleres el legendario motor W16 de 8,0 litros con cuatro turbocompresores, que catapultan a este Veyron por encima de los 400 km/h gracias a sus 1.200 CV de potencia y 1.500 Nm de par.
Bugatti ya ha demostrado que su presente y futuro se centra en el Tourbillon, con motor V16, pero que es capaz de seguir sacando rédito (económico, también) a sus unidades más antiguas. El programa La Maison Pur Sang seguirá dando joyas únicas como esta, y más cuando en unos años el Chiron, el sustituto del Veyron y del que se fabricaron 500 unidades, tenga la edad suficiente para este tipo de restauraciones.

