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Burney Streamline, rompiendo moldes

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Un automóvil con una aerodinámica impactante, siete plazas, ruedas de repuesto ubicadas en las puertas y una tecnología revolucionaria. El Burney Streamline fue uno de los coches más innovadores de la década de 1930 y nació con la intención de hacer sombra a la propia Rolls-Royce.

Siguiendo la tradición de su padre, Sir Charles Dennistoun Burney recibió una educación naval. Combatió en la I Guerra Mundial y se mantuvo en las filas de la Marina Real Británica hasta su retirada en 1920 con el grado de Comandante y el título de ingeniero aeronáutico bajo el brazo.

Dennis Burney, como era conocido coloquialmente, se hizo un hueco en la historia con un automóvil que llevó a su máxima expresión el concepto de aerodinámica y que además ofrecía numerosas innovaciones tecnológicas. El Burney Streamline, su creación, tenía muy poco de convencional y es digno de ser recordado en nuestra sección Coches Rarunos.

Antes de su entrada en el mundo del automóvil, Burney fue poco a poco haciéndose un nombre como inventor. En 1911, con apenas 22 años, diseñó un hidroavión y el proyecto fue ofrecido a la compañía aérea British and Colonial Aeroplane Company (hoy en día tras varias fusiones es BAE Systems, el segundo mayor contratista militar del mundo). Se realizaron dos prototipos, pero el plan no siguió adelante.

El éxito se hizo esperar poco tiempo. En 1916 patentó un paraván, un dispositivo que se colocaba a ambos lados de la proa de un barco para cortar los cables de minas submarinas ancladas. Fueron numerosas las flotas mercantes que utilizaron este sistema quitaminas, lo que reportó unos buenos ingresos a nuestro protagonista.

Retirado de las Fuerzas Armadas británicas, las actividades de Dennis Burney en la década de 1920 se extendieron más allá del terreno náutico. Se involucró en la empresa de armamento Vickers participando en un ambicioso proyecto gubernamental para la creación de avanzados dirigibles. También fue miembro del Parlamento entre 1922 y 1929 formando parte del Partido Conservador.

Además de la aviación y los barcos, igualmente los automóviles formaron parte de la vida del inventor inglés. En 1927 fundó Streamline Cars Ltd a las afueras de Londres, una compañía que nacía con la intención de crear automóviles muy aerodinámicos, lujosos y con la tecnología más avanzada disponible.

Los modelos creados por Burney tenían algunos rasgos diferentes entre sí

El nombre era muy descriptivo. La palabra anglosajona streamline define los diseños aerodinámicos en forma de gota que tratan de ofrecer la mínima resistencia al aire. Y ése es precisamente el concepto que llevó al extremo el primer y único modelo lanzado por la empresa, el Burney Streamline.

Se fabricaron 12 automóviles entre 1929 y 1931, todos ellos con diferencias entre sí con la intención de ser utilizados como demostración de las posibilidades que ofrecía este coche. La triste noticia es que ninguno de ellos ha sobrevivido hasta nuestros días.

La aerodinámica era la clave. La parte delantera del coche diseñado por Burney destacaba por ser afilada, en detrimento de los grandes radiadores tradicionales que lucían la mayoría de automóviles de la época. Los faros expuestos aumentaban la resistencia aerodinámica así que Dennis Burney se decantó por unos faros integrados en el frontal.

Con una carrocería de 6 metros de longitud y una gran altura, el suntuoso automóvil británico podía jactarse de una habitabilidad interior espléndida dando cobijo a siete ocupantes. Para asegurar la rigidez el chasis había sido reforzado con dos vigas de acero. La zaga del vehículo era notablemente más estrecha que la parte delantera.

Aunque la tracción se destinaba a las ruedas delanteras el motor se situaba en la parte posterior, colgado detrás del eje trasero. Esta ubicación hizo que uno de los principales inconvenientes fuera la refrigeración del propulsor y a pesar de instalar dos radiadores los problemas de calentamiento eran frecuentes.

Algunas publicaciones de renombre se hicieron eco del modelo, lo que contribuyó a aumentar su popularidad hasta el punto de que en 1931 el príncipe Eduardo de Gales se hizo con uno. Gracias a su llamativo diseño el coche presumía de un bajo consumo de combustible -la mitad que un coche de similares características- y una buena insonorización, además de que podía cortar el viento para alcanzar velocidades elevadas superando los 120 km/h -lo que no está nada mal para un coche de 1.900 kg animado por un motor de 22 CV-.

A diferencia de todos los coches de su época, el Burney Streamline contaba con una inédita suspensión independiente en ambos ejes, lo que le facultaba controlar mejor los movimientos de la carrocería. Así podía presumir de un confort inigualable y un comportamiento muy bueno para su tamaño.

Una de sus particularidades más llamativas fue que las puertas traseras alojaban en su interior sendas ruedas de repuesto, instaladas en un compartimento. Una idea que supuso un quebradero de cabeza para su creador debido a la dificultad para encontrar unas bisagras que fueran capaces de aguantar el peso combinado de puerta, ventana, llanta, neumático y los útiles de montaje.

Opcionalmente se podía colocar una única rueda de repuesto en una de las puertas, instalando en la otra puerta una suerte de mueble bar. Otras novedades fueron sus eficaces frenos hidráulicos, la presencia de un sistema de calefacción para el habitáculo o el empleo de cables armados protegidos con una carcasa de cobre como los que se empleaban en el mundo de la aviación.

Las primeras pruebas en el tráfico londinense captaron la atención de todos los viandantes

El lujo era una de las características que definían su interior e incluso varios ingenieros de Rolls-Royce revisaron el proyecto con interés y colaboraron en algunos aspectos. De hecho, el Streamline era más largo que el Rolls-Royce Phantom II, el Rolls más grande del momento. Además, Burney había estimado un precio de venta inferior al del modelo de la prestigiosa firma británica.

Dennis Burney sólo disponía de unas pequeñas instalaciones para el desarrollo del coche pero no para su fabricación. Rolls-Royce no parecía tener intención de invertir en la compañía Streamline Cars a pesar de la colaboración que surgió entre ellos así que buscó un fabricante en Europa que llevará a producción su vehículo. No tuvo éxito, lo que le llevó al otro lado del charco y presentó su sorprendente coche en el Salón de Detroit. Finalmente consiguió captar la atención de Crossley Motors, que compró la licencia para su fabricación.

El Crossley Burney Streamline recibió un frontal mucho más convencional

El Crossley Burney Streamline se lanzó al mercado en 1934 manteniendo las principales características originales, aunque el frontal fue rediseñado mostrando un radiador vertical tradicional de manera que se desaparecían los problemas de refrigeración. Desafortunadamente la Gran Depresión no fue el mejor escenario para lanzar un costoso coche de lujo y no tuvo el éxito comercial: Crossley sólo fabricó 25 unidades, de las cuales sólo dos sobreviven hoy en día.

Dennis Burney compró una de las unidades realizadas por Crossley, le sustituyó el motor de serie por uno de 12 cilindros fabricado por Vauxhall y empezó experimentar por su cuenta para evolucionar su idea inicial. Sin embargo el inicio de la II Guerra Mundial paralizó todo el proyecto para siempre. Streamline Cars cerró sus puertas en 1936.

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